17 de Noviembre de 2018

Yucatán

Familiares de ludópatas sufren igual o más que los “adictos”

Desde hace un año existe el grupo de autoayuda “Gam-Anon” que apoya a los parientes de los jugadores compulsivos.

Los familiares de los jugadores compulsivos también se ven afectados por la adicción de éstos.  (Foto: Milenio Novedades)
Los familiares de los jugadores compulsivos también se ven afectados por la adicción de éstos. (Foto: Milenio Novedades)
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Mérida, Yuc.- Ha pasado un año desde que el grupo de autoayuda “Gam-Anon” inició sesiones para los familiares de jugadores compulsivos o ludópatas y desde entonces han acudido varios en busca de un espacio para platicar de su problema y, aunque no ha sido tarea fácil, al día de hoy acuden 10 personas a las pláticas que se llevan a cabo todos los miércoles de 6 a 8 de la noche.

La fundadora de dicho grupo, Jacqueline Vázquez Cervera, precisó que el grupo inició el 13 de septiembre de 2017 a raíz de una investigación que realizó mientras escribía su primer libro titulado “Ensayo de un laberinto… un mundo de adicciones” y que presentó en agosto de ese mismo año.

Tiempo atrás recordó que tuvo una experiencia cercana con la ludopatía de un familiar, fue entonces que decidió conocer más acerca del tema y crear un grupo para las familias, ya que la mayoría de los esfuerzos, aunque pocos, se dirigen hacia la persona enferma, pero las personas cercanas siempre son invisibles.

“Es un grupo de familiares de ludópatas que ahora en Mérida hay muchos y que los parientes estamos afectados pero no se dice porque se guarda el secreto; pero gracias a mi libro me di cuenta de muchas cosas y el director del Centro de Integración Juvenil me dijo que él nunca se había dado cuenta de que las familias también sufrían e iniciamos nuestra primera sesión el 13 de septiembre del año pasado”, explicó.

Aseguró que al inicio quienes acudían a las sesiones lo hacían con miedo, pues es difícil dar “el paso” y aceptar que tienen un familiar adicto, ya que por lo general están en la negación total y prefieren no verlo ni tocar el tema con otras personas.

“En el transcurso del año ha ido mucha gente que va una vez y no regresa porque tienen una creencia de que si tu familiar no está rehabilitado malamente piensan que para qué van si él sigue con su adicción, pero no es así, hay una esperanza para ellos porque también sufren y se pueden recuperar a pesar de que su familiar siga ahí”, comentó.

Resaltó que algo que llamó su atención desde hace un tiempo es que a las sesiones acuden jóvenes desesperados cuyos padres, personas de la tercera edad y jubilados, son jugadores compulsivos y no saben cómo ayudarlos.

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