18 de Septiembre de 2018

Yucatán

Piden bendición para Yucatán en la Basílica de Guadalupe

Mons.Berlie Belaunzarán encabeza la peregrinación de la Arquidiócesis estatal. Recuerdan a sacerdotes fallecidos.

Imagen del año pasado, del Arzobispo de Yucatán que bendice a los fieles yucatecos en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México. (Archivo/SIPSE)
Imagen del año pasado, del Arzobispo de Yucatán que bendice a los fieles yucatecos en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México. (Archivo/SIPSE)
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Mensaje de Mons. Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, con motivo de la 56ª. peregrinación Arquidiocesana de Yucatán a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe:

Hoy se cumplen 56 años de haber iniciado esta bellísima costumbre de peregrinar anualmente hasta el mismísimo lugar de las apariciones de la Virgen María, aquí en el Cerro del Tepeyac, donde Ella quiso que se le edificara una capilla.

Fue mi ilustrísimo antecesor, Mons. Fernando Ruiz Solórzano, quien inició esta práctica y la continuó con inigualable fervor Mons. Manuel Castro Ruiz, ambos que de Dios gocen. En estos últimos 20 años me ha tocado continuar con la estafeta en las manos, sin desfallecer.

¡Qué bueno que pudieron acomodar sus compromisos y tareas de la vida ordinaria para hacer el viaje y llegar hasta el cerro del Tepeyac con el corazón agradecido y suplicante! Dejemos ante la tilma milagrosa nuestras oraciones y súplicas a nuestra Madre del cielo.

Todos llevamos en el corazón muchas bendiciones recibidas por la maternal intercesión de Ella. En el silencio profundo pidámosle perdón por las veces en que no hemos querido estar a la altura de su inigualable bondad. Las personas, dijo en cierta ocasión el Papa Benedicto XVI, necesitan hoy ser llamadas de nuevo al objetivo último de su existencia, reconocer que en su interior hay una profunda sed de Dios.

Necesitamos, decía el Santo Padre, tener la oportunidad de enriquecernos del pozo de su amor infinito. Es fácil ser atraídos por las posibilidades casi ilimitadas que la ciencia y la técnica nos ofrecen; es fácil cometer el error de creer que se puede conseguir con nuestros propios esfuerzos saciar las necesidades más profundas. Ésta es una ilusión. Sin Dios, el cual nos da lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar , nuestras vidas están realmente vacías. Necesitamos ser llamados continuamente a cultivar una relación con Cristo, que ha venido para que tuviéramos vida y una vida en abundancia.

De rodillas, ante la insigne y milagrosa imagen que preside nuestra celebración, alcemos nuestras súplicas y elevemos nuestras plegarias a nuestra Madre Santísima, para pedirle que continúe bendiciendo a Yucatán y todos los afanes pastorales de la Arquidiócesis.

Hace 21 años…

También deseo recordar con particular afecto que, hace 21 años, un 11 de julio de 1994, cinco sacerdotes perecieron en un lamentable accidente de tránsito, en la carretera Mérida-Cancún: el Cngo. José María Casares Ponce, Antonio Castro Magaña, Adalberto Ruiz Quintero, Graciliano Rodríguez y Xavier Flota García. A ellos hay que añadir ahora a los padres Francisco Montañez Jure y Miguel Basto Brito, que fallecieron en 1999. Que Dios los tenga en su gloria.

La hora de la Misión

Hermanos: después de la reunión continental de Aparecida, Brasil, los obispos de América Latina expresaron lo siguiente:

“Al terminar la Conferencia de Aparecida, en el vigor del Espíritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que unidos, con entusiasmo, realicemos la Gran Misión Continental. Será un nuevo Pentecostés que nos impulse a ir, de manera especial, en búsqueda de los católicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo, para que formemos con alegría la comunidad de amor de nuestro Padre Dios. Misión que debe llegar a todos, ser permanente y profunda” .

Nosotros vamos siguiendo paso a paso las indicaciones de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, y en él aparecen varios de los aspectos que subraya el documento de Aparecida como, por ejemplo, ir en búsqueda de los católicos alejados y la formación alegre y testimonial de pequeñas comunidades.

Las vocaciones sacerdotales

Hermanos, hoy más que nunca debemos permanecer unidos en oración pidiéndole al Señor que envíe operarios a su viña.

Porque la primera forma de testimonio que suscita vocaciones es la oración , como nos muestra el ejemplo de santa Mónica que, suplicando a Dios con humildad e insistencia, obtuvo la gracia de que su hijo Agustín recibiera el bautismo cristiano, el cual escribe: “Sin duda creo y afirmo que por sus oraciones Dios me ha concedido la intención de no anteponer, no querer, no pensar, no amar otra cosa que la realización de la verdad . Invito, por tanto, a los padres de familia a rezar, para que el corazón de sus hijos se abra a la escucha del Buen Pastor, y “hasta el más pequeño germen de vocación... se convierta en árbol frondoso, colmado de frutos para bien de la Iglesia y de toda la humanidad” . Porque la oración es el primer testimonio que suscita vocaciones.

Todo presbítero, todo consagrado y toda consagrada, fieles a su vocación, transmiten la alegría de servir a Cristo, e invitan a todos los cristianos a responder a la llamada universal a la santidad. Por tanto, para promover las vocaciones específicas al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer más vigoroso e incisivo el anuncio vocacional, es indispensable el ejemplo de todos los que ya han dicho su “sí” a Dios y al proyecto de vida que Él tiene sobre cada uno.

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