15 de Noviembre de 2018

Opinión

Pero el agua se acaba

El poder de la pluma

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Las crisis hídricas empeoran en todo el mundo. En años recientes ha habido un incremento de sequías extremas e inundaciones en diversas partes del planeta. California sufrió recientemente una sequía de cinco años, considerada la más grave en los registros. São Paulo, Brasil, pasó hace poco por una intensa sequía y un recorte drástico de agua para sus 12 millones de habitantes, sequía que terminó con una intensa lluvia.

Sequías e inundaciones intensas. Racionamiento del agua. Trastornos económicos y políticos. Redes de distribución vacías. ¿Así es el futuro del agua que queremos? Cualquier ciudad, al construir un sistema de suministro, intenta prepararse para climas extremos, incluyendo inundaciones y sequías. También toma en cuenta el crecimiento futuro de la población, proyecciones del uso de agua, así como otros factores.

El problema es que la forma tradicional al construir y gestionar los sistemas de agua se basa en dos suposiciones principales: la primera, como creemos, es que siempre habrá agua disponible para satisfacer la creciente demanda de la población de este preciado líquido. La segunda, el gran error, es creer que no habrá cambios del clima.

Pero ninguna de estas suposiciones es correcta. Muchas regiones del mundo han alcanzado lo que se conoce como “cénit del agua”, cuando llegan a su capacidad límite de suministro y descubren que sus fuentes de abastecimiento ya no dan más. Entonces el agua del subsuelo tiende a ser explotada en tasas mayores a las que la naturaleza puede reponer llevando poco a poco a situaciones de crisis irreversibles y sin solución. Y si no cuidamos y protegemos la calidad del agua del subsuelo, podremos tenerla pero contaminada, como en nuestro caso.

Una solución ya utilizada es la construcción de costosas plantas desalinizadoras. En una región en la que ya no hay fuentes de abastecimiento, el sueño de desalinizar cantidades ilimitadas de agua de mar es atractivo. Sin embargo, el inevitable alto costo de la potabilización del agua salada detona los problemas de desigualdad, sin mencionar el hecho de que algunos países han construido plantas desalinizadoras durante sequías severas para luego dejarlas arrumbadas una vez que regresan las lluvias.

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