25 de Septiembre de 2018

Yucatán

La leyenda de la 'mujer maldita' de Hunucmá

Al saberse burlada por el hombre a quien se entregó por amor, mató a la hija de ambos apenas la parió, y también al bebé de su cuñada.

La “mujer maldita” también fue a casa de su “cuñada" a cometer atroz crimen. (Jorge Moreno/SIPSE)
La “mujer maldita” también fue a casa de su “cuñada" a cometer atroz crimen. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace unos meses me platicaron en Hunucmá sobre el fantasma de la “mujer maldita”, pues afirman que la han visto deambular y escuchar sus lamentos en varias calles de la población, cerca de donde tenía su domicilio en vida.

Cuenta la gente antigua del poblado que hace muchos años vivió en esta villa, hoy denominada ciudad, una mujer muy mala, cuyo daño quizás hasta la fecha esté pagando en el infierno.

Según se afirma, era una mujer que no tenía corazón, aunque era muy guapa, decían que no era de Hunucmá, sino del centro del país, pero que desde niña había vivido en la villa.

Durante su adolescencia fue una joven digamos “normal”, pero conoció a un muchacho del cual se enamoró perdidamente, sólo que él era muy mujeriego, y a pesar de que las amigas de ella se lo advirtieron, se le entregó a cambio de la promesa de que pronto se casarían.

Al poco tiempo la joven quedó embarazada y cuando con toda ilusión le fue a darle la noticia a su amado, éste no sólo no cumplió con casarse con ella, sino que le dijo que todo era culpa de ella y que no respondería en lo más mínimo por una criatura que a lo mejor ni era de él.

Sin duda que este tipo era todo un sinvergüenza, pero lejos estaba todavía de saber qué tanto perjudicaría con su actitud a la joven, quien desde ese momento se volvió muy amargada y agresiva con todos, hasta con su papás, que a pesar de todo la apoyaban.

Juró matar a su bebé

De hecho, un joven matrimonio que no podía tener hijos se ofreció para atender a la criatura que en unos meses vendría a este mundo, pero ella no solo se rehusó sino que juró que apenas naciera el niño lo mataría con sus propias manos, pues tenía sangre de un amor maldito.

Durante todo el embarazo ella continuó aferrada a esa macabra idea, y de nada sirvió que sus tíos, otros familiares e incluso el párroco del pueblo fueran a verla para hacerle entender que estaba mal lo que pensaba.

A pesar de ello, sus papás no perdían la esperanza de que al nacer la criatura, ella cambiaría de idea, sabían que probablemente no lograrían convencerla de quedarse con el niño, pero al menos lo podrían adoptar y evitar que esa mujer de corazón envenenado le hiciera ningún daño.

Transcurrió el tiempo y ocurrió lo que tenía que pasar. Una mañana del mes de junio empezó a sufrir de intensos dolores en el vientre, por lo que llamaron a la partera, la cual vivía cerca de ahí.

La muchacha sin corazón dio a luz a una niña, la cual nació sin ningún problema, era muy bella y los abuelos quedaron de inmediato encantados con la criatura.

La joven, extenuada, se quedó dormida todo ese día pero al amanecer, cuando los papás entraron a su cuarto para ver cómo estaba, descubrieron una escena que les hizo pegar un grito a ambos.

Cumplió su promesa

Su hija ya había despertado y cumplido su promesa: estranguló con sus propias manos a la inocente bebé y la había tirado a un cesto de basura que estaba junto a su tocador.

Sus padres no daban crédito ante la espantosa escena, ya no había nada qué hacer, el cuerpo de la niña estaba rígido y frío, ya tenía algunas horas de haber acontecido ese crimen.

La cosa no paró ahí, era tal la maldad de esa joven por lo que le había hecho ese muchacho, que cuando se enteró de que la hermana del joven se había embarazado, como pudo entró a casa de ésta pocos días después de que diera a luz para estrangular también a ese inocente bebé.

La muchacha sin corazón fue internada en un manicomio en Mérida, pero por años la gente que pasaba por la casa donde ocurrieron los crímenes decía que se escuchaban los llantos de los niños y de esa joven, conocida como “la mujer maldita”, de quien se afirma, al morir, empezó a manifestarse como alma en pena pidiendo perdón por lo que hizo.

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