12 de Diciembre de 2018

Opinión

Abriendo mi cuenta de Twitter

Prometo no tuitear frases cursis: “Ya amaneció, ¡qué lindo está el día!”, ni “Buen fin de semana”.

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Llevo años negándome a tener una cuenta en Twitter, no por otra cosa, sino porque sé que podría sufrir trastorno obsesivo compulsivo con ello, lo cual me dañaría aún más mentalmente. No le veía el caso. Incluso un día, en San Miguel de Allende, un ejecutivo de SAP dijo frente a una audiencia amplia que yo debería abrirla, y puso a la gente a votar para convencerme. Pero me abochorné y me seguí negando.

Ya no pude resistir más. Ayer sentí que tenía que parir una y finalmente abrí mi cuenta de Twitter (@SOYCarlosMota).

Prometo no tuitear frases cursis: “Ya amaneció, ¡qué lindo está el día!”, ni “Buen fin de semana”. Respeto a quien lo hace, pero así como el Día del Amor y la Amistad me genera prurito, algo similar me ocurre con ese tipo de tuits.

Me costó trabajo elegir una foto para mi perfil de usuario. La foto de la cuenta de Carlos Loret de Mola es de las mejores en esa red social. Yo no tengo una junto a un tanque de guerra, o del tsunami, ni nada que se le parezca.

Las fotos más picudas que tengo de mi trabajo son en Davos, pero están medio chafas y sentí que solo servirían para farolear, así que decidí subir una con mis maravillosos chamanes del Valle Sagrado de Perú, en un viaje espiritual que hice en 2009 —que de periodístico no tenía nada, pero eso sí: resultó.

También pensé que si alcanzo a tener diez seguidores de aquí a fin de año, los invitaré (a esos diez) unos tacos al pastor en El Farolito; pero si son más, no. Dudo que a alguien le interese leer un tuit de que me gusta desayunar huevos tibios; sería tan aburrido como tuitear que la utilidad neta de un banco subió equis por ciento.

Quizá resulten más entretenidos temas relacionados con Agustín Carstens, Luis Videgaray, o con algún emprendedor innato. ¿El PIB? ¿La inflación? ¿La confianza del consumidor? Ya veré.

Todavía tengo mis dudas sobre la buena onda con la que la gente sigue a los periodistas en Twitter. He escuchado historias de horror. Le voy a pedir consejos a Adela y a Joaquín. Sí. 

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