18 de Septiembre de 2018

Yucatán

Corría por la Virgen y terminó 'aterrorizado'

Su amor por la Virgen los lleva a pasar mucho tiempo caminando bajo el sol, pero también a vivir sucesos paranormales.

Como cada año, las carreteras del país se llenan de antorchistas guadalupanos, quienes a veces se llevan vivencias paranormales. (Archivo/ SIPSE)
Como cada año, las carreteras del país se llenan de antorchistas guadalupanos, quienes a veces se llevan vivencias paranormales. (Archivo/ SIPSE)
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SIPSE.com
MÉRIDA, Yucatán.- Como cada año decenas de antorchistas guadalupanos recorren las carreteras del estado y del país en busca de cumplir sus “mandas” demostrando su fervor religioso. Sin embargo, durante estos recorridos les suelen suceder situaciones inexplicables o de índole paranormal.

En esta ocasión les presento el caso de un joven que acostumbraba a realizar estas peregrinaciones cada año, y en ellas vivió diversas situaciones de terror. 

“Cuando era chavo, cinco años consecutivos fuimos a correr como antorchistas guadalupanos mi familia y amigos. Yo vengo de una familia numerosa, mi papá tiene 12 hermanos y somos como 20 primos, por lo que a la hora de ir a correr lo hacemos en camaradería y con mucha fe, y vaya que ocurren cosas de fantasmas.

“Lo primero que viví fue que mientras corríamos en la carretera (Mérida- Cancún), estábamos más o menos a la altura de Seyé rumbo a Kantunil, yo dormitaba en una camioneta, cuando me tocó turno para el relevo. Entonces mi primo me despertó y empecé a correr aún medio adormilado.

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“Unos minutos después sentí que había alguien junto a mí y pensé que era uno de mis tíos que siempre nos cuidaba y se acercaba para que no estuviéramos solos, pero la verdad, como todavía tenía sueño no volteé a ver, pero sí de reojo sabía que estaba junto a mí; hasta su sombra veía.

“Hice dos o tres comentarios, pero no me respondió nada. Pensé que a lo mejor por la seriedad de lo que hacíamos no quería platicar, pero en eso volteé a verlo ¡y no había nadie! Empecé a correr más lento y hasta me detuve, y no había nadie ni detrás ni delante de mí, ni a mis costados.

“Esta experiencia me traumó tanto que un año después yo me negaba a participar, pero al final de cuentas acepté ir. Era el mismo grupo de amigos y familia. En esa ocasión decidimos ir a Sisal y ahí, mientras estábamos en la camioneta, vimos a un pequeño ser que pasó corriendo como cruzando la calle.

“Ahí sí nos tuvieron que creer porque lo vimos como cinco personas, creo era un alux. Tenía como unos 80 centímetros de altura y cuando lo afocamos con la lámpara (estaba a unos diez metros de distancia) vieron claramente su rostro, el cual asemejaba a una persona muy anciana, como de 90 o más años. Esto ocurrió como tres kilómetros antes de llegar a Hunucmá y vaya que a todos nos dio miedo. 

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"Al año siguiente nos fuimos a correr de Mérida hacia Halachó, y mientras estábamos en la carretera federal a Campeche, a la altura de Kopomá, percibimos un lamento muy feo, que se escuchó en toda la carretera. Una especie de lamento de mujer, pero como si fuera de otro mundo.

“Unos decían que era 'La llorona' o un alma en pena, pero claro, no faltó un escéptico que dijera que a lo mejor era el grito de una persona de carne y hueso, que a lo mejor estaba herida o enferma, pero sea una cosa o la otra la verdad es que a todos nos dio miedo.

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