22 de Octubre de 2018

Yucatán

‘Forjaron’ la historia en el estadio Salvador Alvarado

Los hermanos Emilio y Joaquín Cervera Solís, con ayuda de familiares, crearon la herrería que hasta hoy adorna el estadio.

Fachada de la herrería de los hermanos Cervera Solís, en la calle 72 por 49 del primer cuadro de Mérida, donde se forjaron piezas del estadio Salvador Alvarado. (Fotos: Aldo Pallota)
Fachada de la herrería de los hermanos Cervera Solís, en la calle 72 por 49 del primer cuadro de Mérida, donde se forjaron piezas del estadio Salvador Alvarado. (Fotos: Aldo Pallota)
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Celia Franco/SIPSE 
MÉRIDA, Yuc.- ¿Alguna vez se ha detenido usted a admirar la herrería del estadio Salvador Alvarado? Seguramente no, porque resulta algo tan común que uno no le da importancia, pero, ¿sabe que esos majestuosos aros llenos de adornos que le dan tanta vista a las paredes llevan ahí más de 76 años? 

Sí, la herrería estuvo tan bien hecha que durante todo este tiempo las autoridades nunca han tenido que cambiarlas.

Le contamos: en el mes de abril del año 1938, el entonces gobernador Humberto Canto Echeverría decidió construir el Estadio para que los deportistas meridanos y yucatecos tuvieran un lugar digno donde entrenar y también, ¿por qué no?, para que los políticos y los integrantes de alta sociedad tuvieran un espacio muy "cuki" para hacer algo de ejercicio.

Augusto Cervera Valencia, hijo de don Emilio Cervera Solís, posa junto a uno de los aros forjados por su papá y su tío Joaquín, obra que actualmente permanece en el estadio Salvador Alvarado, inaugurado en 1939.    

Fue entonces que se decidió contratar a los renombrados herreros Emilio y Joaquín Cervera Solís, quienes tenían fama de ser unos artistas del hierro. 

Hay que recordar que en esos años todo se hacía a mano y ni siquiera había los ahora tan utilizados remaches; era pura forjadura.

Emilio era conocido como "el hombre de hierro" y aceptó gustoso el trabajo que más bien era un reto, pues la única condición que les puso Canto Echeverría fue que terminaran con la encomienda en menos de un año, ya que había decidido inaugurar el espacio el 1 de febrero de 1939. Así que de inmediato, los Cervera pusieron manos a la obra.

El diseño necesitaba ser algo imponente, lucidor, que llamara la atención de los visitantes, que desviara las miradas y fuera motivo de halagos para el mandatario; lo que significaba que "el hombre de hierro" tenía que diseñar algo realmente especial y fue entonces cuando se le ocurrió forjar tan majestuosos círculos.

En aquellos tiempos, los “hombres de hierro” trabajaban “a mano”, sin las herramientas modernas. Todo era pura forjadura.

Labor de hijos

Su hijo, Augusto Cervera Valencia, quien ahora tiene 91 años de edad, recordó y contó a De Peso que cuando su padre (Emilio) comenzó con tan delicada encomienda les pidió a él, de apenas 13 años y a su hermano, Alberto, de 15, que lo ayudaran y les dio tareas especiales.

Don Augusto, quien heredó el sobrenombre de su padre, fue el encargado de forjar cada uno de los adornos que componen dichos círculos y que son conocidos como "jesusitos"; hay que decir que son cerca de 70.

Así, en aquel taller ubicado en la calle 72 por 49 de la capital yucateca, los herreros trabajaron día y noche durante meses para cumplir con el trabajo encargado y de esa forma plasmar su nombre en la historia de la bella “Ciudad Blanca”.

En el día de la inauguración, las paredes del "Salvador Alvarado" lucían la hermosa herrería en la que "el hombre de hierro", su hermano y sus hijos dejaron su corazón. Bien ganado el reconocimiento que les hacemos, ¿no creen?

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