20 de Septiembre de 2018

Yucatán

'La Carta magna del Evangelio'

Debe nacer la ciudad de los que eligen la palabra de Dios como guía de sus vidas y como antorcha de su esperanza.

Cristo vive dominando: Sabiduría, justicia, santificación, redención. (Foto de contexto: wol.jw.org)
Cristo vive dominando: Sabiduría, justicia, santificación, redención. (Foto de contexto: wol.jw.org)
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IV Domingo del Tiempo Ordinario

Sofonías 2, 3; 3, 12-13; Salmo 145; I Cor 1, 26-31;Mt5, 1-12

I.- Sofonías 2, 3; 3, 12-13

En la liturgia de este domingo tenemos delante de nosotros un estupendo tríptico bíblico.La primera lectura está tomada de un pequeño libro que consta de cincuenta y tres párrafos escritos por el profeta Sofonías hacia el final del siglo VII A.C.

Su mensaje está constantemente en dos vertientes: Por un lado anuncia la ira de Dios, “El día del Señor”, contra todos los hombres poderosos y corruptos de su Pueblo y por otro enciende la antorcha de la esperanza para aquellos indefensos que han resultado las víctimas.En el texto que ahora nos ocupa se contempla el horizonte iluminado hacia el cual camina este pueblo formado por esos humildes y esos pobres. Ellos son el núcleo con el cual Dios reedificará de nuevo a su Pueblo santo.

Los políticos prepotentes se parecen a leones que rugen, deseosos de presas, pero han desaparecido, al igual que los jueces corruptos, “lobos de la noche”, siempre hambrientos. Los “falsos profetas” han desaparecido también.Debe nacer así la ciudad de los justos, humildes, pobres; de aquellos que eligen la palabra de Dios como guía de sus vidas y como antorcha de su esperanza.

Esta es una de las páginas más luminosas del “espíritu de pobreza”, que encuentra su máxima expresión, en las bienaventuranzas de Jesucristo en el Nuevo Testamento. Los “Pobres del Señor” como los llama la Sagrada Escritura, son aquellas personas humildes y disponibles, que no se fincan en la fuerza de su prestigio, o en su poder de influencia, o en la cantidad de sus bienes, o en los cargos que ocupan; y por lo cual Jesús los coloca en el vértice de la lista de las bienaventuranzas: “pobres”, pero “de corazón” y “humildes”.

II.-  Cor. 1. 26-31

Habiendo constatado Pablo el hecho del desacuerdo y de la división en la Iglesia de Corintio (1, 10-17) ofrece a continuación sus puntos clave del discernimiento:

1.La necesidad de la cruz
2.La sabiduría de Dios

De hecho, san Pablo hace un discernimiento, para hacer comprender que toda buena evaluación aprecia y distingue entre positivo y negativo. (1 Cor 1, 21-25) y después lo proyecta sobre la constitución misma de cómo se ha edificado la Iglesia ahí.Los que se han convertido al cristianismo, eso constata el apóstol, no son los más ricos o de clases más altas. Dios no ha querido que la superioridad humana resalte.

Insiste en la iniciativa libre, divina, que ha tomado de entre la población a aquellos olvidados, despreciados, para gratificarlos con toda la riqueza de la salvación. Para que así nadie pueda gloriarse delante de Dios. La única gloria del hombre es Dios mismo.Así se revela esa aparente paradoja de la actuación de Dios, que puede prescindir de la sabiduría, ciencia y poder humanos, para que aparezca así esplendorosa la superior sabiduría de Dios.

Cristo vive dominando: Sabiduría, justicia, santificación, redención.En Él se realiza todo lo revelado y profetizado en el Antiguo Testamento, ya que ahí la Sabiduría colaboraba en la obra de Dios de la creación, en cambio en el Nuevo Testamento es la persona de Cristo mismo. Él introduce a los creyentes al conocimiento de los misterios de Dios y de sus elecciones.

Cristo es Justicia, el nombre mesiánico: “Señor justicia nuestra” (Jer 23,6), se aplica ahora a Jesús, la aplicación del derecho en la equidad, que es una cualidad de Dios mismo en el que se expresa su santidad.

Cristo es Santo, en el Antiguo Testamento es una cualidad de Dios mismo. Cristo es nuestra santificación; es el Santo de Dios, Él nos comunica esa santidad, nos santifica, haciéndonos así partícipes de la cualidad que caracteriza la esencia de Dios mismo.

Cristo es nuestra Redención. En el Antiguo Testamento, el verbo “redimir” indicaba el acto de liberación de Dios a favor de su pueblo; liberación de la esclavitud de Egipto o del exilio de Babilonia; y sobre todo liberación de los pecados. Que se realiza en forma definitiva en la presencia de Cristo que revela y redime a toda la humanidad.

III.- Mt 5, 1-12.

Estamos ante la célebre página de las “Bienaventuranzas”, que es el primero de los cinco discursos que son las columnas sobre las que se apoya la predicación de Jesús, según san Mateo.

El escenario es importante porque se ve a Cristo como nuevo Moisés que ha subido al monte para ofrecernos la nueva Palabra de Dios. Y los primeros destinatarios son los “pobres de espíritu”, una expresión bíblica que desea expresar aquellos que tienen un corazón, una conciencia, una intimidad del verdadero “pobre”. Esta palabra es la clave para encontrar el vínculo de las tres lecturas.Su significado es aquellos que están “encerrados” es decir víctimas indefensas en manos de los poderosos, que es una multitud inmensa de todas las razas y los pueblos.

Este retrato del “pobre”, sería insuficiente, porque como vemos en Sofonías, pobres son: los justos, humildes, mansos, fieles a Dios. Que muy bien dice Mateo “pobres de espíritu”.Esta frase ha sido siempre a través de los siglos fuente de discusiones y equívocos, como sí Jesús promoviera una distancia vaga de los bienes materiales, aunque se posea todo y demasiado.Tampoco es el miserable, porque se puede ser indigente y egoísta teniendo con avaricia la única moneda que se posee.

Es aquel que sabe ser dueño de sí, y sabe mantener su desprendimiento concreta e interiormente de las cosas, y que no funda su seguridad y confianza, sobre los bienes, éxitos, realizaciones, ni sobre los ídolos fríos de las riquezas y el poder.Su corazón no se cierra al otro, ni se endurece ante sus necesidades; no es arrogante, ni obstinado, ni temerario; sino humilde para permanecer abierto a Dios y a los hermanos. Y aunque a veces aparezca a los ojos de los demás como un derrotado, sobre él se ponen los ojos del Señor, y con él Dios quiere construir un mundo diferente, como dice el salmo:

“Lo has visto ya, que la pena y la tristeza
las miras tú para tomarlas en tu mano:
el desvalido se abandona a ti,
tú socorres al huérfano,

El deseo de los humildes escuchas tú, oh Yahvé,
su corazón confortas, alargas tus oídos,
para hacer justicia al huérfano y al vejado...! (Salmo 10).

Conclusiones

  • 1.Jesús nos presenta el camino de la felicidad en la búsqueda de la pobreza, más aún en ser pobres, con esa pobreza que da testimonio ante los contravalores del poder, de la riqueza y de la autoridad de este mundo, que no son puestas al servicio de los intereses de su Reino.
  • 2.Busquemos en la escucha de la Palabra de Dios  la sabiduría, pues hoy estamos más necesitados de gente que guste y ame la sabiduría y no sólo de los que tienen proyectos y soluciones que se encierran en el ámbito de la inteligencia humana.
  • 3.La llegada del Reino, que Jesús anuncia e inaugura, nos lleva a dar gloria al Padre Dios por el camino de la fraternidad y de la solidaridad humanas, especialmente con los más necesitados de nuestras comunidades y del mundo entero.
  • 4.Las lecturas de este domingo son una invitación, desde distintas situaciones históricas, de la importancia que tiene el abandonarse plenamente a la confianza en Dios, esa confianza de la gente sencilla que todo lo espera del Padre Dios. Precisamente aquellos que viven en comunidades pobres y desposeídas nos dan muchas veces ejemplo de que para ellos Dios es de verás el absoluto y es su única riqueza.
  • 5.Por último, en nuestra experiencia de pastores podemos constatar, con frecuencia, la importancia y el valor que tienen en nuestro mundo esos líderes que la gente reconoce como tales, pero no por su poder económico o por su inteligencia humana, sino por su testimonio de vida, esos líderes morales, que en muchas ocasiones se han forjado en la escuela de la sabiduría de Dios, que es el sufrimiento o la persecución.
  • Hay gente que sufre y hace de su sufrimiento ofrenda agradable al Padre.

Amén.

Mérida, Yucatán, Enero29 de 2017

+ Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo Emérito de Yucatán

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