17 de Octubre de 2018

Opinión

Las mejores historias de Navidad

¿Se imaginan pasar la Navidad leyendo?, probablemente no, porque aquí la pasamos...

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¿Se imaginan pasar la Navidad leyendo?, probablemente no, porque aquí la pasamos entre compras de regalos, fiestas y convivencia con la familia y amigos, pero en Islandia existe una bella tradición, se llama Jólabókaflód, que significa inundación de libros por Navidad y consiste precisamente en que el 24 de diciembre la gente regala libros y pasa el día leyéndolos. Esta costumbre comenzó a raíz de la Segunda Guerra Mundial que restringió los productos importados con excepción del papel, lo que propició que los libros fueran una de las pocas opciones para adquirir en Navidad; así, desde entonces, regalar libros y leerlos le da un verdadero sentido a las fiestas decembrinas. Por cierto, no creo que sea casualidad, pero Islandia es el país más pacífico del mundo.

Navidad es una buena oportunidad para leer con los niños y jóvenes y también hacer que ellos mismos escriban sus propias historias navideñas; les sorprenderá sin duda darse cuenta que son capaces de crear historias con un mensaje propositivo, donde prevalecen la amistad, el amor, la paz y la armonía y que los regalos o cosas materiales son algo secundario; lo afirmo porque nuestros alumnos del Cobay del plantel San José Tzal hace unos días realizaron la representación escénica de los cuentos navideños que ellos mismos escribieron junto con la profesora Florencia Pech, quien los animó a contar historias donde en todas prevalecieron el compañerismo, la solidaridad y el pensar en los demás. Estoy segura que estos textos que nacieron de su propia inspiración son los anhelos y los deseos de la juventud que quiere un futuro mejor, donde no imperen la violencia, la enemistad, el miedo y el deseo de destruir al otro, sino todo lo contrario. En cada cuento de Navidad hubo un mensaje para los que ahora estamos construyendo su futuro, escuchar sus voces es parte de nuestra labor y compromiso.

Es por ello que aprovecho estas últimas líneas para expresar mi solidaridad con quien escuchó mi voz y creyó en mí desde la adolescencia y me dio el gran privilegio de ser ahora su colega y amiga, sólo un ser humano con principios, ética e integridad puede inspirar admiración y respeto, con su ejemplo de vida basta para creerle y para admirar la valentía de no dejar que nadie pase por encima de los derechos humanos: don Martiniano Alcocer, todo mi apoyo para usted porque estoy segura que su humanismo y su gran corazón van a prevalecer siempre. Como en el clásico navideño, esperemos que al viejo, avaro y explotador Scrooge del “Cuento de navidad” de Dickens los fantasmas de la Navidad lo hagan recapacitar; la ficción se parece siempre mucho a la realidad.

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