24 de Junio de 2018

Opinión

Los miedos impiden ¡vivir!

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Haz lo que te da miedo, afróntalo y la muerte del miedo es segura.- Ralph Waldo Emerson, Escritor

Nuestros miedos los creamos nosotros mismos. Generalmente pensamos que lo que está fuera de nosotros causa nuestros temores y creemos que el miedo es real, pero no lo es. La imaginación provoca muchas sensaciones como mareo, manos sudorosas, temblores, falta de aire y/o tensión muscular; sin embargo, la fuente del temor no es real. El peligro está en las fantasías o en experiencias pasadas que parecen reales en el presente. Usemos la imaginación para crear situaciones positivas. Utilicemos el poder de la imaginación para visualizar resultados favorables. Inclusive podemos ensayar imaginativamente mejores reacciones ante situaciones poco agradables y crear un precedente en el sistema nervioso para sentirse y actuar de esa manera inteligente cuando aquéllas se presentan.

Una de las mejores estrategias para motivarse a uno mismo es el diálogo de “mí, conmigo”. Ej., “puedo captar la atención y conservar el interés de mis interlocutores en lo que les comparta”, “generalmente consigo lo que me propongo”. Es muy bueno repetirse frases positivas y alentadoras en primera persona en el diálogo intrapersonal. Se alínean los pensamientos con los buenos resultados y nos permiten accionar para lograrlos.
La mente es una herramienta creativa que uno mismo dirige a voluntad, estando conscientes. Somos responsables de seleccionar los pensamientos que promuevan los resultados que deseamos en la vida.

Querer seguridad, aceptación, inclusión, reconocimiento y oportunidades para desarrollarse es propio del ser humano y no es fácil obtenerlos cuando nos quedamos aferrados a los miedos. Hay que recordar que dos cosas no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, por lo que si hacemos a un lado el miedo y ese espacio lo llenamos con intenciones positivas y acciones específicas dirigidas a un objetivo, el miedo ya no tiene lugar.

En la vida, se pueden tomar dos caminos: uno es verla como una serie de problemas, miedos y fracasos; el otro es ver la vida como una serie de experiencias y aprendizaje, oportunidades y aventuras. Es la misma vida, sólo la perspectiva es diferente. La elección siempre es nuestra.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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