15 de Octubre de 2018

Opinión

Epidemia de correquetealcanza

Debemos extremar precauciones a la hora de comer en la calle...

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Según un estudio de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), los meridanos (y supongo que los yucatecos y quienes nos visitan) comemos toneladas de caca todos los días, a no ser que nos toque la atención de alguna de las cuatro de cada diez personas que preparan comida y que no portan salmonela (checa la nota aquí).

Si hemos de hacerle caso a la doctora Fany Concha Valdez, investigadora del Laboratorio de Microbiología de la Unidad de Ciencias Biomédicas del CIR “Dr. Hideyo Noguchi” , en Mérida deben hacer falta baños para tanto enfermo de diarrea: 2.710,730 casos en 2016 (7,426.6 diarios). Cagalera desbordada.

Yo no se por qué, pero tengo una desconfianza patológica a los números que nos dan las autoridades (y consignan los reporteros). En el caso que nos ocupa (el de la salmonela y su correspondiente correquetealcanza), si yo hubiera tenido cerca de la científica que lanza tan grave noticia le hubiera preguntado dónde, cuándo, cómo y a qué horas hizo tan sesudo descubrimiento.

La Cámara de la Industria Restaurantera debería ser la más interesada en que se aclare este tema, porque, según la doctora Concha Valdez, seis de cada diez personas que manejan alimentos son portadoras de la bacteria que produce la cagalera y no precisa si en los negocios de gran clase y cubiertos de plata o en los pinchurrientos puestos de fritangas que –con peligro, eso sí, de las vidas de quienes comen y quienes sirven- pululan por toda la ciudad.

Cifras alegres aparte, en lo que sí tiene razón tan importante científica es en que debemos extremar precauciones a la hora de comer en la calle porque muy pocos de quienes expenden alimentos en la vía pública (sospecho que a ésos se refería) acatan las más elementales normas de higiene y no hay autoridad que se las exija, y no hablemos de seguridad, porque sus negocios son bombas de tiempo, con tanques de gas butano expuestos a las llamas.

Y si va usted al mercado grande –como le decimos los antiguos- primero pase a Catedral a confesarse porque de milagro no ha ocurrido una catástrofe allá y tampoco ha habido una excesiva demanda de baños, lo cual significa o que no hay tal salmonela en el grado que dice la doctora o los asiduos asistentes a ese sitio ya generaron anticuerpos, o sea se autovacunaron.

De cualquier modo, es mejor ser precavido y llevar un rollo de papel sanitario a donde vayamos. Provecho.

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