15 de Diciembre de 2017

Yucatán

Yucatán: Lo que el viento se llevó (6)

Los cenotes fueron las piscinas del pasado; actualmente han recobrado ese valor, ya que por muchos años fueron usados como sumideros.

Varios cenotes de Mérida fueron utilizados como albercas, algunas públicas. (Sergio Grosjean/SIPSE)
Varios cenotes de Mérida fueron utilizados como albercas, algunas públicas. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Rememorando el majestuoso pasado de Mérida, no podemos dejar fuera de esta serie una de las maravillas más importantes de Yucatán, y me refiero a los cenotes.

Décadas atrás, varias de las majestuosas cavidades fueron reutilizadas por los antiguos propietarios y constructores, sobre todo en la ciudad de Mérida, como un sano condimento de la edificación, pues este encanto de la naturaleza proporcionó a los propietarios y sus familias un importante sitio de esparcimiento que obviamente supieron re-aprovechar.

De piscinas a sumideros

Comúnmente, la construcción de las antiguas casonas se realizaba a un costado de estas formaciones, con la intención de que sus cenotes se localizaran en los enormes jardines, y para hacer más cómodo el acceso les adaptaron escaleras de piedra, pues no podemos olvidar que en la ciudad de Mérida el manto freático ronda en los 8m. Éstas fueron las piscinas del pasado y, por fortuna, en el presente se ha recobrado ese valor, ya que por muchos años, gente inconsciente los utilizó como sumideros.

Cenotes que podemos citar como buenos ejemplos de su utilización particular y comercial son varios, muchos han desaparecido y otros han dejado de ser atractivos. Tenemos el que estuvo  ubicado en la llamada “Casa del Minarete”, localizada sobre el Paseo de Montejo a un costado del Banco de México. Este cenote era pequeño y muy bonito, pero todo parece indicar que con el paso del tiempo se azolvó y fue tapiado para construir un estacionamiento que diera cabida a los vehículos de la propiedad pues pasó de ser una residencia habitacional a sede de una empresa, y sus hermosos jardines han desaparecido.

El "Tívoli"

Un cenote que tuvo gran tradición en su momento, es el llamado “Tívoli”, ubicado en la esquina de la calle 45 con 62, donde actualmente se asienta el Instituto Comercial Bancario. Esta propiedad perteneció al licenciado Albino Manzanilla Canto, y la construcción de la casa se realizó en el año de 1880. En ese entonces, existió en el sitio un establecimiento de duchas, regaderas de baño de cenote, nombrado desde 1890 como “El Tívoli”. En su contorno había una serie de cuartos pequeños donde se hallaban las duchas, y los sábados y domingos eran los días de mayor afluencia de visitantes.

En esos remotos años, el administrador del negocio era el señor Ángel Cárdenas, quién además atendía una pequeña tienda de abarrotes y miscelánea ubicada en la misma esquina, conocida también como “El Tívolí”.

El "Huolpoch"

Otro legendario cenote de Mérida es el llamado “Huolpoch”, ubicado en el predio 510-C de la calle 39, justo en el cruzamiento con la 62-A. Según Luis Santiago Pacheco, en 1876, el señor Felipe Contreras compró dicho terreno con el propósito de cultivar hortalizas, y cuando los trabajadores hacían labores propias de limpieza encontraron el cenote. Una vez enterado el propietario de tal hallazgo, se entusiasmó tanto que personalmente prosiguió las labores, pero en un descuido fue mordido por una serpiente conocida como huolpoch y de ahí el nombre del cenote, que luego le daría fama a los comercios cercanos a él, creando así un punto de referencia para los habitantes de la ciudad.

De acuerdo con Gaspar Gómez Chacón, en la década de 1940, ese predio fue adquirido por su familia y convertido en una especie de piscina pública donde acudían vecinos del rumbo. 
Alrededor de 1954 dentro de ese cenote se instaló ahí una cantina muy especial y se cuenta que los extranjeros, al ver que el cuerpo de agua tenía alguna similitud con las fuentes europeas, tiraban ahí monedas para atraer la buena suerte, pero no consideraban que luego los niños se sumergirían en el cenote para rescatar esas monedas para comprar alguna golosina o refrigerio.

Finalmente, agradecemos al Grupo Espeleológico Ahau habernos invitado a apoyarles a realizar el levantamiento de un cenote ubicado en la av. 128, mismo que vale la pena rescatarlo del abandono.

Ya hablaremos del tema en la siguiente entrega.

Mi correo [email protected] y twitter @sergiogrosjean

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