28 de Mayo de 2018

Yucatán

'De la mano de María contemplamos a Cristo'

Cuarto domingo de Adviento. Lecturas: 2º. Sam 7, 1-5. 8-12. 14.16; Sal 88; Rm 16, 25-27; Sn. Lc 1, 26-38

Cuarto domingo de Adviento. Se acerca el nacimiento del nuestro señor Jesucristo. (forosdelavirgen.org)
Cuarto domingo de Adviento. Se acerca el nacimiento del nuestro señor Jesucristo. (forosdelavirgen.org)
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MÉRIDA, Yuc.-  Introducción

Nos acercamos una vez más a la celebración de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, hecho que modificó definitivamente la historia.

El Antiguo Testamento nos consigna la historia de la salvación del pueblo elegido por Dios, por el cual a través de hombres especialmente llamados, una Alianza de amor a la humanidad.

Estos mensajes de salvación que se fueron hilvanando en este pueblo que desarrolló un gran sentido de realización, de historia y tradición.

Así se configura el Antiguo Testamento, conservando el signo, y confiando en su realización con la presencia futura del Mesías.

I.-2º Sam 7, 1-5. 8-12. 14.16

Nos encontramos en este párrafo bíblico con la primera profecía en que se anuncia que el Mesías será descendiente del Rey David.

Es el tiempo del establecimiento de la monarquía en el que la elección del Rey depende de Dios quien a través de su profeta Samuel, designa al rey Saúl.

No obstante la predilección divina de este Rey camina en la infidelidad y por sus errores es rechazado por el Señor.

En estos dos libros sobresale la figura de David, que designado por Dios a través de su profeta, es corroborado por todas las tribus de Israel.

Se resalta su inteligencia, valentía, estrategia militar y calidad política, y como hombre de Dios que todo lo consultaba con Él.

David ya como rey ha sometido a todos sus enemigos, conquistando la ciudad de Jerusalén, que será conocida como “La ciudad de David”, ahí ha construido su palacio, y le preocupa el lugar que ocupa el Arca de la Alianza, que estaba en una tienda de la “Reunión”, lugar movible.

El Rey desea ofrecer un lugar digno, hermoso y estable, es así como se piensa en el templo de Jerusalén.

El Profeta lo alienta a seguir los impulsos de su corazón pero también le revela que la edificación tocará a su hijo Salomón.

Lo que es importante es el final:

“Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente”.

Dios promete que sólo sus descendientes ocuparán el trono, y así sucedió hasta el año 587 a. de C. al comenzar la cautividad de Babilonia.

Israel vive muchas vicisitudes pero todas con la esperanza de ese Mesías-Rey que vendrá, y cuyo reino no tendrá fin. Así lo expresa muy bien el Salmo responsorial (Sal 88):

“Mi amor es para siempre y mi lealtad, más firme que los cielos”

II.- Rm  16, 25-27

Leemos hoy la conclusión de la carta a los Romanos; el género literario es una “doxología”, una oración para ser cantada, con objeto de alabar y dar gracias a Dios.

San Pablo agradece al Padre de nuestro Señor Jesucristo y señala que a su generación de su tiempo le ha sido develado el misterio, escondido por los siglos, y es que el Mesías prometido es Jesús de Nazareth, Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad, que se hizo hombre y entró a formar parte de nuestra historia.

Esto es un privilegio del cual Pablo es depositario y nos lo testifica y transmite.

Nos invita el apóstol a no encerrarnos en “nuestra Iglesia”, sino a abrirnos a “todas las naciones” en la obediencia de la fe. La Buena nueva debe llegar a todas las personas de buena voluntad, y se realizará plenamente: “Cuando Cristo consigne a Dios Padre el Reino… cuando hayan sido sometidas todas las cosas… para que Dios sea todo en todos” (1Cor 15, 24-28).

III,-Lc 1,26-38

Sólo san Mateo y san Lucas nos hablan de la infancia de Jesús.

Podemos concluir con los datos que nos comunican estos dos Evangelistas, que los obtuvieron de comentarios de la misma Virgen María. Estos hechos eran conocidos en la comunidad cristiana de Jerusalén, y que puede pensarse que mucho de lo que nos transmite san Lucas se origina en la predicación de san Pablo, ya que el Evangelista no fue ni discípulo, ni apóstol de Jesús.

Cada palabra del texto de hoy es de muy valioso significado con una localización cronológica “a los seis meses”, el Ángel Gabriel que es mensajero divino, viene a Nazareth,  nunca mencionado en el Antiguo Testamento, “a una Virgen” joven doncella “desposada”, comprometida con José pero sin tener co-habitación con él; “cuyo nombre era María”, que se dice significa según sus raíces hebreas: “La amada de Dios”.

El Ángel la saluda “¡Alégrate!”, pero más que un saludo es el preámbulo de una gozosa nueva; “llena de gracia” que algunos traducen como “Bienamada”; “El Señor está contigo” expresión frecuente en el Antiguo Testamento, unida a una vocación-misión, por llamamiento que hace directamente el Señor.

“Y se preguntaba qué quería decir…”, es una sorpresa que se vuelve reflexión sobre  lo que Dios espera de Ella la explicación que le da el Ángel es un eco de la profecía de Isaías (7.14): La Virgen concebirá, y dará a luz un hijo…” “Será grande… Dios le dará el trono de David su padre”, realización de la profecía hecha al Rey David.

María prometida pero sin convivir aún con José, era Virgen, el ángel le anuncia que va a ser madre y ella le objeta, obteniendo así la respuesta:

“El Espíritu Santo descenderá sobre ti”. En el Antiguo Testamento al Espíritu se atribuye la acción creadora y vivificante de Dios, de hecho vemos en Isaías.

“Saldrá un vástago del tronco de Jesé y un retoño de sus raíces brotará. Se posará sobre él el Espíritu Yaveh”.

“El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”, es una expresión bíblica para designar la presencia eficaz del Señor con su pueblo.

“El Santo que va a nacer de ti”, designa la pertenencia exclusiva de Dios”, designa aquí como en todo el Antiguo Testamento al Mesías.

En la teofanía del bautismo de Jesús oímos:

“Este es mi Hijo muy amado” (Lc 3.22).

“Yo soy la sierva del Señor cúmplase en mí lo que has dicho” la respuesta de María es un acto de fe y amor, una profunda aceptación de no querer, no buscar y no hacer otra cosa que la voluntad de Dios.
He aquí en esta aceptación, el gran misterio de la Encarnación. Hay un estupendo comentario de San Bernardo al respecto:

“Apresúrate a dar tu consentimiento, Virgen, responde sin demora al ángel… Cree, acepta y recibe. Que la humildad se revista de valor, la timidez de confianza. Abre, Virgen Santa, tu corazón a la fe, tus labios al consentimiento, tu seno al Creador… Levántate por la fe, corre por el amor, abre por el consentimiento… ¡He aquí la sierva del Señor!” (Homilía 4, 8-9).

La grande liturgia mariana de este domingo IV, se transforma en un canto a Cristo. La Virgen María no sólo se nos presenta como el camino de una existencia pura, totalmente consagrada a Dios, sino que nos muestra la meta final decisiva, la del encuentro con su Hijo, verdadero Dios, pero también nuestro hermano.

Conclusiones

1. La presencia de Dios en la historia: que une, los aparentes extremos que han entrado en fusión: Dios y el hombre.

2. La valoración de lo femenino: “Nacido de mujer” (Gal 4, 4).

3. La aceptación de nuestro cuerpo, con gratitud y el deber de cuidarlo adecuadamente. “Ofrezcan sus cuerpos como víctima, viva, santa y agradable a Dios” (Rm 12, 1).

4. María, Madre de Cristo en Nazareth, Madre del Cuerpo Místico de Cristo al pie de la Cruz. 

“A aquellos que en la Iglesia participan en la fecundidad de María, les dará también una participación en su maternidad” (Metodio, Convito III,8).

5. María es modelo perfecto de cómo ir al encuentro de Jesús, y de apertura y disponibilidad a la invitación del Señor.

6. Bien nos recomienda San Epifanio: “No busques a Cristo en el rostro de una sola persona, sino en cada persona, busca el Rostro de Cristo”.

Queridos fieles:

Que nuestro corazón y atención se mantengan solícitos, de manera que esta Navidad tenga un significado especial por nuestro amor a los más pobres y necesitados, a los enfermos, encarcelados o tristes.

Navidad es invitación a descubrir de nuevo:

Nuestro cuerpo, nuestra humanidad, nuestra historia y nuestra personalidad, delante del maravilloso misterio de María en su fecundidad.

¡Dichosa me llamarán todas la generaciones! (Lc 1,48). Amén.

Mérida, Yuc., 21 de diciembre de 2014.

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo de Yucatán

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