15 de Noviembre de 2018

Opinión

Ayer, Pascual; hoy, Sidra Pino

Trabajadores de la Embotelladora de Sidra Pino se fueron a huelga porque el dueño, Víctor Erosa Lizarraga cerró la empresa sin haberles liquidado.

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En febrero de 1982, ante una crisis económica que daba al traste con el llamado “milagro mexicano”, nuestra moneda se devaluó de 28.50 a 46 pesos por dólar. Para intentar paliar los efectos de la crisis, el gobierno ordenó aumentos de emergencia a los salarios del 10, 20 y 30 por ciento en marzo; pero, como era de suponerse, no todos los patrones y dueños de las fábricas y las empresas obedecieron el decreto presidencial de quien un mes antes había prometido defender el circulante “como un perro” sin lograrlo.

Una de esas empresas fue Refrescos Pascual, S.A., cuyo dueño y fundador, Rafael Víctor Jiménez Zamudio, había conseguido que la compañía suiza Tetra Pak le otorgara derechos exclusivos de sus empaques para comercializar su producto insignia: Boing! La negativa de Jiménez Zamudio a aumentar los salarios llevó a los obreros a asesorarse con abogados del extinto Partido Mexicano de los Trabajadores; en represalia, Jiménez Zamudio despidió a 150 obreros, lo que llevó al estallido de la huelga que a poco más de tres años vio nacer a la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual, S.C.L.

30 años después, el caso de la Embotelladora de Sidra Pino y Soldado de Chocolate en Yucatán no puede sino recordarnos aquella lucha: 117 trabajadores se fueron a huelga porque el dueño, Víctor Erosa Lizarraga, en principio, redujo sus salarios al 50 por ciento; más tarde, dejó de pagarles y, por último, cerró la empresa sin haberles liquidado, luego de haberle cedido las marcas de la misma a su hijo (con lo que obstaculiza el embargo ordenado por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje para pagar la indemnización de ley) y de haberse dado a la fuga con la caja de ahorros de los mismos trabajadores.

El triunfo de los trabajadores de Pascual no hubiera sido posible sin la solidaridad, tanto de sus familias, cuanto de sindicatos independientes que asumieron los costos de rescate que evidentemente nadie haría desde la clase patronal y empresarial; por otra parte, artistas de diversas disciplinas sirvieron de resonadores de la lucha de los trabajadores, llamando la atención de varios sectores de la sociedad. En el caso de Sidra Pino y Soldado de Chocolate no puede ser diferente o, de lo contrario, su lucha se perderá; y perderemos todos.

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