16 de Enero de 2018

Yucatán

Caleseros, oficio de tradición y dinastías en Mérida

Los aurigas, como se les conoce en Yucatán, dicen que proporcionan un trato digno a sus caballos.

Julio Molina Sosa en espera de clientes en su coche de caballo. (Notimex)
Julio Molina Sosa en espera de clientes en su coche de caballo. (Notimex)
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Agencias
MÉRIDA, Yuc.- Un eco cadencioso se escucha sobre el Paseo de Montejo, mientras la calesa avanza y la voz gentil de un hombre con los años a cuestas sonríe y describe uno a uno los edificios más emblemáticos de esta avenida, con casas que recuerdan la gloria económica que generó el henequén.

Desde 15 años atrás, Julio Molina Sosa espera paciente a un costado de la catedral de Mérida la llegada de los clientes a los que llevará en su calesa a un viaje por los sitios más emblemáticos de la capital yucateca, entre los que destaca el Monumento a la Patria, con estampas esculpidas en piedra que narran la historia de México.

Con una especie de complicidad con don Julio, “Chelo” el caballo calesero, lleva sobre sí el compromiso de perpetuar el amor de los novios o de los recién casados, de familias en busca de “experiencias nuevas”, de abuelos que en antaño utilizaron este transporte para declarar su amor, no siempre correspondido.

Los 3.5 kilómetros de recorrido son la mejor oportunidad para don Julio de poder llevar a su esposa, con la que procreó ocho hijos, dos de ellos caleseros, algunos pesos para comer, pues muchos turistas prefieren el transporte público para recorrer el Paseo de Montejo.

La casi inmovilidad de “Chelo” empieza a agitarse en cuando siente la pisada de su amo y varias más sobre el estribo, indicativo de que han subido clientes al vehículo, un carruaje tipo europeo pero con dimensiones que han sido acortadas y en el que cómodamente viajan cuatro personas en sus asiento blancos y adornados con flores de plástico o papel.

Gracias que estas unidades son prácticamente abiertas, sólo cubiertas por un techo de lona, desde el pescante o cabina, el cochero puede hablar con sus clientes, mientras el caballo jala el vehículo ligero gracias a que las unidades son ahora de perfil tubular rectangular (PTR).

Sobre sus dos ejes llevan una especie de muelles, gracias a lo cual sus llantas de madera recubiertas de hule generan una especie de movimiento de suspensión en el aire.

"Personas pasan y me dicen que tengo muy flaco el caballo, pero sólo hablan por hablar porque mi caballo está bien y fuerte"

Parco en su hablar, el cual se transforma en festivo con la llegada de un cliente, don Julio espera su turno –tercero en la fila- para poder subir a su calesa blanquecina a los clientes y narrar, historias y mitos, sobre la edificación de Mérida, acerca de la ancestral ciudad maya de T´Hó o leyendas que giran en torno a los Montejo, conquistadores de lo que hoy es Yucatán.

Para ser un calesero, primero debes tener gusto y amor por los caballos, luego prepararte para poder narrar a los clientes la historia de la ciudad y de los edificios de Paseo de Montejo, un trabajo que no cambiaría ahora por nada del mundo.

“Hace 15 años solicité mi entrada y me dijeron que debería pagar mi derecho y esperar apenas haya una vacante. Pensé que no me hablarían, pasó un año y un día me dijeron que ya podía trabajar, poco a poco junté hasta comprar mi coche”, narró.

Sin embargo, pese a ofrecerle muchas satisfacciones, esta actividad también tiene muchos sinsabores, como el llegar a casa sin haber subido a un sólo cliente, en especial cuando se acercan los meses de lluvias intensas.

A veces tienen uno o dos clientes al día –un paseo cuesta entre 200 a 250 pesos-, “pero cuando no hay pues no sólo no tienes para la mesa sino además tu prioridad es la atención de tu caballo, en el cual inviertes unos 80 pesos diarios tan sólo en alimentación”, explicó.

La época de lluvias, fatal para los caleseros

La época de lluvia es la peor, porque además de no poder salir a trabajar hay que mantener limpio el lugar de los caballos, además de vigilar que no se enfermen y, en caso contrario, comprar medicinas.

Muchas veces, recriminó, las personas pasan por el sitio y me dicen que tengo muy flaco el caballo, pero sólo hablan por hablar porque mi caballo está bien y fuerte ¿Cómo no cuidarlo si es el que me da de comer?

Expuso que esta ha sido una de las ventajas por las cuales pueden seguir prestando servicios y las autoridades no lo sancionan o les quitan el caballo.

“Mucha gente nos dice cosas, pero es esa misma que acude a los llamados torneos de lazo, eventos que cuentan con el permiso de la propia autoridad, pero además en estos cuántos animales no mueren, pero en estos casos nadie dice nada”, comentó.

Ustedes pueden ver al “Chelo”, añadió, está bien limpio, pues siempre se le baña, se le vacuna, se cuida cuando se enferme y por eso está así de fuerte, aunque estamos en el sol, él también tiene su sombrilla que lo protege, como yo tengo la mía.

Aunque el “Chelo es fuerte, don Julio comentó que ya ha adquirido un nuevo caballo para poder trabajar –de las 8:00 a las 15:00 horas- el cual está en entrenamiento y “dependiendo del carácter del animal es que puede salir a trabajar, pueden ser 15 días, un mes o un mes y medio”.

Don Julio se acomoda el sombrero de paja, mientras espera sentado sobre la calesa la llegada de su turno para hacer lo que a él más le gusta más desde hace 15 años, narrar historias “verdaderas” sobre la historia de Mérida.

Por su parte, Jorge Cruz Nah es un cochero joven y cuyo gusto por la actividad lo heredó de su suegro –veterano auriga (como los caleseros son conocidos en Yucatán) y conocido por tener una pata de palo- y quien asegura que la preparación e interés por conocer la historia del Paseo de Montejo y las familias que habitaron en él es una de las virtudes que se debe tener para satisfacer al cliente.

“Nosotros tomamos la calle 60 y les mostramos y explicamos cual es la historia de los parques y las iglesias que existen, por ejemplo el Parque de los Hidalgos, las iglesias de Santa Lucía y Santa Ana, de cómo se fundó Mérida; de los teatros como el Peón Contreras o el Daniel Ayala”, dice.

"Para ser un calesero, primero debes tener gusto y amor por los caballos, luego prepararte para poder narrar a los clientes la historia de la ciudad"

También un poco de la historia del Paseo de Montejo, cuyos inicios fueron en el porfiriato y era una especie de zona exclusiva para los hacendados.

“Por ello tenemos casas como las de la familia Cámara, conocida como las gemelas, pues son dos edificios idénticos y construidos para cada una de sus hijas gemelas. Fueron también dueños de tierras de Chichén Itzá”, comenta.

Además, está el Palacio Cantón, el cual fue casa de los gobernadores y hoy es del INAH. También la Quinta Montes Molina, donde se grabó la novela “Sortilegio” (de amor) o enfrente se puede admirar la casa de la familia Palomeque, dueños de la plaza de Toros Mérida y donde hoy funciona un banco (español).

Rematamos con el Altar (Monumento) a la Patria que nos cuenta la historia de México, tallada en piedra y que tiene muchos motivos mayas que le gustan mucho al turista, en especial el nacional que es al que más le gusta a nuestros clientes.

Sin embargo, añade, a la gente no sólo le interesa quienes vivieron en Paseo de Montejo y su historia, pues también preguntan cosas específicas sobre las iglesias, como por ejemplo cuándo fueron construidas, o cómo son las haciendas, y también sobre los cenotes.

Reconoce que una de las cosas que mucha veces te piden es que les digas una bomba (yucateca), eso es algo que a mí me gusta mucho, y le dices (recitas) una pues que pueda escuchar toda la familia, pero muchas veces te piden que sea colorada y a les suele gustar tanto que terminan siendo muchas.

Este, apuntó, es un trabajo que muchos de nosotros lo practicamos a manera de herencia, pus tiene más de 200 años, por ello aquí hay personas que son la quinta o sexta generación de cocheros (caleseros).

Es un trabajo por el que que se tiene que tener gusto y aunque nos capacitamos para ser como guías, es el esfuerzo diario y el apoyo de los compañeros lo que nos hacen mejorar día a día, concluye.

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