24 de Septiembre de 2018

Yucatán

¡Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy!

XV Domingo ordinario. Lecturas: Is 55, 10-11; Sal 64; Rm 8, 18-23; Mt 13, 1-23

El oráculo conclusivo del libro segundo de Isaías: La Palabra de Dios es siempre eficaz, su fuerza fecundante es semejante a la de la lluvia, siempre anhelada por los agricultores. (wikipedia.org)
El oráculo conclusivo del libro segundo de Isaías: La Palabra de Dios es siempre eficaz, su fuerza fecundante es semejante a la de la lluvia, siempre anhelada por los agricultores. (wikipedia.org)
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MÉRIDA, Yuc.- “La Palabra de Dios –por Su Espíritu- fructifique en nuestro corazón al ciento por uno, y se proyecte sirviendo a los hermanos”

I.- Is 55, 10-11

Hemos escuchado el oráculo conclusivo del libro segundo de Isaías. La Palabra de Dios es siempre eficaz, su fuerza fecundante es semejante a la de la lluvia, siempre anhelada por los agricultores.

Es además proclamada en este día por el salmo 64, que suele conocerse como el “cántico de la cosecha”.

El contexto inmediato anterior es la Cercanía de Dios (Is 55,6):

“Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo,llámenlo mientras está cerca”.

Y al mismo tiempo su trascendencia (Is 55, 8-9):

“Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos...” 

Entre esa cercanía y trascendencia divinas encontramos la función mediadora de su Palabra que desciende del cielo para revelar y realizar la salvación.

La palabra de Dios sucede entre personas y por tanto es un acontecimiento dialógico y no una realidad impersonal, mágica o un hecho mecánico.

La Palabra de Dios anuncia lo que sucede en la historia de la salvación aunque no siempre se cumpla como nosotros nos figuramos. (Pbro. M. Ceballos).

“En donde cae la Palabra de Dios, germina la vida”

II.- Rm 8, 18-23

El capitulo ocho, que estamos leyendo estos domingos, es uno de los más bellos escritos por San Pablo: El cosmos, la creación entera, es el testimonio más inmediato de la tensión existente entre creaturalidad y centro de todo que es Dios.

Esta tensión se expresa entre la experiencia escatológica y la experiencia diaria, que se resume diciendo: “Ya - pero todavía no”, es decir ya estamos redimidos por la pasión de Cristo, y al mismo tiempo nos estamos todavía redimiendo por la aceptación y colaboración a la gracia del Espíritu.

El cristiano ya vive las primicias del Espíritu, pero no aún en plena manifestación, que será su liberación de la esclavitud y de la corrupción.

El acto creador es una efusión primera y permanente del Espíritu, -Dios crea y conserva-, guiando a la creación a esa búsqueda de la armonía, que la convierta en homenaje a su creador, y a una constante renovación en marcha a la plenitud de “cielos nuevos y tierra nueva”; (2Pe 3,13) en la que: “Dios será todo en todos. (1Cor 15,28)

La nueva humanidad compuesta por los hijos de Dios. (Rm 8,2):

Esta es la nueva esperanza cierta, que nos trae la Encarnación de Cristo, el nuevo Adán que inaugura la nueva y definitiva etapa de la humanidad redimida.

San Pablo utiliza una vigorosa analogía, la del parto al que está sujeto tanto la creación como la humanidad entera. Por ello el gemido que es plegaria, supone una constante oración de anhelo, de que lo que Cristo ha realizado, es decir la filiación adoptiva en el Espíritu Santo, se realice un día en forma definitiva, para que todos puedan testimoniar la plena conformidad de los hijos adoptivos de Dios con el hijo Unigénito del Padre, que es Jesucristo.

III.- Mt 13, 1-3

El sermón de las parábolas del capítulo 13 de san Mateo es el tercero de los cinco grandes pilares; después de los dos, el de la Montaña y el de la Misión, y antes del comunitario (capítulo 18) y el escatológico (capítulo 24.)

La explicación del por qué Jesús predica en parábolas es debido a que aquellos no tienen la disposición de escuchar y comprender (vv. 19-23) en el sentido bíblico de adhesión.

Y por ello el evangelista cita a Isaías, recordando el corazón endurecido del que sólo busca lo mundano y que no está preparado a comprender porque se coloca en la perspectiva de su superficialidad.

Jesús es predicador pedagogo y fascinante. Usa los puntos de observación más comunes o una persona, y en forma especial sus interlocutores, gente sencilla y trabajadora de Palestina.

Sentado desde la barquita de pescadores, se dirige a sus oyentes. Tan sólo la cuarta parte de la semilla sembrada fructificará, pero llevará fruto sobreabundante.

Esto se debe a la gracia de Dios que encuentra en el corazón de la persona buena tierra y entonces aflora la comprensión.

Lo que Jesús expone es para la comprensión de lo que el Espíritu Santo desarrolla en el corazón de la Iglesia.

Esa comprensión eclesial viene con Pentecostés. Porque sólo el Espíritu es quien nos enseña a comprender la realidad a través de los símbolos. Y así poder servir la verdad para edificar un mundo de justicia y de paz.

Siempre habrá gran diferencia entre el que escucha y el que se transforma en discípulo.

La interpretación del Evangelio de hoy puede ser por tanto:

a) Sobre la confianza en la fructificación final, no obstante las dificultades y fracasos actuales.
b) Sobre el hecho de ser buen terreno que hace rendir la semilla recibida.

Aceptar o rechazar, aceptar y fructificar, son las opciones que se plantean delante de Jesús, ante quien nadie puede permanecer indiferente.

Ante un Evangelio que desaprueba la neutralidad, y más aún la falta de generosidad y rendimiento en el servicio de los hermanos  vemos  que muchos contemporáneos de Jesús fueron ciegos, sordos y mudos a su  predicación y su presencia.

Como decía aquel lema: “¡Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy!”.

“Si queremos evitar la infecundidad de la vida, recibamos y aceptemos la Palabra de Dios con el fervor de nuestra alma y con el recuerdo incesante de nuestra memoria. Si el diablo quiere robarnos la semilla, de nosotros depende hacer vanos sus esfuerzos.

Si la semilla se seca, no es por el calor, sino por no tener raíces. Si es sofocada, no es por culpa de las espinas, sino de los que las dejaron crecer. Es posible de hecho, si tú lo quieres, impedir el crecimiento de estos sentimientos malos, para hacer uso justo y útil de los bienes.

Por ello el Señor no habla simplemente “del mundo” sino “de las preocupaciones de éste mundo”; y no acusa genéricamente la riqueza, sino que denuncia “la seducción de las riquezas”. No acusemos pues las cosas en sí mismas, sino nuestra intención corrupta, y nuestros malvados deseos”. (San Juan Crisóstomo in Math 44,3 s.s.).

“Como fuente y venero para la vida eterna, Tu inundas el mundo con tu eficaz Palabra, con Tu sangre purísima, y con el agua gloriosa de Tu Espíritu”. (De la liturgia Bizantina) 

Que no nos arranquen la semilla de la Palabra la conveniencia, los intereses, los medios de comunicación, trastocando criterios y llevándonos a un catolicismo superficial o “light”, que acepta los triángulos amorosos en el matrimonio, la felicidad, limitando el número de hijos, la promiscuidad sexual, la fijación genitalizada de las relaciones humanas, el aborto, el desprecio a la fidelidad; con una mentalidad de asepsia religiosa, y de que se puede vivir sin Dios, y de que la misma opción de fe es una oferta más del supermercado de religiones.

Dios nos conceda la gracia de que al final de nuestras vidas, no obstante las  fallas, deficiencias y pecados, por la misericordia de Él, y la gracia de Su Espíritu, podamos llegar ante Su presencia con las alforjas cargadas de los granos de una cosecha fecunda y abundante, ofrenda de vida. Amén.

Mérida, Yuc., julio 13 de 2014.

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo de Yucatán

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