10 de Diciembre de 2018

Yucatán

Regresó del más allá para delatar a su asesino

Despechado porque lo rechazó, mató con veneno en polvo a una joven; parecía el crimen perfecto, pero...

Por esta calle pasó el cortejo fúnebre tras la extraña muerte de Rosita en Chicxulub Pueblo. (Jorge Moreno/SIPSE)
Por esta calle pasó el cortejo fúnebre tras la extraña muerte de Rosita en Chicxulub Pueblo. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Un extraño suceso ocurrió en el municipio de Chicxulub Pueblo en el año de 1971, y que aún es recordado por varios habitantes por el misterio que rodeó la muerte de una joven.

Rosita Chan era muy querida en el pueblo, era buena con todos, tenía 23 años cuando murió, fue un auténtico misterio su fallecimiento pues no tenía problemas con nadie, sus papás la trataban muy bien y de repente un día, cuando ellos la fueron a despertar pues ya era muy tarde y no se levantaba, descubrieron que estaba muerta.

Nadie supo qué pasó, el pueblo quedó consternado al enterarse que la causa de su muerte había sido envenenamiento con altas dosis de “denate” (veneno en polvo).

Todos estaban indignados, no podían creer que se hubiera suicidado, por lo que se pensó en un homicidio, pero no se encontraron muestras de violencia y rápidamente la policía decidió que no había delito que perseguir.

Al cabo de un año, 15 días antes de la fiesta del pueblo y justo dos antes del primer aniversario luctuoso, Rígel Cimé, vecino de la familia y padrino de primera comunión de Rosita, llegó aterrorizado de su milpa diciendo que la había visto en el monte.

El señor Cimé no tomaba ni fumaba y era una persona cabal y seria, que no creía en brujería ni nada por el estilo, por eso cuando la gente y las autoridades escucharon lo que decía quedaron perplejos: “¡Vi a Rosita, con la cara blanca, blanca, tenía el semblante entre triste y serio, sus pies no tocaban el piso, pero lo más importante es que me dijo que Juan Aké la envenenó!".

La gravedad de la acusación corrió como reguero de pólvora en todo el pueblo al grado de que las autoridades debieron citar a Aké, quien era un joven peón de albañil y toda la semana había estado en Mérida; al llegar a su pueblo todos lo miraban fijamente con enojo.

La policía lo fue a ver pero más en plan informal, ya que no había denuncia de por medio y no se podían basar en lo que decía el señor Cimé.

Enseguida confesó el crimen

Sin embargo, antes de que los policías pudieran explicarle esto último con detalle, Juan Aké rompió en llanto y confesó que ¡sí la había envenenado! y que lo había hecho porque días antes ella lo había rechazado cuando le dijo que estaba enamorado de ella. Fue una noche a verla, ella le abrió la puerta amablemente y al decirle que le podía reparar su piso, Rosita lo dejó pasar a su cuarto…

En la alcoba, Juan agarró el denate que tenía en una bolsa y se lo dio a beber al combinarlo con agua, y antes de que ella pudiera descubrirlo se desmayó, lo que el hombre aprovechó para ponerle el resto del veneno en polvo en la boca.

Con tal confesión fue enviado a la cárcel por homicidio. Por increíble que parezca, Rosita regresó del más allá para delatar a su asesino. ¿O acaso don Rigel sabía algo? Eso quizás nunca lo sabremos, porque nadie sospechó en su momento de él y en todo caso el secreto ya se lo llevó a la tumba, ya que murió hace seis años.

De lo que sí me enteré es que los papás de Rosita por varios días estuvieron viendo una silueta fantasmal en el interior de su casa, ellos pensaban que era el alma en pena de su hija que no descansaba en paz, pero nunca pudieron comunicarse con ella; tras la confesión del asesino, las apariciones cesaron por completo…

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