12 de Noviembre de 2018

Opinión

Navegar contracorriente

El poder de la pluma

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Apropósito de que ya estamos en vacaciones, esta época nos invita a reflexionar un poco cómo nos divertimos y qué hacemos durante ellas.

Quienes tenemos la fortuna de disfrutar en Yucatán a lo largo de nuestra extendida Costa Esmeralda, no podemos negar que dondequiera que nos encontremos la pasamos muy bien, pues con las cálidas playas y toda la oferta de entretenimiento que incluye desde restaurantes, bares o “antros” (como ahora se les llama a las discotecas), actividades deportivas fuera y dentro del mar y también actividades formativas como las que ofrece Open Sky.

¿Qué es lo que eligen los jóvenes en su mayoría? A veces nos llegan historias que paran las orejas de los adultos en cuanto a la forma tan desinhibida, excesiva e ilimitada de divertirse de algunos de ellos.

Con las redes sociales los casos se vuelven del dominio público, los protagonistas al final del día son lo de menos, ya que podríamos decir que de alguna forma son “el retrato” de esta generación con nuestros hijos incluidos, o del hijo de algún amigo, del amigo de un amigo o quienquiera que queramos.

Pero ello también nos “retrata” a los padres, una generación que quizá no estamos realizando nuestra labor a conciencia, pareciera que le dimos vacaciones a nuestra responsabilidad de seguir formando y educando a nuestros hijos.

Se corre el riesgo de que no se conozcan los límites de la diversión o cómo disfrutar y divertirse en forma sana. Hemos permitido que crean que cargando una nevera llena de cervezas y alcohol se garantiza una fiesta a todo dar; cuando lo que garantiza es un conjunto de personas ebrias que pierden el control y sus impulsos para ser presas de cualquier acto indecoroso, humillante y abusivo por parte de otros o de sí mismos.

El uso y abuso del alcohol está presente en el día y en la noche. Los antros están hechos para los jóvenes pero… ¿Cuántos de estos chicos son menores de edad? ¿Cuántos de ellos serán recogidos por sus padres? ¿Cuántos lo harán en aventón con algún desconocido? ¿En qué estado volverán a casa? ¿Cumplirán con el horario estipulado? ¿Se cuidan entre amigos para que no les suceda nada?

Papás y mamás ¿cuántos nos estamos convirtiendo en sus cómplices? Porque de lo que estamos siendo testigos al parecer no hay precedentes.

No nos escandalizan ciertos actos, se sabe que siempre ha habido un poco de todo en todas las épocas, lo que ocurre ahora es que se están banalizando las cosas pretendiendo que es normal lo que siempre había sido reprobable y en muchos casos los padres respaldan estas ideas.

Para ser buenos padres en esta época hay que tener mucho valor para navegar contracorriente, para hacer valer nuestros principios aunque ellos crean que somos de otro planeta.

Los padres tenemos la ardua tarea de formar con límites, con el ejemplo, con el diálogo, dedicándoles tiempo, reconociéndoles y afirmándoles y además demostrándoles nuestro amor que son caricias para el alma. La vieja fórmula funciona : “suave en la forma, firme en el fondo”.

La labor de los padres no se sustituye con los amigos o con el Estado, no cedamos a otros lo que solo es responsabilidad nuestra y si un hijo cae enseñémosle a levantarse.

Seamos optimistas, no perdamos la esperanza, hay muchos jóvenes que se comportan a la altura y dan un muy buen ejemplo, ojalá que nuestros hijos puedan contarse en este grupo.

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