17 de Noviembre de 2018

Opinión

Las bellas mentiras

El Poder de la Pluma.

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Vivimos en un mundo en el que intentamos con denuedo engañarnos a nosotros mismos y engañar a quienes nos rodean. Cerrando la visión ante ciertas ingratas realidades y ante lo horrendo e injusto que puede llegar a ser el tránsito por esta vida nos hemos creado una serie de mitos que tranquilizan nuestros días y anestesian nuestra alma.

Aseguramos que el hombre es el arquitecto de su propio destino y cerramos discretamente los ojos ante la vida que llevaron artistas como Van Gogh, Monet o El Greco, indudables genios de la pintura universal, despreciados, condenados, tachados de locos, viviendo privaciones, muriendo en la miseria y el absoluto anonimato.

Creadores de arte que seguramente sonreirían socarronamente si les aseguráramos ahora que ellos fueron los arquitectos de su propio destino, para que ahora sean todos alabados ante los ojos de un mundo que, sonrojado por su absurda incomprensión, eleva hoy a quienes antes denostó.

El que persevera alcanza, sería sin duda una frase que haría sonreír a Edgar Allan Poe, quien, como periodista y novelista, sobrevivió siempre con sueldos mediocres, presa del alcoholismo y muriendo prácticamente en la miseria; tendrían que transcurrir muchos años para que fuera reconocido como uno de los más grandes escritores de los últimos dos siglos.

Las historias de Nicola Tesla, Alfred Wegener, Kafka, Galileo y muchos otros señalan con inusitada crueldad que la vida no restituye con justicia el trabajo, esfuerzo o la genialidad que los seres humanos dediquen a su labor y existencia; la vida no es justa, tampoco es injusta, simplemente es indiferente a nuestros méritos.

En múltiples ocasiones el ser humano no determina su propio destino, no por ello podemos asegurar que somos un barco a la deriva; nunca, nadie puede saber con certeza si su esfuerzo será coronado por el éxito. El ser humano es en verdad impredecible y se levanta de las situaciones más adversas, nadie conoce con exactitud sus propios límites, por lo que todo hombre y mujer debe luchar hasta su último aliento, ya que nunca se sabe cuándo la vida coronará con el éxito nuestros esfuerzos.

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