21 de Agosto de 2018

Yucatán

La niña que aún pide a su mamá, en Valladolid (I parte)

La Casa de la Cristiandad de la Sultana de Oriente tiene una oscura historia.

Fachada de la Casa de la Cristiandad de la Sultana de Oriente, que antes fue un prostíbulo. (Jorge Moreno/SIPSE)
Fachada de la Casa de la Cristiandad de la Sultana de Oriente, que antes fue un prostíbulo. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- En 2005 escuché por primera vez sobre los fenómenos paranormales que ocurrían en la “Casa de la Cristiandad” de la ciudad de Valladolid, donde supuestamente el fantasma de un ahorcado rondaba por el interior y los alrededores, sin embargo fue hasta dos años después cuando pude obtener información fidedigna.

Fue en diciembre de 2007, durante una presentación de la Gira Misterios, cuando uno de los organizadores del evento y oriundo de esta ciudad, me platicó que él formaba parte de un grupo apostólico que acudía a la Casa de la Cristiandad, y que durante un retiro espiritual él y su compañero vieron dentro de la habitación que les asignaron la sombra de una persona colgada del techo –como si se hubiera ahorcado- y de hecho no era la primera vez que esto ocurría, pues otras personas también ya habían reportado lo mismo.

Este fenómeno se daba siempre en el mismo cuarto –el número seis- e incluso, para evitar que los nuevos feligreses que tomaran el retiro se sugestionaran, el encargado del lugar cambió los números de las habitaciones sin decirle a nadie, pero fue inútil, pues cuando se le cambió al “número 2”, los jóvenes de nuevo ingreso también reportaron el mismo fenómeno en esa habitación y no en el nuevo “número seis”; así, de cierto modo se pudo confirmar que lo que ahí pasaba era real y no inventos de algunos posibles bromistas.

¿Quién era el ahorcado? ¿Qué buscaba? ¿Por qué se aparecía en la “casa de Dios”? Había muchas interrogantes por responder y no me cabía la menor duda que con una investigación a fondo podría obtener datos importantes y quizás aclarar el misterio.
 
Tras la conferencia, regresé a Mérida, pero programé, a las pocas semanas, un viaje de tres días a Valladolid; mi objetivo era obtener toda la información que fuera necesaria para tratar de entender lo que ahí  pasaba y luego hacer un recorrido al interior de la Casa de la Cristiandad y sus alrededores.

Conseguí información clave de diversas fuentes y de esa forma pude monitorear sucesos históricos y/o trágicos que dentro del contexto de mi investigación pudieran ser relevantes en este caso.

Prostíbulo de "caché"

Me enteré que el edificio que ahora es la Casa de la Cristiandad (el cual se ubica en la colonia X'Corazón), fue hace muchos años un conocido y prestigiado prostíbulo o centro nocturno a donde acudía gente no sólo de Valladolid, sino también de municipios cercanos. Las “parrandas” de los clientes podían durar hasta días, mientras tuvieran el dinero para pagar el alcohol y las “fichas” de las meseras y bailarinas, las cuales en su momento fueron las mejores de la región.

Con cierta frecuencia había pleitos entre los clientes, quienes, al calor del alcohol armaban broncas tanto dentro como fuera del lugar, algunos llevaban armas de fuego, lo que hacía aún más peligroso estar en el interior del local.

“En una ocasión, una bala perdida durante un pleito hirió en el brazo a un cliente que no estaba interviniendo en el altercado”, me dijo el encargado del hotel en donde me hospedé, quien se enteró de esto porque su abuela conoció a la mamá del herido.

Gente adinerada e influyente también se daba cita en este lugar, lo que propiciaba incluso anécdotas curiosas, como la que me platicó el hijo de un expolicía de Valladolid:

“Cuando mi papá trabajaba como policía en el Ayuntamiento pasó algo muy chistoso. Resulta que un día les llamaron para reportar que había pleito en el prostíbulo; el caso era que un señor 'entacuchado' y muy borracho estaba cometiendo desmanes, ya hasta había sacado su pistola para amenazar a un cliente; creo que el mesero que llamó era nuevo y no conocía al pleitista, ya que cuando mi papá y otros agentes llegaron muy 'mafufos' con sus pistolas y toletes, descubrieron que el pleitista era su jefe -el comandante- y a gritos y mentadas de madre les ordenó que se regresaran a la base, y ni modo, dieron media vuelta y se retiraron ante la risa de los presentes, por si fuera poco el comandante los suspendió 3 días por la osadía de intentar detenerlo. Por meses fueron la burla de todo el pueblo”, finalizó.

Continuará...

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