14 de Agosto de 2018

Yucatán

Simpáticos cenotes meridanos

Entre los cenotes usados para esparcimiento está el del centro nocturno Tulipanes, el de la cantina Sambulá y el Pikitbeh, en el aeropuerto.

Como en el cenote del "Tulipanes" no se permitía nadar hasta hace poco, era evidente la fauna que allá habitaba. (Sergio Grosjean/SIPSE)
Como en el cenote del "Tulipanes" no se permitía nadar hasta hace poco, era evidente la fauna que allá habitaba. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace un par de semanas hablamos de cenotes meridanos que fueron aprovechados como sitios de esparcimiento, tal y como podría transformarse el cenote de “Mitza” que citamos en la anterior entrega de este material.

Un cenote de gran tradición en la ciudad de Mérida que no puede quedar exento de nuestra  remembranza es el denominado “Tulipanes”, ubicado en la calle 42 No. 462 por 43-A de la colonia Industrial. Esta cavidad formó parte del escenario de un restaurante turístico que allá ha funcionado por varias décadas, y aunque tuvo algunos cambios de nombre, el atractivo siempre fue el cenote pero curiosamente en éste no se permitía nadar, y gracias a ello hasta hace poco era evidente la fauna que allá habitaba.

Impactante sacrificio humano

Durante muchos años, cada noche se representó el sacrificio de una doncella maya a Chaac, el dios maya de la lluvia, que salía del agua de este cenote en busca del corazón ofrendado por los antiguos mayas. Lo curioso del caso es que el actor llegaba al cenote a través de un pozo y los visitantes no lo veían; al aparecer de repente en las aguas asustaba a los presentes. 

Otro simpático lugar era el cenote denominado “Sambulá”, ubicado a un costado de la avenida Itzaes, contraesquina donde estuvo por muchas décadas la antigua refresquera internacional.

Hace aproximadamente 40 años funcionó en ese sitio una cantina que llevaba el mismo nombre, y los propietarios utilizaron el cenote como un área de servicio. Los clientes accedían a la cavidad a través de una rampa natural, y las bebidas espirituosas y botanas eran enviadas por un pozo empleando un rústico sistema de sogas y poleas.

'Pinil' para desinfectar

Lo curioso del caso es que luego de que los parroquianos que ocupaban la cavidad se retiraban, los propietarios le echaban “Pinil” al agua con la supuesta intención de desinfectarla. La razón de usar ese producto era porque el agua quedaba de color blanco, y hasta que no volviera a su matiz original debido a la incipiente corriente no permitían el acceso a nuevos clientes, y aseguraban que con eso los nuevos visitantes no contraigan alguna infección.

Obviamente que debido a ese tratamiento las especies acuáticas nativas que allá habitaron, desaparecieron. 

Cenotes aeroportuarios

Otra cavidad que es de llamar la atención, debido a que funcionó como el balneario de pilotos, sobrecargos y empleados del aeropuerto, es el ubicado en la poligonal del puerto aéreo de Mérida “Manuel Crescencio Rejón”, nombrado así en honor a este connotado jurista yucateco.

El cenote llamado Pikitbeh se encuentra al final de una de las pistas del aeropuerto, y hay otro localizado en la misma poligonal que debido al desconocimiento de su nombre original, fue denominado Pikitbeh II por José Ruiz Silva, quien ha sido responsable del Atlas de los Cenotes del Estado de Yucatán por más de una década. El segundo cuerpo de agua posee el petrograbado de un cocodrilo.

Aquí nos referiremos únicamente al primer cenote, pues además de ser el que utilizaba para bañarse debido a su fácil acceso, es el más grande. El Pikitbeh tiene una cueva inundada de 700 metros de longitud aproximadamente, pero el cuerpo de agua donde las personas se bañaban es pequeño. Las crónicas nos relatan que allá se realizaban grandes fiestas en petit comité por parte de las tripulaciones de algunas líneas aéreas extranjeras, pues para ellos era algo muy exótico ir a bañarse a las transparentes aguas del cenote y, de paso, ingerir algunas bebidas espirituosas. Esto lo hacían el día de su llegada y el de su descanso.

Proyecto rescatable

Hubo un proyecto muy ambicioso que vale la pena rescatar y fue habilitar el cenote como atractivo para los turistas que llegan al aeropuerto; en el inicio de ese plan, los bomberos “manguerearon” toda la cavidad para limpiarla pero por desgracia hasta allá llegó el sueño.

Por cierto, hablando de bomberos y colegas de las artes libatorias, hoy lunes habrá una reunión en el bar “Chemas” para recordar a nuestro ilustre comandante Roger Barroso. 

¡Que se les pudran los chones a los que falten! 

Mi correo es [email protected]; twitter: @sergiogrosjean

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