20 de Octubre de 2018

Yucatán

Lo que el viento se llevó (3)

Inexplicables resultan varias edificaciones en el Centro Histórico de Mérida, como el templo Mormón y el mercado San Benito.

Hubiera sido muy lindo mantener la fachada original del mercado Lucas de Gálvez. (Sergio Grosjean/SIPSE)
Hubiera sido muy lindo mantener la fachada original del mercado Lucas de Gálvez. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hoy nos referiremos a un edificio que ha sido testigo de decisiones que han marcado el rumbo del estado, y me refiero a la sede del Palacio Legislativo. Muchos recordarán que antes de la actual desangelada edificación, ocupó este espacio el llamado “elefante blanco” que suplió a la bella construcción que albergó en 1912 al Club de Mérida.

Por otro lado, una arquitectura que pocos pueden explicarse cómo logró consolidarse en pleno siglo XXI es el templo Mormón, ubicado en la calle 70 del Centro.

Este es un caso sorprendente, ya que se demolió más de media manzana para construir un complejo que atenta contra el paisaje visual debido a su arquitectura y no puedo imaginarme una razón para autorizarlo que no se relacione con el término de corrupción, ya que es inconcebible  que los arquitectos del INAH hayan avalado tal obra en el Centro Histórico y, en caso contrario, sería justo que nos ofrecieran argumentos para haberlo secundado.  

Otra destacada e incongruente decisión de los arquitectos de esa institución, fue la autorización de la construcción del mercado de San Benito, ya que su diseño de ninguna manera se justifica al considerar su ubicación y entorno.

Ya que hacemos referencia a mercados, nos informó “El frente común por los mercados” que tanto el San Benito como el Lucas de Gálvez se encuentran en pésimas condiciones.

Por ejemplo, en el primero, estacionarse en el subterráneo puede ser un reto hasta para el más intrépido conductor ya que si por infortunio –como en mi caso- sólo ubicas lugar al fondo, será una hazaña descender del vehículo sin salpicar en los zapatos con agua putrefacta.

En el Lucas de Gálvez es perceptible que los baños carecen de agua ya que siempre están malolientes; de la cañería dañada emanan insanos olores, aunado a que se producen lodazales; la instalación eléctrica es deficiente y los techos están en malas condiciones.

Como cada semana, nos leemos el próximo lunes. Esta historia continuará… 

Mi correo es [email protected] y Twitter: @sergiogrosjean

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