18 de Julio de 2018

Yucatán

¿Dónde quedó la Ciudad Blanca que era Mérida?

Aunque duele reconocerlo, tienen razón turistas que comentan que Campeche está mejor conservada que la capital yucateca.

Ejemplo de limpieza en las calles de Mérida, allá por principios del siglo XX, cuando realmente merecía el mote de 'Ciudad Blanca'. (Sergio Grosjean/SIPSE)
Ejemplo de limpieza en las calles de Mérida, allá por principios del siglo XX, cuando realmente merecía el mote de 'Ciudad Blanca'. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace unos días tuve la fortuna de escuchar los comentarios de nuestro estimado lector Daniel A. Ávila, en el que hacía referencia a lo preocupante que le resulta la suciedad y malos olores en diversas partes del Centro Histórico, como podría ser el tramo de la 62 entre 57 y 61, situación derivada de la mala costumbre de algunos empleados de varios restaurantes de arrojar sus aguas negras a la vía pública sin que alguna autoridad haga algo al respecto, aunado a que las aceras y calles lucen grasientas, sucias, deslucidas.

Y casualmente, nuestro apreciable lector escuchó los comentarios de una familia de turistas que comparaba Mérida con Campeche y concluía que esta segunda ciudad estaba mejor conservada y limpia que la nuestra, al tiempo que cuestionaba: ¿dónde está la Ciudad Blanca de la que tanto hablan los yucatecos? 

Por cierto, no todos los empleados de comercios hacen su desmother, ya que en varias tiendas de artesanías de la calle 60 por 59 y 61, todas las mañanas sus vendedores lavan minuciosamente su acera. Pero no alejándonos del tema que nos ocupa, en su misiva Daniel hizo referencia al mal estado de las aceras y tapas de registros, ya que son un peligro latente no sólo para el turismo sino también para los mismos habitantes que circulan por esas vías, ya que todos los días se ven en la necesidad de brincar o esquivar los obstáculos para no darse un porrazo.

Sin duda, coincido con esta afirmación ya que quien camine por el bello corredor de la 61 con 62 y 64, es decir, por la famosa Casa del Alguacil -edificada en el siglo XVII y remodelada en varias ocasiones y llamada así porque fue la residencia del Aguacil Mayor de la ciudad, D. José Fernández Cano y Bringas de Alvarado- sentirá terribles olores llegando casi a la esquina de la 62. Y eso es todos los días, siendo el verdadero colmo ya que este problema se presenta en el corazón de Mérida.

Al respecto, muchos nos seguimos preguntando algo ya que es inconcebible  que luego de la patética y desastrosa administración de la señora Angélica Araujo Lara y su suplente Omar Lara Pacheco -que dejaron la ciudad como si se tratase de una zona de guerra y que de pilón nos heredaron unas escarpas sumamente peligrosas por ser excesivamente resbalosas y mal pegadas, y unas calles con cuarteaduras y registros de metal diseñados con las patas-, la actual administración no haya tenido la capacidad de corregir semejante anomalía con la supuesta razón que la anterior gestión fue la que realizó esas pésimas y costosas obras que estuvieron bajo la lupa y escrutinio del entonces secretario de Obras Públicas del Gobierno de Yucatán, Francisco Torres Rivas, hoy candidato a una diputación federal. 

Adoquines franceses

Por cierto, ni la anterior y tampoco la actual administración municipal nunca nos aclaró a los ciudadanos el destino de los alrededor de 100 mil adoquines franceses que retiraron de varias calles y parques cuando las mal construyeron.

Por su parte, también nuestro apreciado lector, el Ing. Arturo Escamilla V., a quien por cierto mucho le agradecemos sus amables comentarios, tuvo la enorme gentileza de enviarme unas fotografías de la portada lateral del histórico edificio conocido como El Gallito -esquina 60 con 63-. Esta edificación posee sobre la calle 60 un bello frontispicio de magnífica piedra careada que desatinadamente pintaron posiblemente pensando que así se vería más bonito y creo que, en este caso, el “vivo” inspector del INAH que debería hacer su trabajo en vez de estar exprimiendo a quien puede (Sergio G.), ya que debió advertirle al propietario o a quien ocupa el local comercial (una zapatería) que no debió realizar tal acción y, por consiguiente, hay que retirarle dicha pintura.  

Recordemos que este edificio es histórico ya que además de ser una de las más bellas residencias del siglo XIX, en el sitio se hospedó la emperatriz Carlota en 1865 y allá funcionó la primera oficina de telégrafos de Yucatán. Años más tarde, la propiedad fue conocida con el nombre de El Gallito porque allá se asentó un importante comercio que llevaba esa denominación y, por supuesto, hubo una cantina que también así se denominó y se ubicaba sobre la calle 63 con 60 Núm. 500-E., siendo que su más antiguo propietario, hasta donde tenemos conocimiento, fue Nicanor Ancona en el año 1914.

En 1925, el sitio se anunciaba como “Gran restaurant, cantina y expendio de cigarros”, y era de Navarrete y Sam. Y hablando de cantinas, ya casi (“casito”) presentamos el nuevo libro de las Anécdotas de las Cantinas de Mérida. Ya verán, pronto saldrá aunque el Dr. Mengueche (o sea, Luis Boffil) lo dude. ¡Ah, si quiere anunciarse allá escríbame! Continuará… Mi correo es [email protected] y twitter: @sergiogrosjean

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