20 de Septiembre de 2018

Opinión

La inigualable Ligia Cámara vivirá siempre en el corazón de los amantes de la Música

Hay seres que permanecen siempre cerca de nosotros, aun cuando el destino los haga partir...

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Hay seres que permanecen siempre cerca de nosotros, aun cuando el destino los haga partir abruptamente a otras latitudes. Tal es el caso de la siempre recordada Ligia Cámara: admirada pianista y cantante de profunda voz, fecunda compositora de temas yucatecos, eficaz directora musical, miembro distinguido de nuestra comunidad artística y, ante todo, entrañable e inolvidable amiga. A los tres años aprendió a tocar el piano, a los cuatro estudió el violín, a los siete ya tocaba la guitarra. Estudió la carrera de educadora, que ejerció hasta su jubilación, y falleció repentinamente en la plenitud de su arte musical, el 13 de octubre de 2013.

Su nombre completo fue Ligia Trinidad Cámara Blum y había nacido en Mérida el 1 de abril de 1943. Fue una reconocida impulsora del jazz en nuestro medio, apasionada defensora del bolero, pianista acompañante de notables cantantes como Elena Burke y Amparo Montes; directora de su propio Klan Musical, feliz musicalizadora de grandes poetas yucatecos como José Peón Contreras, Rosario Sansores, Carlos Duarte Moreno, Manuel Montes de Oca y Humberto Lara y Lara e inspirada compositora de sus propios temas, como el bolero No vale la pena, el bambuco Sucedió cuando te vi y el preludio-bolero Para ti, con el que culminó su ascendente carrera. Mantuvo una entrañable amistad con los pianistas Judith Pérez Romero, Frank Domínguez, René Touzet, Pedro Carlos Herrera y Rodrigo de la Cadena con los que alternó en inolvidables noches en el Teatro Peón Contreras.

Hizo frecuentes giras a Cuba y a las ciudades de México, Guadalajara, Monterrey y Campeche. Participó en las seis ediciones del Festival Internacional de Bolero en Yucatán (1995-2000), Festival Internacional Cervantino (2005) y Festival del Danzón de La Habana (2008). Su presencia fue muy aplaudida en los mejores teatros del sureste y de otras ciudades. El Ayuntamiento de Mérida le confirió la Medalla Guty Cárdenas (2008) y la Sociedad Artística Ricardo Palmerín, de la que fue directora musical, le otorgó post mórtem la Medalla Ricardo Palmerín (2014).

A Ligia le debo la musicalización de mis poemas Dos palmas cubanas (1975), A veces (1997), El son de tu mirada (1998) y Como sangre herida (1999), con el que ganamos el segundo premio del Festival Juan Acereto 2000.

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