24 de Septiembre de 2018

Opinión

Mérida y nuestro cotidiano caos vial

El poder de la pluma

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Para la vida cotidiana de nuestra ciudad y su zona metropolitana es primordial resolver a corto plazo las condiciones de la movilidad a la que todos nos enfrentamos, la cual está asociada a un patrón urbano cada vez más extenso y disperso, con actividades poco diversificadas, lo que propicia un desorden territorial que amenaza nuestras reservas naturales periféricas. Pero lo realmente preocupante es que la movilidad es más lenta, afectando cada vez más la calidad del aire que respiramos y haciéndonos perder mucho tiempo para trasladarnos.

La estructura de los viajes en nuestro espacio urbano en constante crecimiento se enfrenta día tras día a déficits, insuficiencias y distorsiones de nuestra red vial y de nuestro sistema de transporte, lo que se acentúa por la inadecuada estructura de nuestras arterias primarias, carentes de ejes viales de oriente a poniente y de norte a sur, lo que obliga a la saturación de las escasas opciones primarias con trazas ineficientes y sin la conectividad y continuidad adecuada.

Esta discrepancia vial y el incremento constante del número de vehículos que saturan nuestras calles, en una ciudad con un patrón urbano de dispersión, obliga a que día tras día se requiera de más viajes, cada vez más largos y más lentos, lo que afecta de manera directa nuestras escasas vialidades primarias y muchas de las vialidades cercanas a ellas.

En particular resalta que la movilidad se sustenta actualmente en una estructura modal distorsionada, que tiene su mayor potencial de traslado en unidades de baja capacidad, con altos costos ambientales y desorden en las rutas, en una estructura vial con escasa integración, lo que no permite que la infraestructura de transporte de alta capacidad funcione de manera ventajosa a causa de que las calles por las que circula están saturadas por autos privados, en movimiento y estacionados.

Para terminar esta breve reflexión, nuestra red de calles está ya rebasada a ciertas horas, a lo que se suma la escasa cultura vial de nuestros conductores que colaboran para provocar y acentuar los congestionamientos. El resultado es que vamos caminando aceleradamente a una saturación vial crónica, junto a un cada día mayor impacto medio ambiental.

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