16 de Diciembre de 2018

Yucatán

'Hay que dar un sí a Cristo, decidido y generoso'

Da pena ver que una lluvia te excusa de ir a Misa, que en época de vacaciones no te acuerdas de tus deberes religiosos.

Seguir a Jesús debe ser prioritario por encima de cualquier otra legítima opción. (evangelizafuerte.mx)
Seguir a Jesús debe ser prioritario por encima de cualquier otra legítima opción. (evangelizafuerte.mx)
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XIII Domingo del tiempo Ordinario

I Re19, 16. 19-21;  Gal 5,1.13-18; Lc 9, 51-62

En este domingo se nos presentan dos páginas acerca de la vocación, una que nos describe la vocación de Eliseo, heredero del profeta Elías. Y la otra es la exigencia que trae consigo el espíritu de ser discípulo de Cristo y la austeridad y desprendimiento que ello comporta; que deben de traducirse en una adhesión total a Cristo en la libertad del amor y en la decisión de la entrega.

Saber dar un sí generoso y decidido a Dios

La primera lectura nos orienta al tiempo del gran profeta Elías y la vocación de Eliseo como su discípulo, compañero y sucesor. Ya se conocían entre ellos, y por los datos de la narración parecía ser que Eliseo provenía de una familia rica, puesto que tenía 12 yuntas de bueyes arando. Entonces, poniendo Elías su capa sobre la cabeza de Eliseo como signo de invitación le dice: “Deja tu casa y tu familia y vente conmigo”; fue pues a despedirse de sus familiares y regresó para ponerse al servicio del Profeta Elías siguiéndolo como fruto de su generoso y decidido «sí».

En el contexto de este episodio vocacional, festejar significa hacer que familiares y trabajadores compartan su gozo y alegría por una invitación que decidida y generosamente se acepta.

Así, Eliseo de hijo de patrón, se vuelve humilde discípulo del profeta, con-dividiendo una vida dura y austera, perseguido y errante, con grande valor lleva el mensaje de Dios a sencillos y poderosos.

Es una hermosa página digna de meditación sobre todo para aquellos miedosos, medrosos, indecisos, inseguros, calculadores, que no saben decidirse a seguir a Cristo, a vivir con un corazón grande, con ideales trascendentes que permiten escribir con la propia vida una bella historia de amor y servicio.

La radicalidad del discipulado

El Evangelio nos narra un momento decisivo en la vida de Jesús. Pues abandona los queridos caminos de Galilea para encaminarse hacia Jerusalén. Los discípulos lo preceden como mensajeros. Ellos anteceden con entusiasmo y sueños de gloria, previendo poder regresar pronto para anunciar: “Maestro, también los samaritanos están a favor tuyo y nuestro”. Sin embargo, deben enfrentar el fracaso y la desilusión; pues el primer pueblo samaritano no los recibe y la reacción de ellos es de: Señor, “¿Quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?”.

Jesús no aprueba esta reacción; y ellos comprenden que su misión debe ser diversa a los sueños de gloria y fuego que se habían forjado. A lo largo de su viaje a Jerusalén, Jesús obtiene reacciones positivas entre aquellos que lo escuchan, de hecho, alguien le dice: “Te seguiré dondequiera que vayas”, pero Jesús le responde haciéndole comprender las exigencias de un serio discipulado.

A otro lo invita diciéndole: “Sígueme”; pero éste le pide que le dé tiempo para ver enterrar a su papá, y la consiguiente con-división de bienes de la herencia, que eran costumbres que honraban las tradiciones de gentes buenas y muy apegadas a su familia. Pero el Señor en su respuesta le dice: “Deja a otros cumplir con esas obligaciones, tú podrás servir a tu familia y a tantas otras llevando mi mensaje, que es el mensaje fundamental del Reino de Dios”. ¿Cómo habrá reaccionado en definitiva éste? siguió el ejemplo de decisión y generosidad de Eliseo o habrá preferido decir: “Es que todos lo hacen así…” Lo que queda muy claro es el criterio de Jesús, que es un estilo de vida fuera de lo ordinario, que supera los modelos a los que estamos acostumbrados, por tanto, inexplicable en lo humano y divinamente exigente.

Está, además, el último caso, del que se ha decidido por seguir a Jesús, pero quiere irse a despedir de su familia; y Jesús se muestra más exigente que Elías. Su llamada que está en función del Reino de Dios, nos hace comprender que es superior a toda otra opción legítima en el campo de nuestra libertad, porque se trata de la urgencia de la salvación de la humanidad y por ello debe ser prioritaria y prevalecer por encima de las otras.

Estos conjuntos de criterios de Jesús tienen el común denominador de que seguir a Jesús debe ser prioritario por encima de cualquier otra legítima opción. Por ello da pena ver que una lluvia te excusa de ir a Misa, que en época de vacaciones no te acuerdas de tus deberes religiosos, ni tampoco de las exigencias morales de tu dignidad cristiana y el respeto a los demás, que con el dinero y las influencias cambias tu opinión, dañando la fama de otros, manipulando tus criterios, dejas que avance la injusticia.

Que una dificultad o un obstáculo, te hacen olvidar todas tus buenas intenciones y palabras de fraternidad, igualdad y solidaridad. Que te muestras más como persona de conveniencia que de convicciones. Lejano de la alabanza que Cristo hace de Juan el Bautista, tú te desempeñas más bien como caña agitada por el viento de las ventajas, beneficios, prebendas que puedes obtener con una posición ambigua, de compromiso limitado, de alianza temporal y estratégica, todo en función de los intereses.

Cristo nos invita a la libertad del amor

En esta página San Pablo retoma el tema de la libertad, como don que Jesucristo da a quien abre su corazón para aceptarlo a Él como salvador, amigo, maestro, fuente de un nuevo Espíritu que brota de la Resurrección y que se centra en un amor comprometido, fraterno y solidario que es la caridad.

Oímos mucho que debemos respetar la libertad del otro. El cristiano es una persona libre, invitado a vivir en la libertad que ofrece el verdadero amor a Dios y al prójimo.

“Cristo nos ha liberado” , esta expresión paulina es la invitación y el compromiso al que nos llama el Señor; el de un amor grande, fiel, generoso, tendiente a configurar una fuerte comunión de amor con Él y entre nosotros. Ése amor del cual celebramos el “memorial” en la Santa Misa.

El amor de Cristo es liberador, porque nos libera de la antigua ley y de cualquier estructura o institución opresora o alienante. Baste la experiencia del Cardenal Francisco Javier Nguyen Van Thuan, los trece años que pasó en el campo de concentración.

El amor de Cristo te empuja, impele, a la comunión, colaboración, participación, respeto; a no tratar a los demás como cosas, a no ceder a los caprichos, no buscar los intereses o tus gustos egoístas; a dar, cooperar, ser fiel, ser leal, ser generoso, ampliar tu corazón, ¡Dilata tu corazón!

Debemos sustituir el hielo de las relaciones fincadas en derechos y deberes, aunque sean válidos; por el gozo, la alegría, el calor de la fraternidad, del amor, de la auténtica comunidad, que tiene su máxima expresión litúrgica en la Eucaristía.

Conclusiones

  • 1.Está claro que el amor que Cristo quiere es: único, total, generoso y fiel. San Francisco de Asís lo comprendió muy bien cuando dijo: “¡Mi Dios y mi todo!” y vemos como su amor total hizo fecunda su vida en su persona con su santidad ejemplar, en los que se inspiran a su carisma, hombres y mujeres tan numerosos y valiosos.
  • 2.Ser discípulo de Cristo no admite: ni dudas, ni titubeos, ni nostalgias. Que no seamos católicos que le pongamos condiciones a Dios. Que nos dejemos guiar por Él, que nos enseña el camino de la vida . 
  • 3.La vocación es una respuesta al don de Dios de la llamada. Por ello hacemos la secuencia: vocación-respuesta-misión-destino (temporal y eterno).
  • 4.“La firme determinación” , que Jesús toma de caminar hacia Jerusalén, donde va a sufrir la Pasión, es un ejemplo del Maestro para cualquier tipo de seguimiento de Cristo: decisión y determinación. De otra manera no se hace nada que valga la pena.
  • La fe es una realidad viva que se manifiesta mediante el amor. Amor de seguimiento generoso y fiel como discípulos de Cristo en la propia vocación, amor solidario, comprometido y fraterno en la relación hacia los demás. Amén. 

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán

Arzobispo Emérito de Yucatán

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