21 de Octubre de 2018

Opinión

Almas con olor a cebolla

El Poder de la Pluma.

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Constantemente somos víctimas de la inquietud de nuestros ojos. A veces podemos controlar el movimiento ocular para no parecer indiscretos ante tales o cuales situaciones, y a veces perdemos el dominio de la mirada cuando nos encontramos ante algo que nos absorbe y promete fascinarnos entre la curiosidad y lo mágico.

¿Qué sueles observar, lector? Personalmente siempre he tenido una fascinación con las manos, porque las manos cuentan historias y también con ellas proyectamos nuestro interior; esos impulsos, esas frustraciones, esas alegrías. Tocamos, rechazamos, palpamos y acariciamos. A veces las manos son el móvil del alma.

En la historia que corresponde a esta semana, la autora argentina Cecilia Courtoisie trae para nosotros su cuento “Almas con olor a cebolla”. En él, las manos de una mujer son el punto de partida para una historia que toca las fibras de muchos latinoamericanos; especialmente la de aquellos que llevamos en la mente y el corazón el recuerdo de quien tuvo que salir de casa y dirigirse a una nueva patria; hacia nuevas oportunidades. ¿Movimientos migratorios necesarios? Pudiera ser.

A veces no sabemos lo que miramos. Dentro de la historia, el narrador construye una realidad a través de las manos de una mujer que vende verduras; de pronto estamos observando también sus manos y seguimos hipnotizados el ritmo de los movimientos para quedar atrapados bajo un encanto que tiene fines revelatorios escondidos: esa fuerza dactilar cuenta la historia de quien ha intentado buscar un mejor futuro fuera de su país.

La mujer intentó hacerlo de la manera correcta y con los papeles en mano. Pero las barreras burocráticas no se hicieron esperar y frustraron la posibilidad de transitar de manera segura y libre. ¿Qué le quedaba?

Seguimos la historia con empatía y miramos cómo esas manos guían a otras más pequeñas en un camino con miras a nuevas oportunidades; porque a veces nuestro territorio no basta o no es justo con todos. Las manos que trabajan suelen guiar a los cuerpos; nosotros podemos cuidar el tránsito de quienes no tienen otra opción que caminar.

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