22 de Septiembre de 2018

Yucatán

El Ilustrador: Se caerá el Convento de Monjas

Sergio Grosjean hace un llamado a las autoridades estatales y municipales para intervenir de inmediato en el rescate del histórico edificio meridano.

Las monjitas se la pasaban enseñando música, entre otras bellas artes, en Monjas. (Sergio Grosjean/SIPSE)
Las monjitas se la pasaban enseñando música, entre otras bellas artes, en Monjas. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Inmerso en una bruma de leyendas, se conocen muy pocos pasajes de la historia de uno de los íconos arquitectónicos de Mérida y de Yucatán. Es, sin duda, una de las edificaciones más importantes de la región no sólo por su estilo arquitectónico y temporalidad, sino por sus habitantes.

Hago referencia al antiguo convento de Nuestra Señora de la Consolación mejor conocido como el Convento de Monjas. Recorrer el sitio es una aventura que te transporta por el tiempo, y no es extraño escuchar historias sobre pasadizos subterráneos, de monjas enclaustradas o de cuentos recreados gracias a la ágil pluma de diversos novelistas como Eligio Ancona o Justo Sierra O'Reilly.

Transitar entre sus muros es recordar también algunos documentos empolvados en los archivos que narran pasajes reservados de sus habitantes, como el caso de una criada que tenía la particularidad de levitar, así como de exteriorizar una luz por los ojos y boca a lo que las religiosas le atribuían causa divina.

El Convento de Monjas de Mérida no constituye únicamente una edificación que albergó religiosas concepcionistas y que funcionó por cerca de dos siglos y medio, sino que fue un lugar en el que existieron individuos que llevaron un estilo de vida poco conocido por la sociedad yucateca, ya que el convento sirvió también como orfanatorio, asilo y como colegio donde se educaba a niñas pobres o ricas, y a decir de algunos intelectuales, donde se observaba la “más exquisita moralidad, piedad y espíritu de trabajo”.

Se sabe que en los conventos novohispanos se enseñaba, efectivamente, la lectura, la aritmética y se establecían auténticos conservatorios musicales y el caso del Convento de Monjas seguramente no era la excepción a la regla. 

De igual manera, otras muchas acciones desarrollaban estas mujeres entregadas a la vida espiritual y, por citar algún ejemplo, durante la peste de 1726 el Convento también sirvió de asilo para viudas y ancianas que no tenían refugio alguno, puesto que gran parte de ellas había perdido a sus familiares.
 
Hasta antes de su expropiación en 1867, el Convento ocupaba una extensión de 22 mil 836 metros cuadrados, de los cuales un 50% del área total fue de espacios construidos, y otro muy buen lote era un huerto donde cultivaban para su consumo y venta, aunque también ofrecían chocolates, panes y conservas que producían.

Peligro de derrumbe

Por aquel entonces, el Convento ocupaba una superficie comprendida desde la calle 64 a la 66-A entre 61 y 63, ya que la arteria 66 entre 61 y 63 no existía, y cuando se expropió y se lotificó esta vialidad se abrió, tal y como ahora se están abriendo grietas a todo lo largo y ancho del templo ya que por desgracia, esta magnífica edificación que sobresale por su maravilloso mirador, único en su tipo en México, está en grave riesgo de perderse debido a la falta de mantenimiento.

No es suficiente el esfuerzo y la buena voluntad del sacerdote Martín para sacar de esta grave situación a esta magnífica obra arquitectónica. Es increíble que un personaje como este hombre de origen polaco le ponga más empeño en intentar rescatarla que los mismos yucatecos.

Y esto también va para la administración estatal y municipal, ya que esta obra arquitectónica es emblemática del estado y no se vale dejarla a su suerte. Y para que luego no digan que nadie lo dijo, pero si a esta construcción no se le invierten recursos a la voz de ya, en breve se caerá.

Ya para concluir y, en tema aparte, muchos me han preguntado la razón por la que termino mis artículos con alguna frase que reza “por los calzones de…”, o “por las enaguas de…”. Simplemente les contesto que no es de mi autoría ya que no lo plasmo, sino más bien es una ocurrencia de nuestro amigo y director del diario De Peso, Luis Boffil, quien como esté de humor el día “D”, lo que le venga en mente asienta. ¡Por las trusas con su “franja de nicotina” del Boffas! 

Mi correo es [email protected] y Twitter: @sergiogrosjean  

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