18 de Enero de 2018

Yucatán

La trova yucateca 'engancha' por sus románticas letras

En la música yucateca se conjuga el talento de grandes poetas y excelentes compositores que cantan al amor.

La trova yucateca responde a un estilo que nunca muere, cuyo eje es el romanticismo. Por naturaleza se canta al amor, a la familia, a lo noble y positivo de la vida. (Notimex)
La trova yucateca responde a un estilo que nunca muere, cuyo eje es el romanticismo. Por naturaleza se canta al amor, a la familia, a lo noble y positivo de la vida. (Notimex)
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Agencias
MÉRIDA, Yuc.- Definida como “música yucateca” a finales del siglo XIX y su posterior evolución a “trova yucateca” en el siglo XX, esta propuesta musical ha sentado sus bases en un vasto público de diversas regiones del país y cuyo éxito radica en el romanticismo de sus letras hechas canción.

Pese a la mezcla de numerosos ritmos, la principal característica de la trova de Yucatán no radica en estas fusiones por ejemplo del vals europeo, el bambuco colombiano, la habanera cubana o el bolero, sino en el hecho de que grandes poetas son quienes han hecho canciones, musicalizadas por excelentes compositores.

Así, figuras emblemáticas de la canción yucateca como Guty Cárdenas Pinelo, Ricardo Palmerín y Pepe Domínguez, estuvieron asociados al trabajo poético de creadores como Antonio Mediz Bolio, Ricardo López Méndez, Luis Rosado Vega, José Peón Contreras, Víctor M. Martínez, Carlos Duarte Moreno o Manuel Días Massa.

De acuerdo con Notimex, conocedora de este gran legado de la historia musical de Yucatán, la presidenta del Museo de la Canción Yucateca, Elena Fernández Moral, establece que la sensibilidad a la música y la definición de un estilo musical propio de Yucatán, inició desde los mayas.

Música maya, poco estudiada

Poco estudiado, refiere, es el hecho de que los mayas eran mejores ejecutantes de música que los europeos, pero poco se ha investigado debido a que los mayas han deslumbrado al mundo con sus conocimientos astronómicos y arquitectónicos, más que por aspecto como la música, incluso tenían instrumentos propios.

Sin embargo, es a finales del siglo XIX cuando la música yucateca empieza a tener forma y para ello se toman como base ritmos europeos tales como el madrigal de origen italo-franco o el lied, una romanza o poesía que se hizo para contar.

También estuvieron presentes otros géneros como el vals, la clave, el pasillo, el joropo y los sonecillos, aunque varios años después serán el bambuco colombiano, la habanera cubana y la jarana, los elementos que darán vitalidad musical a la trova yucateca.

Así en este contexto, Cirilo Baqueiro Preve “Chan Cil”, con una pequeña orquesta empieza a dar forma a la trova yucateca; su violín y un poder impresionante de improvisación, aunque también inspirado en poetas como José Peón Contreras, hace del madrigal y la lied música con historias locales inspiradas en la bohemia.

En este contexto, la carta de naturalización de la “música yucateca” llegó con “Despedida” poesía de José Peón Contreras y musicaliza por “Chan Cil”, es una canción propia de la época, es decir “plañidera”, de “mucho dolor” de él o ella, pero que se puede apreciar “un verso perfecto, de letra blanca y con música de danza”.

Evolución 'forzada'

Sin embargo, este tipo de creaciones musicales también fue evolucionando –dada su lentitud y contenido dramático- ya que las nuevas generaciones demandaban letras menos tristes y más festivas, sin renunciar al canto a la vida, a la mujer y al amor.

Fernández Moral recuerda que en este revitalización de la trova surge una figura singular, la de Ermilo “Chispa” Padrón que hará más rítmica la trova incluyéndole ritmos caribeños que luego habrán de ser dominados y se crean nuevas expresiones musicales a partir de ello.

Un ejemplo es el caso de Ricardo Palmerín quien tomó como base el bambuco colombiano para dar vida al llamado bambuco yucateco, con una de sus piezas más emblemáticas como lo ha sido “Peregrina”, aunque el “Rosal Enfermo” se consolida como el “primer bambuco yucateco.

Con esta nueva mística que inyectó “Chispa” Padrón a la canción yucateca, llegó el periodo conocido como la “época de oro” de la trova yucateca y con ella el surgimiento de uno de los más grandes exponentes Guty Cárdenas, cuya exitosa carrera se viera trunca por la muerte.

A Guty habrán de secundarlo Ricardo Palmerín y Pepe Domínguez, en la llamada Época de Oro de la trova yucateca, y quienes como era de esperarse asociaron su talento a la poesía de grandes creadores como José Peón Contreras, de Luis Rosado Vega –con quien Palmerín creara Peregrina”, Antonio Mediz Bolio, el “Vate” López Méndez.

Toma personalidad propia

Junto a otros poetas, compositores e intérpretes, como Alfredo Aguilar Alfaro, José Antonio Zorrilla, “Monís”, Manolo López Barbeito, se dio una personalidad propia a la Trova Yucateca y se le reconoció como tal en la década de los 40s del siglo XX.

La irrupción del rock, en los 60 del siglo pasado, provocó un “bajón” en las composiciones de la trova yucateca, lo que sin perder su esencia romántica provocó que una nueva generación de compositores levantara la mano y empezar a hablar de su contemporaneidad.

Entre este grupo de nuevos trovadores se encontraban personajes como Pastor Cervera a quien llamarían a la postre el “último trovador bohemio”, Luis Espinosa Alcalá “El Paisajista”- apodado así por crear música descriptiva de la vida de Yucatán y sus costumbres-, Juan Acereto Manzanilla y Enrique “Coqui” Navarro, seguidos de Sergio Esquivel, Luis Demetrio y Guadalupe Trigo.

Aunque en este contexto la presencia de los hombres ha dominado, la inspiración de la mujer no ha estado ausente, tanto poetizas y compositoras, como grandes cantantes y canta autoras, como Imelda Miller, María Medina, las Maya Internacional, Maricarmen Pérez o Ligia Cámara.

Nueva generación trovera

Elena Fernández Moral destacó el dinamismo que tiene la trova local y que hoy, aunque existen cuestionamientos a su autenticidad –pero tomando los parámetros musicales: poesía y música- una nueva generación encabezada por Angélica Balado, Felipe de la Cruz, César Marrufo, entre otros han dado un renovado impulso a un género musical que permanece vigente, aun en públicos más jóvenes.

La trova yucateca responde a un estilo que nunca muere, cuyo eje es el romanticismo, por naturaleza se canta al amor, a la familia, a lo noble y positivo de la vida, al paisaje y todo de una manera poética.

Uno de los mayores méritos de la música yucateca –entre los que encuentra el más universal de los yucatecos: Armando Manzanero, a quien no se le considera un trovador- es que no se necesita de incluir elemento como el alcohol como un elemento para la seducción del ser amado.

Fernández Moral considera que es parte de la idiosincrasia del yucateco este amor por la música y la poesía, proyectar a través de ellas los sentimientos que llevan a una paz, por ello en las letras está ausentes las amenazas y la violencia.

La cultura yucateca, abunda, es un crisol cultural, por una parte somos herederos de una de las más grandes civilizaciones como es la maya, pero también están representadas las grecolatinas traídas desde España, tal es por eso es que el romanticismo y la paz es parte de nuestra vida cotidiana y también de nuestra música.

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