19 de Septiembre de 2018

Opinión

Un mundo fácil

Ningún favor les hacemos a los jóvenes impulsándolos a creer que el mundo existe para girar en torno a ellos...

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A una pataleta un tanto infantil se tuvo que enfrentar un maestro de bachillerato cuando tuvo la osadía de cuestionar a una de sus alumnas ante la muy escasa o más bien nula cantidad de apuntes de su asignatura en las libretas de aquélla; el primer argumento era que el contenido de sus clases era demasiado extenso para tomar apuntes a mano: le recordó que podía imprimir los apuntes y posteriormente sólo tomar las anotaciones necesarias para aclarar cualquier duda. La joven argumentó que era mucho para imprimir y no pensaba gastar tanta tinta en el contenido de la materia, por lo que no quería tomar apuntes, tampoco imprimirlos y se sentía afectada porque se le llamara la atención por ello.

La realidad es que simplemente no quería tener que realizar ninguno de esos dos trabajos y que, cuando así se le demandaba, se incomodaba por la “exigencia”, una actitud de la que el maestro explica es más común de lo que pudiera parecer en algunos salones de clase; existe aparentemente una tendencia a procurar hacerles fáciles en extremo a todos los estudiantes el curso por las aulas, hay algunas mentalidades, autoridades educativas y gobiernos que bajo el pretexto del derecho a la educación han estado permitiendo que los alumnos sólo “pasen” por la escuela y casi de manera automática vayan aprobando los diversos niveles educativos.

Las razones de permitir y, aún más, incentivar esta práctica son muy precisas: la más importante de ellas es la de poder elevar el indicador del nivel educativo de la población; con estas acciones los diversos gobiernos garantizan que la inmensa mayoría, por no decir todos, vayan aprobando curso tras curso aunque en la práctica su nivel educativo sea mucho menor que el oficialmente otorgado; crear la ilusión de tener una ciudadanía más educada que en épocas pasadas es la guía de la acción de quienes fomentan estas acciones, por supuesto con el objetivo de demostrar a todos que bajo el gobierno en turno la población se encuentra en mejores condiciones.

Aunada a esta insana práctica, se ha colado la idea de que es una obligación de las escuelas y particularmente de los maestros el hacer divertido el proceso de aprendizaje; en un mundo en el que todo es entretenimiento, el maestro se verá obligado no solamente a que el alumno logré un nivel educativo de excelencia, sino que lo haga primordialmente de manera divertida, jugando y entreteniéndose.

De acuerdo con estas ideas, quien curse los estudios desde el primer nivel y hasta la universidad deberá transcurrir entre unos 19 o 20 años, en un ambiente en el cual quien le guie en los estudios deberá esforzarse por mantenerlo entretenido, a gusto y divertido en cada una de las actividades educativas que se desarrollen; la responsabilidad de que la experiencia sea agradable, relajada y gustosa es enteramente de quien conduzca el aprendizaje.

Por supuesto nadie propone que la escuela sea un lugar de castigo, tortura o simplemente sea tan desagradable que nadie desee asistir a ella, pero definitivamente algo anda muy mal en quienes pretenden presentarle a los jóvenes un mundo en donde quienes les rodeen deban hacerles la existencia, fácil, divertida y sobre todo entretenida.

El grave problema de esta visión es que el mundo real no es así, ya que ninguno de nosotros vive en un mundo preocupado por mantenernos a gusto, divertidos, relajados y felices, y esta errada visión de la realidad es la que se les está inculcando a muchos jóvenes.

Un mundo fácil y hecho a nuestra medida es lo que menos tenemos los seres humanos, ya que es en este mundo donde a base de esfuerzo, entrega y en no pocas ocasiones sufrimiento, los seres humanos vamos construyendo nuestro día a día. Ningún favor les hacemos a los jóvenes impulsándolos a creer que el mundo existe para girar en torno a ellos, cuando es la realidad misma la que se encarga de ponernos ante los ojos la falsedad de esta creencia.

Distingue al ser humano la facultad de construirse a sí mismo, más edificarse como persona de bien no es una labor fácil ni regalada, exige mucha disciplina, voluntad y esfuerzo; no debemos endulzar falsamente la realidad a los jóvenes, antes bien debemos prepararlos para la ardua batalla de lograr desarrollar al máximo sus potencialidades y eso difícilmente lo lograremos inundando sus años escolares de diversión y entretenimiento.

La noble actividad de esforzarse en autoconstruirnos no debe ser evadida construyéndonos mundos de fantasía.

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