13 de Diciembre de 2018

Yucatán

'Hay que estar loco para ser topo, pero un gracias lo paga todo'

Aarón Acosta siempre está listo para 'volar al área devastada y comenzar la labor de rescate. Es especialista en estructuras colapsadas.

Aarón Ricardo Acosta Manzanero ha colaborado en cuatro eventos en México, dos en Chile, uno en Guatemala y recientemente en Ecuador. (Milenio Novedades)
Aarón Ricardo Acosta Manzanero ha colaborado en cuatro eventos en México, dos en Chile, uno en Guatemala y recientemente en Ecuador. (Milenio Novedades)
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Milenio Novedades
MÉRIDA, Yucatán.- En guardia permanente, conectado y atento a sus celulares cada minuto para responder de inmediato al llamado de un rescate, terremoto o tsunami, así trascurren los días de Aarón Ricardo Acosta Manzanero, el único yucateco en la Brigada de Rescate Internacional Topos (RIT).

Hombre forjado en la disciplina militar, su trabajo lo llevó a residir en diversas ciudades, hasta que el huracán “Isidore”, que azotó a Yucatán en 2002, le cambió su visión de la vida: tuvo su primer encuentro con los heroicos topos.

Aún en su calidad de militar, Aarón ayudó a los damnificados y a los rescatistas en las misiones de salvamento tras el paso del meteoro.

Observar la labor esforzada y desinteresada de ese grupo de rescatistas le llamó la atención, por lo que solicitó información y al poco tiempo ya estaba en proceso para integrarse al grupo. Y con la capacitación necesaria, pronto estuvo listo para ayudar.

Fue así que en 2010 recibió una llamada inolvidable, fue requerido para viajar con la brigada a Haití para apoyar en el rescate tras el terremoto de 7.3 grados Richter que dejó 222 mil 570 muertos, un millón y medio de damnificados y pérdidas materiales por siete mil 900 millones de dólares. 

Desde entonces, Aarón pertenece a un grupo de 22 mexicanos de topos, todos de diferentes estados, pero con el mismo espíritu de servicio, quienes se dedican a sus labores cotidianas y profesionales, pero en cuanto reciben una alerta, como “superhéroes” toman su equipo especial y “vuelan” a la zona cero para llevar esperanza a la población damnificada.

El RIT es conformado por 22 mexicanos, dos argentinos con perros de búsqueda y rescate, y dos chilenos 

Este grupo de hombres y mujeres en cada misión arriesgan su vida por la de otros, sacrifican hasta sus relaciones familiares y personales por elegir en cada oportunidad rescatar a desconocidos que pagan este esfuerzo con un “gracias”.

“Nadie es mejor que todos nosotros juntos”, es el lema de esta organización fundada a raíz del terremoto de 1985 en México, en la que cada miembro se considera parte de una gran familia, con valor de solidaridad y trabajo voluntario, por lo que no reciben apoyos.

Aarón pertenece a este selecto grupo, y consciente del costo, ha sobrevivido a condiciones extremas, en lugares desolados por la tragedia, con escaso alimento, poca agua, calor y olor a muerte... pero también plagadas de sonrisas de esperanza de quienes pueden contar historias de sobrevivencia.

Los números fatales son parte de su historia, pero son más valiosos los agradecimiento. Ha colaborado en cuatro eventos en México, dos en Chile, uno en Guatemala y recientemente en Ecuador, por el terremoto de magnitud 7.8 grados Richter que provocó más de 600 muertos.

Su especialidad en estructuras colapsadas no es suficiente para sostener una vida “normal”; un día encabeza un recorrido turístico como parte de su empleo en una agencia de tours, y al minuto siguiente, si se requiere, prepara su salida para hacer extracciones humanas tras el impacto de un maremoto o terremoto.

En total, el RIT es conformado por 22 mexicanos, dos argentinos con perros de búsqueda y rescate, y dos chilenos. Se unirán próximamente los ecuatorianos.

En esta labor cada decisión implica una renuncia, y Aarón lo ha comprendido tras años de trabajo con alto riesgo de perder la vida, de lidiar con el dolor de su familia y el constante reclamo de considerar cambiar de profesión; de una historia de matrimonio trunca por elegir continuar en el rescate, por el objetivo superior de ayudar al prójimo.

Luego de volver de la misión de rescate en Ecuador, en abril pasado, compartió su experiencia con niños de la escuela Loyola Comunidad Educativa, quienes lo sorprendieron con preguntas que le conmovieron y fortalecieron su decisión de ser topo. 

Locura y dedicación

“Hay que estar loco para ser topo... Muchos me preguntan, por qué lo hago, si no hay dinero, ni medallas. Y les contesto que el mejor pago es el ‘gracias sincero’ de alguien que ayudamos… prefiero morir pobre y con la satisfacción de saber que hice algo bueno, que quedarme en casa en llena de comodidades.

"Recuerdo que mi primer encuentro con el desastre fue un momento muy dantesco, en Haití. Fue impactante, ya que llegamos en un momento donde la gente quiere salir y nosotros queremos entrar. Es duro, emocional y psicológicamente… A esto se suman las víctimas fatales y las personas a recuperar. Cuando trabajamos en una extracción no hay protagonismos, es resultado de grupo.

"A nosotros se nos estropea el corazón cuando vemos el dolor ajeno. Lo que nos mueve es la voluntad y solidaridad, eso nos motiva.

"En mi caso, mi especialidad son las estructuras colapsadas, los terremotos. Sin embargo, también asisto en los tsunamis y aluviones. La brigada ha participado en los cinco continentes”.

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