23 de Septiembre de 2018

Yucatán

La tía muerta que salvó a uno de sus sobrinos

Antes de morir víctima de cáncer, la 'Tía Chati' prometió a sus sobrinos que les cuidaría los hijos... y lo cumplió.

Los hijos de Ariosto y Jesús Martínez, quienes no fueron apegados a la 'Tía Chati', dijeron que ella los visitaba. (Jorge Moreno/SIPSE)
Los hijos de Ariosto y Jesús Martínez, quienes no fueron apegados a la 'Tía Chati', dijeron que ella los visitaba. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- En días pasados estuve en la ciudad de Izamal, donde los hermanos Ariosto Manuel y Jesús Gilberto Martínez Velázquez me platicaron una experiencia paranormal que vivieron hace poco más de dos años, y que desean compartir con los lectores.

No se ponen de acuerdo si lo que ocurrió fue un milagro o un fenómeno paranormal, lo único cierto es que fue un suceso sorprendente.

Ariosto inicia la plática comentando que ellos son de Mérida pero por cuestiones de trabajos radican temporalmente en Izamal; cuenta que en septiembre de 2011 una de sus tías se puso muy mal, pues padecía cáncer.

“La queríamos mucho, pues ella nos creció desde niños, era como nuestra segunda madre e incluso era la madrina de mi primer hijo. Pues bien, fuimos a visitarla y ella se despidió de mi hermano y de mí, decía que sentía que ya se iba a morir.

“Sabíamos que su cáncer estaba avanzado y que estaba desahuciada, pero le dimos ánimos, ya que, además, ese día no se veía tan mal como otras veces, pero lo que nos dijo en esos momentos nos impactó mucho".

Promete quedarse

En eso interrumpe Gilberto, quien medio en serio y medio en broma dice: “Yo continuaré con el relato porque mi hermano llora cada vez que lo platica. Nuestra tía nos agarró las manos y nos dijo que cuando falleciera no se iría pronto, sino que su espíritu se quedaría para cuidar a nuestros hijos, ya que la necesitarían en momentos difíciles. Mi hermano tiene dos hijos actualmente, de siete y cinco años, y yo a una pequeña de cuatro.

“Yo no supe qué decir cuando mi tía nos dijo eso, solo le comenté que debía descansar e irse en paz al cielo, que nosotros cuidaríamos de nuestros respectivos hijos, pero ella, con gran seguridad nos dijo que por dos años se quedaría a velar por nuestros hijos ya que corrían peligro.

“A los dos o tres días, por desgracia, nuestra tía murió. La enterramos, y a la semana, mi hija, que en ese entonces tenía dos años, de pronto se quedaba viendo fijamente un rincón de la pared y sonreía. También trataba de hablarle y le apuntaba con sus deditos; obviamente no había nadie ahí y hasta nos daba miedo.

“Lo sorprendente vino cuando empezó a decir el nombre de mi tía cada vez que apuntaba o veía hacia determinada parte. Decía 'Tía Chati' (así la apodaban de cariño), lo cual era insólito porque ella no estuvo muy apegada a ella en vida; es más, sólo la habrá visto tres o cuatro veces cuando era una bebé, ya que nos habíamos mudado y vivíamos lejos".

Por si fuera poco, Ariosto afirma que sus dos hijos vivieron experiencias muy similares:

Protección sobrenatural

“Como estaban chicos, a ellos no los llevamos ni al velorio ni al panteón, no convivieron mucho con su tía, así que no tenían mucho apego con ella, pero un día, cuando ella recién había cumplido un par de meses de difunta, mi hijo mayor, quien tenía en ese entonces cinco años, cruzó la calle de forma intempestiva por su pelota mientras pasaba un coche y estuvo a punto de morir; por fortuna, el auto frenó a tiempo y mi hijo también en el último momento se detuvo para no atravesar completamente la calle y ser arrollado.

“El conductor se bajó para ver si estaba bien el niño y para nuestra sorpresa dijo: ‘¿cómo está la viejita?’. Los ahí presentes le preguntamos: ‘¿cuál viejita?’.

“Según él, alcanzó a frenar porque vio que una viejita con una bata blanca y un chal rojo estaba cruzando con mi hijo y ésta se le abalanzó para cubrirlo con su cuerpo y protegerlo.

“0bviamente no había nadie ahí, selo era mi hijo, pero cuando el conductor describió a la señora, me ericé y empecé a lagrimar, pues se trataba de mi tía, ya que incluso así fue enterrada, con su vestido blanco y un chal rojo que le gustaba mucho.

“No cabe duda que nuestra tía tenía razón y ya muerta se quedó a cuidar a nuestros hijos y por el momento difícil se refería al día del accidente”, finalizó.

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