19 de Noviembre de 2018

Yucatán

La leyenda que viajó de Hamelin a Izamal

Según dicen, con un instrumento similar al del cuento habrían obligado a los indígenas a construir el convento franciscano.

Nadie imaginaría que para construir el convento de Izamal se utilizó magia con flautas para hipnotizar a los indígenas, a fin de que trabajaran gratis. (Jorge Moreno/SIPSE)
Nadie imaginaría que para construir el convento de Izamal se utilizó magia con flautas para hipnotizar a los indígenas, a fin de que trabajaran gratis. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- El flautista de Hamelin es una fábula o leyenda de Alemania, documentada por los Hermanos Grimm, cuyo título original traducido al español es “El cazador de ratas de Hamelin”, que cuenta la historia de una misteriosa desgracia acaecida en la ciudad de Hamelin, Alemania, el 26 de junio de 1284. 

Ese año, la ciudad de Hamelin estaba infestada de ratas. Un buen día apareció un desconocido que ofreció sus servicios a los habitantes del pueblo. A cambio de una recompensa, él los libraría de todas las ratas, a lo que los aldeanos accedieron.

Entonces, el desconocido flautista empezó a tocar su instrumento y todas las ratas salieron de sus cubiles y agujeros y se dirigieron hacia el origen de la música. Una vez que todos los roedores estuvieron reunidos en torno al flautista, éste empezó a caminar y todas las ratas le siguieron al son de la música. El flautista se dirigió hacia el río Weser y las ratas, que iban tras él, perecieron ahogadas.

Regresa por la venganza

Cumplida su misión, el hombre volvió al pueblo a reclamar su recompensa, pero los aldeanos se negaron a pagarle. El cazador de ratas, muy enfadado, abandonaría el pueblo para volver poco después, el 26 de junio (fiesta de los santos Pedro y Pablo), en busca de venganza.

Mientras los habitantes del pueblo estaban en la iglesia, el hombre volvió a tocar con la flauta su extraña música. Esta vez fueron los niños, 130 niños y niñas, los que le siguieron al compás de la música, y abandonando el pueblo los llevó hasta una cueva.

Nunca más se les volvió a ver. Según algunas versiones, algunos de los chiquillos se quedaron atrás, un niño cojo que no los pudo seguir por no poder caminar bien, uno sordo, que sólo los siguió por curiosidad, y otro ciego, que no podía ver hacia dónde los llevaban y se perdió, y estos les informaron a los aldeanos lo que pasó.

En otras versiones, el flautista retorna a los niños una vez que los aldeanos le pagan lo que le prometieron.

Las primeras menciones de esta historia parecen remontarse a un vitral que existió en la iglesia de Hamelin alrededor del año 1300. El vitral fue descrito en diferentes documentos entre los siglos XVI y XVII y, al parecer, fue destruido alrededor del siglo XV.

Inspirado por dichas descripciones, Hans Dobbertin creó en esta época moderna un vitral, el mismo que hoy puede admirarse en la iglesia de Hamelin. Esta obra recrea una imagen de la leyenda donde se ve al flautista vestido coloridamente, guiando a los niños vestidos de blanco, fuera del pueblo.

La investigación

En el siglo XII (en los tiempos en que ocurre este caso) era conocida una magia en lo que hoy es Alemania y los Países Bajos llamada “musicsh”, la cual consistía en una especie de “hipnosis” a través de la música de viento (flautas principalmente), mediante la cual se habría realizado el hechizo de los ratones y los niños de Hamelin.

Antiguos escritos mencionan que esta magia se popularizó un siglo después en Francia, Portugal y España y que fue adoptada por parte de la tripulación del almirante portugués Cristóforo Colombo, mejor conocido como Cristóbal Colon, en su viaje a América.

La magia fue utilizada, incluso, en la antigua Tenochtitlan y se le cambió el nombre a “Pariri” y “guaje”, ya que incluso la realizaban a través de chiflidos.

Tiempo después, los sacerdotes franciscanos promovieron una ley para prohibir esa magia y muchas más, aunque sus detractores aseguran que, por un tiempo, ellos mismos la usaron a su conveniencia.

Esto también se dice que ocurrió ni más ni menos que en Izamal, Yucatán, ya que antiguos textos señalan que, para la construcción del convento de San Antonio de Padua (en el siglo XVI) se usaron a decenas de indígenas, a quienes “hipnotizaron” para trabajar gratis en la construcción del edificio, gracias a unos franciscanos que se turnaban para tocar una flauta trabajada con esta magia. Se afirma que era tal el poder de esa música que podían trabajar más de 20 horas sin parar, aunque después terminaban casi muertos.

Esta flauta podría permanecer celosamente resguardada en ese convento, aunque hay quienes afirman que fue destruida y otros más creen que está enterrada en algún sitio de Izamal o en Mérida.

Según me comentaron mis fuentes, desde hace más de dos siglos la flauta estuvo resguardada en un domicilio de la ciudad de los cerros, pero de a poco fue perdiendo su “valor histórico” y la última vez que la vieron, hace como 30 años, estaba arrumbada en una bodeguita de una casa particular.

Se dice que, para activar la magia se necesita una partitura especial, así como una invocación, ¿se imaginan que la flauta funcionara y que fuera verdad que una de esos instrumentos mágicos esté en Yucatán? 

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