13 de Diciembre de 2017

Yucatán

Homilía: 'La confianza en la esperanza nos conduce en nuestro camino'

La vida cristiana debe desarrollarse y crecer en el marco de referencia establecido por la primera y la última venida del Señor Jesús.

La esperanza que marcó la vida del pueblo de Israel por centenares de años se vuelve acontecimiento con la venida del Salvador. (SIPSE)
La esperanza que marcó la vida del pueblo de Israel por centenares de años se vuelve acontecimiento con la venida del Salvador. (SIPSE)
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MÉRIDA, Yuc.- II Domingo de Adviento

Bar. 5, 1-9; Sal. 125; Fil. 1, 4-6. 8-11; Sn. Lc. 3, 1-6

Los acontecimientos que fueron siglos antes anunciados y que estaban en el relicario de la profecía, se van haciendo realidad en el tiempo señalado por Dios.

La esperanza que marcó la vida del pueblo de Israel por centenares de años se vuelve acontecimiento con la venida del Salvador.

Por eso hay que pasar del luto al gozo (Bar. 5,1), y la salvación se concretiza en una persona y en un tiempo que es Jesús (Lc. 3,1). Culminan así todos los grandes eventos que Dios ha realizado a favor de su pueblo y por ello Pablo invita a los que han recibido al Señor a que tengan cada vez más cuidado de permanecer fieles a Él y reconocer su grandeza (Fil. 1,9).

I.- Los caminos de la esperanza

El domingo pasado escuchamos la insistente voz del profeta Jeremías, que exhorta al pueblo a comprender que Dios mantiene sus promesas; También observamos cómo Jesús llora sobre Jerusalén, al anunciar un castigo a la ciudad infiel.

Hoy, por nuestros oídos debe llegar hasta nuestro corazón la profecía de consolación de Baruc: “¡Ponte de pie Jerusalén, sube a la altura, levanta tus ojos y contempla a tus hijos reunidos…!”.

Las palabras proféticas son una respuesta al grito esperanzado desde el exilio: ¡Israel regresará a poseer su tierra!.

Así entendemos que esperar no significa tan sólo apoyarse en Dios y confiar en el futuro, sino además, saber leer en los acontecimientos -como decía el Beato Juan XXIII- saber leer los signos de los tiempos reconociendo en ellos la Providencia misericordiosa de Dios que en el entramaje de cada evento, lleva adelante el tejido y la dinámica de la historia de la Salvación.

Existe además, una exigente recomendación:

“Envuélvete en el manto de la justicia de Dios…” (Bar. 5), como para que recuerden que la esperanza no es real, sino cuando de hecho se vive virtuosamente y son rechazadas las infidelidades del pecado y la idolatría, para no sufrir la consecuencia de la pena y castigo al fallar en la alianza con Dios.

II.- La Palabra que se injerta en la historia

Al dejarnos iluminar por el Evangelio de este domingo vemos que San Lucas enmarca con mucha precisión cronológica el arranque histórico de los tiempos mesiánicos profetizados desde la antigüedad.

Este encuadre histórico no es una restricción de espacio temporal para el cumplimiento de las promesas de salvación, sino que se abre a la acción de Dios a favor de todas las naciones: “Todos los hombres verán la salvación de Dios” (Lc. 3,6). A esto se añade que no basta el conocerlo y localizarlo en las coordenadas de espacio y tiempo, sino que hay que acogerlo, aceptarlo, y hacerlo vida en la propia existencia.

Así, se ve que la acción de Dios no es ajena al acontecer diario en la vida de los hombres, sino que se compromete y camina con nosotros en la historia, al punto de hacer de esta historia nuestra, algo que también le pertenece, porque actúa en ella.

III.- Camino hacia el día del Señor

A San Juan Bautista le correspondió el honor y la responsabilidad de anunciar el cumplimiento de las promesas de Dios y cuáles eran las disposiciones que las personas debían adoptar para recorrer el camino de la salvación. El reto de la predicación del Bautista, es asumido por San Pablo en su carta, cuando les pide a los Filipenses mantenerse “limpios e irreprochables para el día de la venida de Cristo”.

El Apóstol propone dos actitudes:

a) La confianza y esperanza ilimitadas, basándose en que Dios cumple sus promesas y lleva a término sus designios.

b) Y el discernimiento: con el corazón anclado en el amor a Cristo e iluminado por la acción de Espíritu Santo que capacita, para que “sepan crecer en sensibilidad espiritual y escoger lo mejor”.

La vida cristiana debe desarrollarse y crecer en el marco de referencia establecido por la primera y la última venida del Señor Jesús.

De este modo, la vida es comprendida como un camino, cada existencia humana es un sendero, una vereda irrepetible. Baruc habla del regreso a Jerusalén, Pablo de “colaboración”, “perfeccionamiento”, “crecimiento” y San Lucas, al reportar la predicación del Bautista nos subraya la conversión que es acoger, encontrarse y asumir la Palabra de Dios, que se encarna en la historia, para que pueda ser predicada y llevada a todos los hombres de buena voluntad y pueda así la humanidad contemplar la salvación de Dios.

IV. Para continuar nuestro camino en el Adviento

1) Este domingo es un canto de alegría, así el Salmo 126, lo mismo que Baruc que anuncia el regreso a la libertad, y San Pablo, “dan gracias a Dios con gran alegría”, para que “el Evangelio se difunda para la gloria y alabanza de Dios.

El Evangelio debe ser gozoso, anuncio, buena nueva, y los demás tienen que vernos así, con la alegría del don de la fe católica. Bien se puede reflexionar aquí sobre la frase de Pascal: “Trabajar y pensar bien, es el principio de la moral”.

2) Preparar los caminos del Señor, para hacerlos fáciles en su acceso a Cristo, significa un gran reto para nosotros en el trabajo catequético e integral de la Evangelización en la fe, dar el signo de nuestra oración personal y comunitaria, la esperanza alimentada por nuestras actitudes y la caridad fortalecida por nuestras actuaciones.

Como nos dice San Anselmo: “Enséñame a buscarte, muéstrame tu rostro, porque si tú no me enseñas no puedo buscarte. No puedo encontrarte, si tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, te desearé buscándote, amándote te encontraré, encontrándote te amaré” (Prosologion).

Para los padres de familia, el Adviento puede ser una bella oportunidad de convocar a los hijos y organizar el camino que en conjunto recorrerán hasta la fiesta de la Navidad. Ese camino gozoso debe estar empedrado con oraciones, obras de misericordia y un espíritu alegre.

3) El apóstol San Pablo nos invita al amor. ¿Crecemos verdaderamente en él? ¿Dejamos nuestras comodidades, placeres, egoísmos, para ir al encuentro del otro, sobre todo si es pobre, abandonado, triste, angustiado o enfermo?. Como decía la Beata Madre Teresa de Calcuta: “Hay que dar, hasta que duela”.

Así “sabremos distinguir siempre y estaremos dispuestos a escoger lo mejor” (Fil. 1, 8). Estaremos recorriendo el camino del Adviento.

Hoy, en este segundo Domingo de Adviento les exhorto para que preparen el camino del Señor en sus corazones, en las relaciones de la familia, en el ambiente laboral, en la escuela y en todas partes “Todos los hombres vean la salvación de Dios”.

Que Santa María de Guadalupe, la Señora del Adviento nos acompañe en nuestro camino de preparación para la celebración anual del nacimiento del Salvador. Amén

Mérida, Yuc., 9 de diciembre de 2012.

 

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo de Yucatán

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