26 de Abril de 2018

Yucatán

Entrevista: Edgar Medina Loría, con madera de empresario

El presidente local de la Cámara Nacional de la Industria Maderera busca con tenacidad alcanzar las metas que se propone.

El amor por su familia es el motor que le impulsa al empresario. (Juan Albornoz/SIPSE)
El amor por su familia es el motor que le impulsa al empresario. (Juan Albornoz/SIPSE)
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Patricia Piña/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.-  Edgar Medina Loría, presidente local de la Cámara Nacional de la Industria Maderera, asegura que la honestidad ha sido su carta de presentación, mientras que el ímpetu y la impaciencia le han permitido crecer como persona, y el amor por su familia es el motor que le impulsa a continuar, a pesar de los embates económicos que ha enfrentado.

¿Cómo es Edgar Medina Loría?
Soy una persona honesta, que cree que si actuamos de buena fe siempre nos irá mejor; alguien que ha tenido que trabajar para salir adelante. Me considero algo impaciente, no puedo estarme quieto en un solo lugar.

Me he caracterizado por ser tenaz, una persona que cuando quiere algo lucha por conseguirlo, eso me ha llevado a mantener el legado de mi abuelo: los negocios en el ámbito de la madera, que es lo que conozco bien.

¿Creció conociendo el mercado maderero?
Sí, mi abuelo Felipe Medina Meléndez fue quien comenzó lo que ahora es un negocio familiar, se dedicó por muchos años a surtir durmientes para la construcción del ferrocarril de Izamal, negocio que poco a poco fue creciendo gracias a la motivación que tuvo hacia mi padre, José Medina.

Mi padre, en su juventud, le comentó a mi abuelo que le ofrecían un puesto en la milicia, y en respuesta obtuvo que “eso de soldado, ni de chocolate”, por lo que lo motivó a ser su propio jefe, sólo que, en el caso de mi papá, se dedicó a surtir madera en rollo para la construcción de barcos.

¿Cómo se involucró en ese giro comercial?
Al igual que a mi padre, yo también, luego de concluir mi carrera, ya que soy Contador, busqué oportunidades de empleo fuera de lo que era el negocio de la familia. Sin embargo, luego de algunas experiencias, me ofreció hacerme cargo de la maderería de Progreso, ya que para ese entonces tenía dos negocios, uno en el puerto y otro en Mérida. Acepté.

Ahí inicio con mi propio negocio. Claro, luego de cubrirle a mi papá el monto de su inversión, ya que como en todo, nada es gratis, había que trabajar duro para conseguir algo que fuera realmente mío; eso me ha dado la oportunidad de apreciar más el trabajo, y sobre todo, involucrarme en todo el proceso que se refiere a la industria maderera.

Durante un buen tiempo me tocó pagar renta por el negocio y sacar para cubrir el monto del material. Durante el proceso, y luego de haber concluido el compromiso económico con mi padre, nos surgió la idea de concretar el ciclo de la madera con un aserradero, negocio que tengo y en donde me mantengo bastante activo.

A pesar de los embates que hemos tenido y la falta de la madera preciosa, sobre todo en la región, continuamos realizando el trabajo. La madera se mantiene como nuestra principal fuente de empleo y nuestro negocio, el cual manejo al lado de mi esposa Alejandra, quien ha sido mi compañera.

¿Cómo ha compaginado su labor empresarial con la familia?
Mi familia ha sido el pilar de mi vida, sin la ayuda de mi esposa Alejandra Sosa Novelo creo que no habría salido adelante. Ella es mi brazo fuerte, la mujer que, a pesar de las adversidades económicas que hemos enfrentado, siempre tiene palabras de aliento. Además, es luchadora, se ha fajado para mantener a flote el negocio de Progreso.

En estos momentos involucramos a mis hijos en el negocio familiar, a Edgar y Abraham, el primero estudia Ingeniería Industrial en la Universidad Autónoma de Yucatán, y el segundo Ingeniería en Gestión Empresarial en el Tecnológico, espero que algún día estén al frente del negocio, con lo que serían cuatro generaciones de madereros.

¿Qué tan difícil es este negocio?
Hace 40 años en Yucatán se dio un “boom” en cuento a la madera; en la región, la entidad fue de las  más importantes. Sin embargo, ese recurso se ha ido acabando y para nosotros representa mayor inversión traerla de otras entidades, porque en el Estado ya no existen árboles maderables que podamos usar, eso ha generado una caída económica. No obstante, algunos nos mantenemos a flote porque hemos incursionado en otros aspectos, siempre con esa materia prima.

¿Cuándo se involucra con la Cámara de la Industria Maderera de Yucatán?
Como empresario, decido que lo mejor es estar organizado, por lo que me convierto en socio de esa cámara. En su momento formé parte de la directiva, hasta el fallecimiento del anterior presidente, Ernesto de la Cruz, con quien tuve una relación estrecha y lo apoyé durante el tiempo que, por cuestiones de salud, no pudo continuar con la dirigencia, por lo que el consejo decidió que me quedara al frente.

Sin embargo, en marzo próximo se debe emitir la convocatoria para elegir al nuevo dirigente, yo ya llevo dos años en el cargo.

¿Ha sido difícil dirigir esta agrupación empresarial?
Más que difícil, no hemos logrado tener un gremio unido; se estima que en la entidad existen cerca de 400 empresas dedicadas al manejo de la madera; sin embargo, no todas pertenecen a la cámara, por lo que nuestra meta este año será motivarlos para hacer crecer este organismo.

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