11 de Diciembre de 2017

Opinión

Diario de Golondrina

Cambiamos conforme a las circunstancias, quiero pensar que nuestros sentimientos también maduran...

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Como si se tratara de un ejercicio para la mente, hay magia detrás del hecho de pensar que vivimos a partir de momentos; que cada día que pasa es un cúmulo de instantes en los que no hemos dejado de sentir. ¿Cuándo comienzan estos instantes? Invito a considerar que es al momento de abrir los ojos, esa fragilidad de sabernos vivos y no distinguir exactamente qué es lo que toca hacer en el día. Se trata de segundos de una leve incertidumbre: despertar.

El libro de esta semana ha tocado muchas fibras en mi interior. Al decir muchas, me refiero a variedades emocionales. Aquí expongo lo experimentado como una invitación que se extiende hasta ti, querido lector. Diario de Golondrina (2006) es un libro de la autora belga Amélie Nothomb, que nos lleva hasta un desenlace que no esperamos. Se trata de un diario moderno. Advierto de que los diarios que conocemos llevan una fecha y eventos entrecortados que nacen a partir de sentimientos más que acciones; éste no es el caso.

No conocemos el nombre del personaje masculino que nos habla con tanta franqueza; quien aborda los primeros instantes de inconsciencia al despertar y no sabemos qué hacer con la existencia; o quizá cuando los caminos de la vida nos han llevado a otras direcciones. El vivir también supone nuevos despertares.

Se trata de un cambio de profesión. Pero, lector, en esta historia, se abre paso a lo mágico inimaginable. Nuestro personaje se ha quitado el corazón y los sentimientos; puede pensar pero no siente, nada lo toca; es como si estuviera protegido. Sabemos que las almas se alimentan de la belleza del mundo, pero para él, en su nueva constitución humana, encontrar un empleo que se ajuste a su aparente frialdad lo lleva hasta situaciones peligrosas. Hay armas implicadas.

Cambiamos conforme a las circunstancias, quiero pensar que nuestros sentimientos también maduran; sentimos o dejamos de sentir.

La historia está escrita a grandes saltos, tres momentos importantes: un renacer, un ajuste y abrir nuevos caminos. Hay que estar convencido: siempre habrá algo nuevo.

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