22 de Julio de 2018

Yucatán

Yucatán: Lo que el viento se llevó (1)

A lo largo de esta serie citaremos casos destacados en los que nuestro patrimonio edificado desapareció en evidente ilegalidad.

A vista y paciencia de las autoridades y en complicidad con dueños de predios históricos, la fisonomía de Mérida ha cambiado dramáticamente. (Sergio Grosjean/SIPSE)
A vista y paciencia de las autoridades y en complicidad con dueños de predios históricos, la fisonomía de Mérida ha cambiado dramáticamente. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Si realizamos una mirada retrospectiva a Yucatán desde la óptica estética, sin duda nos percataremos de que el panorama no es apremiante. En los albores del siglo XX era evidente el crecimiento de un estado alimentado por la bonanza del llamado oro verde o henequén. Grandes y refinadas construcciones se levantaban día a día y la exquisitez con la que eran aderezadas sus noveles construcciones eran dignas de ser comparadas con las impecables edificaciones de las ciudades en boga por aquellos tiempos.

Fueron tiempos en la que la elegancia y distinción de los pobladores yucatanenses se reflejaba incluso en su vestimenta, ya que la gente humilde portaba de manera impecable ropajes de fresca y agradable tela blanca de algodón; la clase media o emergente no escatimaba en adquirir elegante indumentaria confeccionada en tela nacional o importada; y finalmente, el adinerado no permitía que el calor empolvara sus gruesos y finos trajes que utilizaban a la menor insinuación.

Bonanza henequenera implícita en arquitectura

A esa primera década del siglo XX en Yucatán le han llamado también el “porfiriato henequenero” pues se caracterizó por la monopolización del comercio del henequén por parte de una élite de hacendados apoyados por el entonces gobernador Olegario Molina -quién además era un notable comerciante-; artífice de abusos dictatoriales que convirtieron a las haciendas henequeneras en sitios donde reinaba un régimen de casi esclavitud y donde los despojos de las tierras no fueron ajenos a esta situación. 

Fue tal el potencial de esa época, que las 846 haciendas henequeneras registradas en 1910 tenían superficie cultivada de 193,830 hectáreas solo de ese agave, y en el presente, solo contamos con alrededor de 20,000 hectáreas de todo tipo de cosecha, en un territorio de 3,952,400 hectáreas.

En aquellos tiempos proliferaron las obras públicas y mejoras materiales, y cada espacio que se construía tenía su propio encanto, y esto lo podemos apreciar en los sitios erigidos en esa época que han sobrevivido a los embates que algunos han querido disfrazar con la llamada modernización.

La decadencia y su reflejo

Mucha de esta arquitectura vernácula, e incluso más antigua y edificada durante la colonia o el período independiente ha sucumbido ante la mirada de los pobladores que no han podido o no han querido impedirlo. 

Algunos han desaparecido debido a factores ajenos a la voluntad de insensibles personajes, como por ejemplo, el 12 de diciembre de 1921, ante la mirada atónita de los meridanos, se desató un incendio que consternó a toda la ciudad ya que inmensas llamas que se elevaron a gran altura devoraron a su paso la “Casa Pinelo”, las oficinas del ingenio “Yokopita”, el hotel “Alameda” o la cantina “El rincón” ubicados en la calle 56 por 61 y 63.

Luego de ello, el único sitio de estos que vio nuevamente la luz en el lugar -no obstante de la apertura de la segunda calle nueva- fue el bar, siendo su propietario por aquellos tiempos D. Cornelio Aranda. Pero este fue un caso excepcional, ya que otras propiedades que han dejado un vacio en la ciudad como la colapsada en el centro histórico hace algunos días se deriva de su abandono; unas por estar intestadas, otras por falta de recursos, y terceras porque sus propietarios las dejan ante la incapacidad de las autoridades en otorgarles los permisos correspondientes.

Pero haciendo un recuento del panorama, comúnmente los artífices en las demoliciones son los propietarios que operan con la complicidad de autoridades estatales o federales. La lista es bárbara, y tristemente es a pesar que existe un reglamento que las protege, siempre coexiste una mano negra que los solapa.

A lo largo de esta serie citaremos casos destacados en los que nuestro patrimonio edificado ha desaparecido a pesar de ser evidente la ilegalidad con la que se esgrimió.

(Mi correo es [email protected] y twitter @sergiogrosjean)

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