23 de Septiembre de 2018

Yucatán

Humilla y agrede sacerdote a joven quinceañera en misa

El vicario de la parroquia de Peto, Manuel Chuc Canté, no solo regañó a la menor, sino que le jaló la nariz y le dio una bofetada.

En un acto incomprensible el presbítero de Peto, Manuel Chuc Canté, humilló a una joven quinceañera durante una misa por su cumpleaños. (Milenio Novedades)
En un acto incomprensible el presbítero de Peto, Manuel Chuc Canté, humilló a una joven quinceañera durante una misa por su cumpleaños. (Milenio Novedades)
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Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- El sacerdote Manuel Leobardo Chuc Canté, vicario de la parroquia de Peto, humilló a una familia de la comunidad de Tahdziú que solicitó oficiara la misa de su hija que cumplió 15 años. El religioso, además de regañar a la jovencita en lengua maya, le jaló la nariz, intentó quitarle las pestañas postizas y le dio una bofetada.

Como toda quinceañera, la señorita Marisela Balam Puc, hija de los señores Medardo Balam y Angélica Puc, tenía la ilusión de disfrutar una noche inolvidable.

Con los esfuerzos de sus padres, lució un vestido típico de su edad, un ramo de flores y fue a que la maquillen y peinen. La joven se veía muy bonita, pero el sacerdote la hizo sentir mal al humillarla delante de sus familiares y amigos.

Resulta que el presbítero Chuc Canté debió de llegar a las seis de la tarde para celebrar la misa de XV años, el domingo pasado, pero arribó media hora después y, al parecer, de mal humor, pues durante toda la misa se la pasó regañando a la cumpleañera, quien sólo bajaba la mirada.

Pero lo peor fue cuando se acercó al oído para, según él, instruirla sobre la vida, y después la reprendió en voz alta, le jaló la nariz en dos ocasiones, luego intentó quitarle las pestañas postizas y por último le dio una bofetada que, aunque suave, no deja de ser una agresión física.

Don Medardo, padre de la quinceañera, comentó: “Me ha indignado mucho la forma en que trató a mi hija frente al altar; tuvo suerte que no sea yo un hombre de tragos, porque de estar bebido habría perdido el control y me hubiera abalanzado sobre él, que ganas no me faltaron, pero tuve que controlarme”.

La madre de la joven también hizo notar su enojo: “Yo sólo quiero una cosa, un castigo para el sacerdote que nos humilló delante del pueblo y en plena misa”.

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