20 de Mayo de 2018

Yucatán

Se pasea la Xtabay por Yucatán... en bicicleta ajena

Al regresar a su casa, Panchito sintió la bicicleta muy pesada, al voltear descubrió que llevaba de pasajera al terror de los hombres del Mayab.

No sólo los fantasmas, también la Xtabay se sube a las bicicletas.(Jorge Moreno/SIPSE)
No sólo los fantasmas, también la Xtabay se sube a las bicicletas.(Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace muchos años, la gente acostumbraba retirarse a sus hogares apenas empezaba a caer la noche, aun no existía alumbrado artificial y no se permitía que nadie paseara de noche por las calles de los pueblos y ciudades; incluso la autoridad prohibía los paseos nocturnos para evitar cualquier problema y si alguien era descubierto deambulando, inmediatamente se le detenía para ser presentado ante los jueces para imponerles un castigo o, en el mejor de los casos, una fuerte llamada de atención.

Las personas mayores lo sabían y también evitaban que sus hijos salieran a esas horas y los mandaban a dormir muy temprano. Desde luego, a los jóvenes esto no les parecía, pero nada podían hacer ante la autoridad sus padres, ya que en el pasado había mucho respeto y obediencia. Por si fuera poco, todos sabían que a esas horas salían de sus escondites seres monstruosos para asustar o llevarse a los desprevenidos que se atrevían a salir en la obscuridad; algo así le pasó al protagonista de la historia de hoy.

Panchito y su familia vivían lejos del centro, su casa estaba en las afueras del pueblo, no tenían vecinos pues únicamente estaban rodeados por milpas y parcelas. Su padre era muy estricto y no le permitía salir a pasear al pueblo, ya que estaba bastante lejos y temía que algo pudiera sucederle a su único hijo.

Pero su mamá era muy buena, siempre buscaba la forma para que el jovencito pudiera salir a divertirse con sus amigos en la plaza de la población, ya que desde pequeño fue muy travieso y le gusta pasear en la bicicleta que recibió como regalo al cumplir 15 años de edad. 

Pronto el joven se acostumbró a las salidas, pero siempre trataba de regresar antes de que cayera la obscuridad, el camino era largo pero con su bicicleta todo era más rápido. 

Sin embargo, existía un problema, tenía que atravesar un tramo del camino donde se contaba que vivía la misteriosa Xtabay, por lo que atravesaba el sitio con los ojos cerrados y pedaleando con todas sus fuerzas para evitar cualquier sorpresa de aquella mujer que estaba al acecho de los hombres, en especial los solitarios.

Cierto día, Panchito se entretuvo platicando con una muchacha que le gustaba mucho, era en verdad muy hermosa y había deslumbrado al joven desde el primer día que la vio en la fiesta en honor del santo patrono del lugar. Conversaba plácidamente cerca de la casa de la muchacha que ni cuenta se dieron que la noche los había cubierto con su manto negro. Panchito, al percatarse de la llegada de la obscuridad, se despidió tan rápido como pudo para irse a toda velocidad a su casa. Montó su bicicleta y pedaleó tan rápido como sus fuerzas se lo permitieron. Por su cabeza pasaban los regaños e insultos que le esperaban de su padre por su tardanza.

Cuando estuvo cerca del lugar donde se aparecía la Xtabay, cerró los ojos y aceleró lo más que pudo con la idea de pasar cuanto antes por esa tenebrosa parte del camino. 

Algo no andaba bien

Cuando al fin atravesó el lugar, abrió los ojos y bajó la velocidad para continuar con su habitual trayecto hasta su casa, pero repentinamente sintió como que tenía una carga, como si estuviera llevando un pasajero, los pelos se le erizaron de solo pensar en un misterioso acompañante. Panchito tomó un fuerte respiro y sin detenerse volteó rápidamente para ver de reojo qué era lo que llevaba en la parrilla, alcanzó ver que se trataba de una mujer vestida de blanco y de largos cabellos que le cubrían el rostro.

Entonces tomó fuerzas de donde pudo y aceleró su marcha, pero la mujer seguía como pasajera, es más, se aferró de la cintura del joven para no caerse.

El muchacho pudo entonces ver la palidez de su mano y sintió la frialdad de aquel cuerpo, al instante un escalofrío le recorrió su humanidad de pies a cabeza. Pero continuó pedaleando, volteando por momentos, hasta que logró ver sus pies, uno era de gallo y el otro de toro. Por fin entendió que la Xtabay estaba sentada en la parrilla de su bicicleta y tenía que alejarse para no perder la vida.

Cuando estuvo cerca de su casa empezó a llamar a gritos a su padre para que fuera en su auxilio, éste, al escuchar las llamadas de su hijo salió desesperadamente en su ayuda rifle en mano para ver qué sucedía. Al llegar a su casa, Panchito de un ágil salto se tiró del vehículo y entró corriendo a su casa hasta refugiarse en los brazos de su madre, el señor no alcanzaba comprender lo que sucedía pues no veía nada extraño.

Al día siguiente, Panchito relató lo sucedido y desde aquel momento evitó las salidas de noche por temor a encontrarse de nuevo con la misteriosa Xtabay.

Este relato fue enviado por nuestro amigo don Víctor Navarrete, de la población de Akil.

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