11 de Diciembre de 2018

Opinión

Derechos humanos para todos

Todo ser humano tiene derechos por el simple hecho de su condición humana; son inherentes a nuestra naturaleza...

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Todo ser humano tiene derechos por el simple hecho de su condición humana; son inherentes a nuestra naturaleza, incluso antes de que se nos reconozcan en alguna norma o ley.

La regla general respecto a los derechos humanos  es la siguiente: no son absolutos, tienen que convivir unos con otros, no los podemos usar para avasallar a los de otra persona.

La forma más fácil y más difundida para entender esto es: “tu derecho termina, donde empieza el derecho de otro”. Esto significa que tenemos que ser conscientes que no somos cien por ciento  libres, como dijera Jean-Jacques Rousseau: “El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”.

Está encadenado en el sentido en que hay reglas, normas o contratos sociales que tiene que respetar, principios que rigen nuestras sociedades para que podamos vivir en armonía.

Cada vez nuestras sociedades van cambiando, por lo tanto tenemos que avanzar a la misma velocidad para poder garantizar los derechos a todos los sectores de la población. Cada vez tenemos que ser más conscientes de la pluralidad que existe, para poder garantizarles sus derechos.

Actualmente ya no existe un modelo único de familia, ni de pareja, por lo tanto el Estado Mexicano tiene que estar a la vanguardia para poder ser un Estado garantista, un Estado incluyente, bajo el principio de “Igualdad ante la Ley”, pero también en el de “Igualdad en la aplicación de la Ley”.

La primera es una responsabilidad del Poder Legislativo, y la segunda, del Ejecutivo y del Judicial.

Ante esto surge la duda: ¿somos iguales ante la Ley y en su aplicación?

Cito a Ramón Muñoz, Director de la Red Internacional de Derechos Humanos con sede en Ginebra: 
“México, como siempre, se apoya en las reformas y en las leyes, pero no da cifras en cuanto a la efectividad de su aplicación. Se apoya en la formalidad de sus leyes pero no en la certeza de su aplicación”.

Hemos visto en las noticias casos que nos indignan por la gran brecha en cuanto a las clases sociales. El año pasado se difundió un video que exhibió  cómo le negaban el acceso a una mujer mazateca a un hospital, por lo que se vio forzada a dar a luz en el jardín. Casos como éste suceden a diario en el México de los contrastes, pero pocos son difundidos.

Nuestra justicia debería medirse no en como tratamos a los que tienen más, sino en cómo tratamos a los que tienen menos,  a los débiles, los indefensos, a las mayorías marginadas, para que un día, espero no lejano, todos podamos unir nuestras manos, sin importar el nivel económico, el color de piel, la orientación sexual, o cualquier otra característica por la que nos discriminemos actualmente. Sólo cuando llegue ese día, podremos decir que gozamos de los mismos derechos, que todos los mexicanos somos seres humanos, por lo tanto necesitamos que reconozcan nuestra dignidad como personas. 

Qué felices seríamos si viviéramos en una sociedad, sin clases, sin prejuicios… empecemos cambiando nosotros, aunque sea,  con pequeños pasos.

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