21 de Septiembre de 2018

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Tarjetas de Navidad ya son sólo un recuerdo

Las felicitaciones de fin de año se mandan ahora por correo electrónico o Whatsapp pero antes era muy distinto.

Hasta hace tres décadas, en estas épocas de invierno existía aquella bonita tradición de las tarjetas de felicitación, en las que alguna amistad externaba en unas frases sus mejores deseos para el que la recibía y su familia. (Milenio Novedades)
Hasta hace tres décadas, en estas épocas de invierno existía aquella bonita tradición de las tarjetas de felicitación, en las que alguna amistad externaba en unas frases sus mejores deseos para el que la recibía y su familia. (Milenio Novedades)
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MÉRIDA, Yuc.- La era electrónica y de las computadoras ha acabado poco a poco con muchas tradiciones. La modernidad prácticamente ha “matado” el correo postal, y aquellas cartas que se enviaban familiares y enamorados recibieron el “tiro de gracia” con la aparición de los mensajes y ahora Whatsapp por teléfono celular, que resultan mucho más fácil, rápido y económico, aunque sin ese “sabor” que llevaban impregnadas las letras escritas en papel.

Hasta hace tres décadas, en estas épocas de invierno existía aquella bonita tradición de las tarjetas de felicitación, en las que alguna amistad externaba en unas frases sus mejores deseos para el que la recibía y su familia, con palabras como “Que la paz reine en su hogar…”, “Que el alumbramiento del Niño Dios ilumine sus corazones…” o la clásica “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo te desea…”

Sin embargo, esta costumbre muy católica se ha ido perdiendo en la bruma del tiempo, y es que desde hace unos años el envío por correo postal de misivas entró en un proceso de extinción casi por completo, ya que el arribo del cartero a la casa trayendo noticias e ilusiones dentro de un sobre ha desaparecido, pues ahora los encargados de entregar la correspondencia sólo traen a nuestros domicilios informes financieros, estados de cuenta, avisos de pago y una que otra amenaza de algún bufete jurídico si uno no está al corriente de sus obligaciones bancarias o arrastra algún adeudo.

En estas fiestas decembrinas era la época en que más trabajo tenían los carteros, pues a diario llegaban a las casas varias tarjetas procedentes algunas de la misma ciudad, de otras partes del país o incluso del extranjero.

 

Las tarjetas eran de distintos tamaños e imágenes y, sobre todo, de costo. Las había sobrias, con una estampa de la época, como un paisaje nevado, un muñeco de nieve, un trineo, el nacimiento del Niño Dios, la Estrella de Belén, los Reyes Magos, un Santa Claus, flores de pascua, etc.

Las había musicales, que entonaban un cántico navideño o villancico al ser abiertas; las que formaban una figura de cartón, otras con mucha escarcha, unas más en tercera dimensión…

Los sobres en los que se enviaban las tarjetas, en ocasiones se adornaban con timbres postales con motivos navideños.

En esos tiempos había agencias de venta de estas tarjetas, que se presentaban en un hogar con un extenso catálogo o muestrario, que contenía los distintos tipos y costos de esos cartoncillos de felicitación.

Otras tradiciones 

Así como han ido desapareciendo las tarjetas navideñas, también se ha ido extinguiendo la colocación de pesebres, coronas, festones, campanas e incluso se ha reducido la costumbre de iluminar las fachadas de las casas con series de foquitos de luz intermitente y de todos colores, y la colocación del tradicional arbolito de Navidad, en donde muchos lucían las tarjetas de felicitación. Es más, hasta la piñata, el ponche y los cánticos para pedir posada han ido desapareciendo, sólo “la rama” que mantienen viva los niños en los barrios es de las pocas costumbres navideñas que aún no se extinguen.

Leyla María Amer Alzina posee una colección de más de mil tarjetas navideñas. Algunas datan de los años 50. (Milenio Novedades)

Y es por ello que esas postales navideñas guardan ya un gran valor sentimental a sus coleccionistas, como es el caso de la Sra. Leyla María Amer Alzina de López, que tuvo la curiosidad de ir guardando año con año estos bonitos cartoncillos que llevaban buenos deseos a los hogares los fines del calendario.

Doña Leyla guarda más de mil de estas tarjetas, algunas datan de finales de los años 50; conserva felicitaciones de Navidad de todo tipo, grandes, pequeñas, coloridas, sobrias, musicales, en tercera dimensión, etc.

El envío de las tarjetas de Navidad es una costumbre que difícilmente se logrará recuperar. La modernidad se impuso de nuevo a la tradición.

Parte de la extensa colección de tarjetas

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