11 de Diciembre de 2017

Yucatán

'Atentos y vigilantes con gratitud a Dios para servir mejor'

XXXIII Domingo Ordinario. Prov. 31, 10-13. 19-20. 30-31; Sal 127; 1 Tes 5, 1-6; S Mt 25, 14-30.

La Parábola de los Talentos es el eje central de la homilía de este domingo. Imagen utilizada sólo con fines ilustrativos. (perueduca.pe)
La Parábola de los Talentos es el eje central de la homilía de este domingo. Imagen utilizada sólo con fines ilustrativos. (perueduca.pe)
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I Prov 31, 10-13, 19-20. 30-31

MÉRIDA, Yuc.- Leemos hoy una parte del poema final del libro de los Proverbios que alaba a la mujer perfecta, exaltando: su laboriosidad, su interés por los pobres, y el temor de Dios.
Es además como la contrapartida de otros pasajes y el presente en donde la mirada es de estima y simpatía.

La figura cuyo perfil se describe es la de una mujer modelo como esposa y madre, como señora de casa y como persona virtuosa.

La primera cualidad que se observa es la confianza que esa mujer suscita en el marido, apareciendo así como la esposa ideal; la segunda en su laboriosidad lana y lino son indispensables para la economía doméstica: y el fruto de su actitud industriosa.

Además no sólo es trabajadora e industriosa, es que con su trabajo pueda beneficiar y ser generosa con los pobres.

Las últimas consideraciones del autor van sobre la vanidad de la belleza física, y la alabanza y temor de Dios. La belleza física está destinada a disminuir y terminar, el amor de Dios y el temor son sentimientos religiosos que traen la alabanza y recompensa duradera.

El elogio de la mujer perfecta puede ser también una descripción alegórica a sabiduría personificada. Relacionándolo con Sab 9,1-6 resultan dos tipologías de mujer.

La sabia que invita a todos a escuchar sus enseñanzas. La hogareña, dedicada a la administración y caminan bien las cosas de la casa. Los dos tipos de mujer se integran recíprocamente como expresiones de la multiforme riqueza y proyección de la sabiduría.

El marido que tiene la dicha y bendición de una esposa así será dichoso, y vivirá la paz, la serenidad y el gozo, que conducen a la santidad.

II.- 1Tes 5, 1-6

Recomienda el apóstol la vigilancia con la cual se debe esperar la venida del Señor.

San Pablo se inspira en el texto en el que Jesús reconoce la incertidumbre de la fecha de su última venida.
Por esta misma expectativa, debemos estar atentos y vigilantes.

La expresión “El día del Señor”, nos indica la manifestación final de Cristo como Salvador y Juez de buenos y malos.

El título “hijos de la luz”, es expresión semítica, y refleja ese claro dualismo: Luz-tinieblas, día-noche que se expresa en las opciones, conducta y actitudes de las personas, por ello hay buenos y malos.

Unos actúan bajo el influjo de la luz, son dignos de alabanza y caminan hacia la salvación y otros bajo el influjo de las tinieblas, realizan obras malas y caminan hacia la condenación.

No desperdiciemos tiempo y oportunidades permanezcamos atentos y vigilantes. Esta actitud se opone a alguna otra que aletarga, adormila, entorpece la conciencia y por ende las actuaciones.

La proximidad de la venida del Señor, propios de los Evangelios y de San Pablo, es una doctrina característica de la Iglesia y estos nos debe volver centinela, que ve el horizonte y que aguarda con expectativa y esperanza la venida del Señor.

Esto nos lleva a un optimismo obtuso como 1 Tes 5,3 el de aquellos guiados por las tinieblas; ni a una intimidad egoísta, que renuncia al compromiso con su propia comunidad.

Los hijos de la luz estarán dispuestos: 

A vivir en paz atender a sus propios compromisos, trabajar con sus propias manos, conducir una vida decorosa.(1Tes 4, 11).

Si Dios será juez severo con los malos, con los segundos será Padre que salva:

Dios no nos ha destinado para la cólera sino para la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tes 5,9).

Por ello al que tiene y se mantiene vigilante y cumplido, le será dado en abundancia y disfrutará en el futuro del gozo mesiánico, pero al que tiene poco le será quitado incluso lo que tiene (Mt 25,29).

III.- Mt 25, 14-30

Nos encontramos en el sexto acto sobre la venida del Reino de los cielos, y forma parte del grande discurso escatológico de Jesús, que contiene la parábola de los talentos.

Tiene tres actos muy deliberados:

  1. El amo confía sus bienes a tres servidores antes de partir.
  2. Estos tres se comportan de manera diferente.
  3. Al regresar el amo pide cuentas de la administración recompensando o castigando según su comportamiento.

Es obvio que se refiere a nuestro Señor, que estando a punto de partir deja a los suyos, a la Iglesia los bienes de gracia, para que en su segunda venida demos cuenta a nivel personal y universal, de cómo hemos usado y administrado sus dones.

Como la suma es grande tiende a subrayar lo valioso de los bienes que nos ha dado. Pero además respeta y valora las cualidades de cada uno, dando diferenciadamente para estimular las capacidades personales.
El tiempo que transcurre es el que va desde la Ascensión hasta la segunda venida.

La recompensa indica el premio espiritual. ¡”Entra a tomar parte en la alegría de Tu Señor”!, y la reprobación del siervo miedoso y perezoso indica que no solo hay que hacer siempre el bien, sino que además son una responsabilidad moral las omisiones.

Lo que nos dice también, que debemos estar atentos y vigilantes, y además haciendo fructificar en servicio de los demás los talentos recibidos.

“Cualquiera que haya tenido para sí la gracia de Dios, sin obtener provecho a favor de los demás, será condenado por haber escondido su talento” (San Basilio de Cesárea-Regla Breve No. 62).

“Este deseo comunica al alma un movimiento ascensional que no se detiene; porque en aquello que ha realizado, encuentra una base para volar más alto. En realidad tan solo la actividad espiritual goza de esta propiedad, de nutrir la fuerza al comunicarla y de no perder sino de aumentar con el ejercicio su vigor” (San Gregorio de Niza. La vida de Moisés 2,226).

Conclusiones
  1. El tema central de éste domingo es la acogida comprometida y operante del Reino de Dios.
  2. Debemos dar frutos de buenas obras con los talentos recibidos de Dios. Aprovecharlos al máximo, para servir mejor a los demás.
  3. Debemos vivir como hijos de la luz, iluminados e iluminando, con la antorcha a Cristo.
  4. Estamos llamados a vivir responsablemente de nuestro trabajo, llevado con honestidad, administrando todos nuestros bienes (tiempo, cualidades, capacidades, oportunidades, dinero, recursos, etc.,) para ponerlos al servicio de nuestros hermanos y edificar una humanidad mejor.
  5. Un místico musulmán medieval decía: a. Fe y palabra con la boca; b. fe y verdad con el corazón; c. fe y obras con los hechos.
  6. Cada talento es: un don de gracia, un compromiso de servicio y una responsabilidad ante el juicio. 
  7. Estamos llamados a velar por los más pobres, como canta en alabanza a la mujer Prov. 31, y como el hombre que teme al Señor (Sal 127), estamos llamados a vivir del trabajo de nuestras manos.
  8. Necesitamos crear una cultura del trabajo y de superación personal, así como la organización solidaria y fraterna, que engendre la verdadera comunidad.
  9. Que no vivamos una religión de miedo que todo lo ve como un deber, sino una religión de amor, que aprovecha al máximo los dones de Dios para servir mejor.
  10. Que sepamos respetar, valorar y dar su lugar a la mujer en nuestra sociedad; pero que a esta cultura corresponda de parte de ellas su responsabilidad para ser mujer, esposa y madre, como lo propone el libro de proverbios, imitando a la Virgen María. Amén.

Mérida, Yuc.,  16 de noviembre de 2014

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo de Yucatán

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