18 de Noviembre de 2018

Opinión

En librero ajeno

Mientras leo los títulos que llenan cada repisa, voy adivinando el oficio de su dueño, su vocación, sus pasatiempos.

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Cuando se presenta la ocasión gozo recorriendo libreros ajenos. Mientras leo los títulos que llenan cada repisa, voy adivinando el oficio de su dueño, su vocación, sus pasatiempos. Por el desgaste, el maltrato, o el buen estado de sus páginas imagino si su lectura fue impuesta, buscada o pospuesta para otro tiempo de mayor solaz. Si el libro se encuentra en lugar visible o si está oculto entre otros, pretendo saber si su recuerdo es placentero, tedioso o inexistente. La repetición de temas, autores y géneros me revelan las predilecciones, preocupaciones y obsesiones de quien los colecciona. 

Exploramos pilas de libros con el peligro de producir derrumbes y reacomodos en las certezas. 
No nos importa correr el riesgo de reavivar alergias o dudas en series interminables de estornudos o de preguntas; nuestra curiosidad es mayor, nuestro deseo de conocer, de aprender, de coincidir en mundos ficcionales con aquellos que nos agradan nos invitan a la búsqueda constante.

Colocados unos tras otros, los libros cerrados son guardianes de secretos, y no me refiero tan sólo a la narración que contienen, pues bastaría con abrirlos para hacerlos confesar, sino hablo de la historia que pocas veces contarán: la relación que establecieron con cada lector que vivió en sus páginas, pues las mismas líneas que a unos hicieron rabiar, a otros les pudieron haber servido de consuelo. Así, carcajadas, lágrimas o completa indiferencia quedarán sepultadas entre sus hojas a menos que el lector deje constancia de su paso por ellas.

Si están ordenados por título, tema o autor; según los gustos, intereses o caprichos del lector; si están puestos a la mano o en espacios casi inaccesibles nos revelan la recurrencia de su uso, la afinidad, el rechazo, o el desapego que mantienen con los usuarios. Libros herencia, libros prestados, robados, comprados, regalados, olvidados, encontrados, perdidos, pirateados, todos han formado al lector que cada quien es.

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