10 de Diciembre de 2018

Opinión

"La guerra como un virus"

“Bienvenidos a Occidente” es una espléndida y terrible novela que habla de eso.

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La guerra ha estado siempre agazapada entre los seres humanos que han intentado crear inútiles vacunas. Imposible de vencer, la guerra, silenciosa, implacable, acecha y, cuando menos lo piensan los pacíficos habitantes de cualquier ciudad, pueblo, aldea, ya han sido infectados letalmente.

“Bienvenidos a Occidente” es una espléndida y terrible novela que habla de eso. De un país seguramente árabe que se va infectando sin darse cuenta, tal vez tras un momento esperanzador como se describió a las “primaveras” de aquellas regiones, pero que cambió el ritmo de la vida, los sueños, las esperanzas, aun las costumbres de habitantes anonadados que hoy sólo entienden la nostalgia por lo que no podrá retornar y el ansia de escapar por alguna puerta hacia lo desconocido.

Una novela que habla de puertas y de cruces y de metamorfosis obligadas. Y una de esas puertas es la posibilidad de que el virus de la guerra se apropie inclusive de aquellos que nos sentimos cómodamente a salvo.

Pero es una novela también de amor y desamor. De cómo el virus de la guerra infecta sentimientos puros de amantes e infecta también la bondad, que creíamos tan natural, en las buenas personas y en los “sólidos” valores morales de Occidente.

Su autor, Mohsin Hamid, nació en Pakistán en 1971 y fue discípulo nada menos que de dos escritoras como Joyce Carol Oates y Toni Morrison. Pasó su infancia entre Pakistán y Estados Unidos para luego cursar en Princeton y Harvard la educación universitaria así como el doctorado en Stanford. Conoce vitalmente un lado como el otro, en esta guerra viral que está poniendo en peligro la paz del mundo, causada tanto por la yihad de Al-Qaeda y el Isis como por la cruzada islamofóbica que declarara George Bush hijo.

Los dos protagonistas principales de “Bienvenidos a Occidente”, Nadia y Said, van sintiendo cómo el virus de la guerra, antes impensable, lo infecta todo y se ven obligados a huir sin nada para cruzar las puertas de laberintos que los llevan, primero a Mykonos, en Grecia, y luego a otros puntos de un Occidente, en cuya periferia habitamos nosotros, y cuya infección bélica no está en absoluto lejana de un panorama que nos atañe vitalmente.

La novela de Mohsin Hamid nos permite hacer propios los mundos oscuros de quien ha perdido todo y nos da una lección de maestría narrativa.

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