21 de Septiembre de 2018

Opinión

A 11 años de un salvaje asesinato (II)

El asesino de Mabel Vázquez Gutiérrez confesaría que “todo se debió al chat”, ya que estuvo intercambiando información en un blog para enfermos mentales dedicado a crímenes brutales.

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Al ser detenido el asesino del cibercafé, José Martín Ruiz Díaz, confesó que durante la noche del 29 de diciembre de 2004, al quedarse solo con su víctima, Mabel Vázquez Gutiérrez, y estando él drogado con crack y cocaína, le hizo insinuaciones a la muchacha, pero, como lo rechazó, se le fue encima con una navaja, le cercenó el cuello y cuando la joven aún se convulsionaba al estarse desangrado, el depravado la violó, y luego, para rematarla, se paró sobre ella y le clavó el cuchillo en el pecho hasta estar seguro que de que la joven había fallecido, volviendo a  abusar del cuerpo.

Tras ello, el asesino, según confesaría, fue a una tienda de autoservicio cercana, compró  bolsas de basura para meter el frágil y esbelto cuerpo de su víctima (1.50 m de estatura y 43 kg de peso). Puso el cadáver en posición fetal y lo amarró para que no se “desdoblara”. Y con toda sangre fría, llamó a Ayuntatel para pedir que recogieran un “perro muerto” en la puerta del cibercafé. Rato después, llegó un camión recolector y se llevó la bolsa.

Debido al reguero de sangre, el criminal se lavó en el baño y luego tomó un cubo de agua y detergente, y con un trapeador trató de borrar las huellas del sangriento crimen. Fue cuando la dueña del cibercafé arribó y lo sorprendió en la maniobra.

El sujeto dijo que se había causado una herida. Más tarde, cuando José Martín se había ido, arribó la madre de la víctima, Virginia Gutiérrez Villanueva, quien desesperada seguía buscando a su hija, que no había llegado en la noche a dormir a la casa donde estaban alojadas. Eso despertó sospechas de la propietaria del ciber, quien, al revisar las bolsas que no se llevaron los basureros, halló la ropa ensangrentada de la joven y de inmediato dio aviso a la policía.

El asesino ya no regresó a trabajar, fue a su casa, en la colonia Carrillo Puerto, tomó dinero y algo de ropa y se disponía a viajar a Belice cuando fue detenido frente al ADO, en la calle 69.

Dos días tardaron las autoridades para hallar el cadáver de la joven asesinada, el cual fue encontrado en el relleno sanitario entre miles de bolsas de basura. Estaba en avanzado estado de descomposición y muy maltratado, ya que fue aplastado por la compactadora del camión de basura.

Ruiz Díaz confesaría que “todo se debió al chat”, ya que estuvo intercambiando información en un blog para enfermos mentales dedicado a crímenes brutales y eso le había despertado su instinto asesino. Purga una sentencia de 40 años de cárcel.

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