23 de Septiembre de 2018

Opinión

"Joanna y José, historias del TLC"

José, originario de una comunidad rural, lleva años viviendo en Monterrey, está a unos minutos de abordar un avión que, por primera vez en su vida, lo llevará “pa’l otro lado”.

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José, originario de una comunidad rural, lleva años viviendo en Monterrey, está a unos minutos de abordar un avión que, por primera vez en su vida, lo llevará “pa’l otro lado”.

Mientras, en el medio oeste americano, Joanna recibe una noticia: La fábrica donde labora será cerrada a principios del año; la operación completa se mudará a Monterrey. La alta dirección decidió reubicar la fábrica y sustituir a trabajadores americanos por mexicanos, como si de piezas intercambiables se tratara. En los meses previos al cierre los primeros podían entrenar a sus sustitutos a cambio de un bono extra en su liquidación. Para Joanna y las 400 personas que se quedarán sin empleo fue un gancho al hígado.

José, con la promesa de un mejor futuro, se levanta temprano; se viste con pantalón oscuro, camisa azul, cinturón y zapatos negros que la empresa le dio como uniforme.

Esa mañana; Joanna, después de haber llorado toda la noche, se dirige a la planta donde comenzó a trabajar cuando tenía 25 años. Entonces, su silueta delgada y cabellera rubia atraían la mirada de sus compañeros. Hoy, a sus 43 años, con una vida laboral entregada a la empresa, es admirada por sus manos, capaces de manejar la maquinaria de la línea de producción.

Durante meses la fábrica paulatinamente fue apagándose; por partes se la llevaban; ahora empezaba la fase final de su área, en unos minutos llegaría la persona a quien enseñaría el uso correcto de su máquina, la cual, concluido el proceso, sería desmantelada y enviada a México.

Especuló sobre su permanencia en la empresa; albergaba la esperanza que Donald Trump, su “America first” y la construcción de un gran muro salvarían su empleo; pero cuando conoció a José, supo que no sería así. La matemática era simple, por lo que a ella le pagaban 25 dólares a José le pagarían tres; lo de ella equivalía a ocho Josés.

Se siente traicionada por el sistema y la clase política de su país, los quiere fuera. Y, aunque no los odia, ni desea mal, también está enojada con los de piel morena que se llevan su estilo de vida; los quiere fuera. Joanna, que nunca había participado en política, hoy, junto con millones como ella, que se sienten privados del “sueño americano”, se encuentra del lado de Trump en su cruzada por deportar a millones y ponerle fin a un Tratado de Libre Comercio que le dijeron es “the worst deal ever made”.

No nos equivoquemos; Joanna y José son protagonistas en las negociaciones del TLCAN. En ambos lados de la frontera son millones, son opinión pública y son votos. Ahí el contexto.

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