18 de Junio de 2018

El poder de la pluma

Medea en cualquier lugar

La tragedia de Medea parece revivir en la actualidad en muchos pueblos del mundo.

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La realidad siempre supera a la ficción; le hace parecer un vulgar e ingenuo cuento de papel. Hay autores que nos sorprenden cuando reflejan la realidad de manera casi perfecta y de forma anticipada. “Medea” es una tragedia de Eurípides que habla de una mujer enloquecida que asesina a sus hijos a modo de venganza. Representada en el año 431 esta tragedia parece revivir en la actualidad en muchos pueblos del mundo.

Las noticias hablan de una chiapaneca que asesinó a su hijo recién nacido en el Fraccionamiento Montecristo. Lo “impactante” del caso es que la hermana de esta mujer está presa porque también mató a su hijo y purga diez años de prisión por ello. El hijo muerto a manos de la madre no es una tragedia de antaño, tenemos a la pequeña Paulette en un caso muy manoseado por los medios y en otro caso local a una menor de edad cuyos padres confiaron a un brujo cuando su vientre empezó a crecer, los doctores dijeron que la pequeña no estaba embarazada y el brujo dijo que la pequeña tenía el diablo adentro. Al nacer el niño los papás de la muchacha lo mataron.

Sé que hay instituciones que apoyan a las mujeres con embarazos no deseados. ¿Son lugares de fácil acceso? ¿Ejercen estrategias serias para estar al alcance de todos? Nada justifica el asesinato de un pequeño, menos si sucede de las manos de su propia madre. Las mujeres que han perdido hijos hablan de un dolor enorme que se instala en ellas para toda la vida. La mirada les cambia y no hay día en que no recuerden al hijo que ya no está.

Para ellas es incomprensible que una madre asesine a su propio hijo, las tildan de hienas y malditas, quisieran recuperar esos cuerpecitos y llenarlos de ese amor que les sobra y las hiere. La justicia pide la pena máxima para la asesina que ahora se reencontrará con su hermana en prisión. Quizá en ellas podamos descubrir un perfil destructivo generado por el entorno familiar. Algo es seguro: nada devolverá la vida a esos pequeños y habremos unos que nos sentiremos inútiles escribiendo una nota que no resolverá nada, exhortando nuevamente a las instituciones para combatir la ignorancia y la pobreza, para generar proyectos a favor de las mujeres y los niños.

No creo en los minutos de silencio, creo en los tiempos reales que genera la gente pensante para transformar este mundo. Dice Medea: No hay más remedio; que mueran, y ya que es preciso, yo que les di la vida, yo se la quitaré. Yo creo que sí hay remedio y podemos empezar a trabajar en ello para que más niños y niñas tengan verdaderos brazos maternos, no necesariamente los que les dan la vida, pero sí aquellos que quieren llenarlos de amor.

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