16 de Noviembre de 2018

Yucatán

'La victoria de Cristo cada día en mi corazón'

IV Domingo del Tiempo Ordinario. Lecturas: Dt. 18, 15-20; Sal. 94; 1 Cor 7, 32-35; Mc 1, 21-28

Cuando resucitó, tras se crucificado, Cristo venció a Satanás. (Archivo/SIPSE)
Cuando resucitó, tras se crucificado, Cristo venció a Satanás. (Archivo/SIPSE)
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MÉRIDA, Yuc.- Es en la perspectiva de los carismas que se pueden leer y comprender los tres textos bíblicos del día de hoy.

1 Cor 7, san Pablo continúa sus discursos sobre la virginidad;  Dt 18,15. Que ve la institución de la profecía Mc 1,21-28. Que presenta a Jesús la conclusión de la serie de los antiguos profetas.

Dios ha elegido a su pueblo mediante dos intervenciones que caracterizan la exclusividad de este proceso:

1) Lo liberó de Egipto;

2) le concedió los 10 mandamientos que expresan su voluntad.

Moisés tiene el encargo de ser mediador entre la voluntad de Dios y su pueblo; y cuando él termine su misión, Dios suscitará a otro profeta que asume el deber de conducir al pueblo a cumplir la voluntad de Dios.

La profecía es un don que Dios concede a quien Él quiere a veces lo concede a quien tiene autoridad jerárquica, pero a veces no, y no  siempre es fácil, discernir donde se da auténtica profecía.

Cristo, no solo concluye con los profetas del Antiguo Testamento, sino que además llevará a cabo en su persona y vida, lo que los profetas habían anunciado.

Cristo no sólo trae la Palabra de Dios, sino que Él mismo es la Palabra de Dios que además se hace carne, y enseña con autoridad. El carisma jerárquico tiene un sello sacramental y público, el carisma profético es personal e íntimo.                      

Se puede decir que sus credenciales son más al interior: en el corazón de la persona, en el espíritu de fe, en la capacidad de escucha, discernimiento y discreción.

Es el Espíritu el que acredita al profeta, y es el mismo Espíritu que da  oídos atentos, sensibles, acogedores, para discernir la Palabra de Dios y reconocerla aunque pase por  labios humanos.

II.- Jesús: Palabra del Padre

En Cafarnaum, Jesús se manifiesta en el Sinagoga como un profeta con una palabra autoritativa. Los que lo escuchan quedan muy impresionados, porque habla con autoridad, su enseñanza impacta, y es un profeta consciente de su misión.

Más impresionante es su palabra, que tiene autoridad entre los espíritus impuros. Los poseídos por el maligno son liberados por la palabra-fuerza de Cristo.

Jesús nos enseña a actuar con su palabra dinámica, operativa y eficaz. Se interrogan sus contemporáneos:

“¿Quien es este que habla con autoridad y los espíritus inmundos lo obedecen? (Mc 1,27).

Con su palabra, Dios hizo la creación y como dice el profeta “Es como la lluvia y la nieve que caen del cielo y sólo regresan allí después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar” (Is 55, 10-11).

Jesús es Profeta de gracia y salvación llevando a cabo la liberación anunciada. El grito de Satanás que abandona muestra la violencia de la lucha y la grandeza de la victoria (v.24), mientras que el miedo se apodera de los presentes (v.27) que demuestra con ello que intuye la presencia de Dios, que destruye cualquier falsa seguridad y cuestiona a las personas en sus criterios y estilo de vida.

La comunidad comprendió la enseñanza de este hecho por ello, tuvo mayor influencia que tan solo el efecto en Cafarnaúm.

III.- Una Palabra que causa inquietud

El sábado en la Sinagoga, tiene analogías y semejanzas con el domingo en una de nuestras Iglesias. Sería como si después de la homilía alguien se pusiera a intervenir. Pero Jesús al hacerlo lo hace “con autoridad”.

La tradición escribe y señala modelos de comportamiento de los cuales es difícil salir. Algunos dicen por ello que la tradición es como una alberca, un estanque en aguas tranquilas, pero en donde pueden anidarse los espíritus inmundos.

Por ello a veces una Ley cuando se  afirma y consolida, puede tolerar a aquellos que aprenden a servirse de ella, y hay que estar atentos siempre para no atrofiar el discernimiento.

Jesús con su presencia, palabra y orden removió aquellas aguas tranquilas. Por ello el espíritu inmundo grita: “¿Has venido a acabar con nosotros? (v.24). 

Es la función de Jesús: Despertarnos de nuestro cotidiano letargo, de nuestra tranquilidad mediocre, de nuestra carencia de horizontes, pensar en los demás, crecer en la capacidad de sacrificio que es el único testimonio del amor; que nos pide ser solidarios y fraternos con los demás, pensar en los otros, compartir, ayudar, servir.

Nos da miedo renunciar a los espíritus inmundos que están en nuestro corazón, actitudes y actuaciones y sin embargo es una grande gracia cuando Jesús los arroja de nuestro corazón por la confesión sacramental. Cristo nos invita a una vida nueva, a un nuevo principio, a un nuevo amanecer, una alborada.

IV.- La lucha contra Satanás

En la actualidad se habla poco de Satanás, espíritu del mal, y padre de la mentira. Pero resulta oportuno hacerlo, partiendo del Evangelio con una recta exégesis que coloca la acción de Satanás, que coloca su actuación en el contexto de la historia de la salvación.

Recordemos que Satanás es un espíritu real, creatura, que sugiere y tienta a las personas orientándolas hacia el mal, y que no se le puede comparar con Dios, y está en definitiva sujeto  -como creatura- a Él.

Según san Marcos el misterio integral de Jesús es una lucha contra Satanás, que conocemos su primer acto cuando Jesús llevado por el Espíritu al desierto, se encuentra con el adversario y lo vence con la Palabra en su respuesta: “No tan sólo de pan vive la persona” (Mt 4,4).

Continúa luego, con las liberaciones de los endemoniados para demostrar que el Reino de Dios ha llegado, y que con ello se impone límite y fin al de Satanás.

Esta lucha tiene en la Pasión de Cristo, cuando el “príncipe de este mundo”, cuando se creía seguro de su victoria, en la muerte de Jesús, es definitivamente derrotado en su Resurrección.

El dominio del mundo que Satanás tuvo la osadía de ofrecer a Jesús, pertenece a Cristo, muerto, resucitado y glorificado.

La victoria definitiva, en el absoluto que es Cristo, deberá también cada cristiano repetirla cuando tendrá que medirse con Satanás, el enemigo que siembra permanentemente cizaña en el campo de trigo del Evangelio y que arranca del corazón de las personas la semilla fecundante de la Palabra del Evangelio.

El cristiano por ello debe de vivir en espíritu de fe constantemente, para que unido a Cristo por la gracia, la oración, los sacramentos;  haga que la certeza de la victoria de Cristo, se convierta en el triunfo de Cristo cada día en su propio corazón.

La victoria definitiva sobre Satanás, que en vano quiere devorar al hijo nacido de mujer en el Apocalipsis, trata de desquitarse en contra de todos los de su descendencia, confirma y consolida la victoria del Cordero y de la Iglesia, su esposa.

Seguros de esta victoria de Cristo, vayamos adelante en nuestras vidas, llenos de confianza en Dios. Como dice san Bernardo: “Mi único mérito es la misericordia del Señor, no seré pobre en méritos, mientras Él no lo sea en misericordia. (Sermón 61, 3-5)

Las heridas que su cuerpo recibió nos dejan ver los secretos de su corazón,…nos dejan ver la entrañable misericordia de nuestro Dios… ¿Qué dificultad hay en admitir que tus llagas nos dejan ver tus entrañas?... así podemos comprender que Tu Señor eres bueno y clemente, rico en misericordia…”

V.- Conclusiones

1. Jesús nos enseña que la verdadera autoridad está solamente en Dios y no en el poder del hombre, que con frecuencia lo utiliza para dominar y no para servir y hacer crecer en humanidad.

2. Todos nosotros conocemos en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia personas  que son apreciadas y respetadas por que tienen el carisma de una autoridad que no se funda en ningún poder económico y material, sino moral. Personas que son siempre punto de referencia en el actuar de los demás.

3. Nunca es aconsejable dejarnos llevar por los méritos y las acciones buenas que en la vida el Señor nos ha permitido obtener y realizar. Satanás no duerme y hay que estar siempre alertas, vigilantes con la oración y la prudencia cristianas

4. Es bueno recordar que el Sacramento de la Reconciliación, que hoy afortunadamente comienza  a   ser revalorado en nuestros ambientes cristianos, nos otorga no solamente el perdón de nuestros pecados, sino la gracia necesaria para la lucha cotidiana y para alcanzar en nosotros la victoria de Cristo sobre el poder de Satanás

Oración

Oh Padre, que en tu único Hijo Jesucristo
nos has dado el maestro de sabiduría
y libertador de las potencias del mal,
haznos fuertes en la profesión de nuestra fe
para que de palabra y obra, 
proclamemos la verdad, y demos testimonio
de la alegría que tienen los que en ti confían. Amén             

Mérida, Yucatán, 1 de febrero de 2015. 

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo de Yucatán

 

 

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