25 de Septiembre de 2018

Opinión

La indescriptible intimidad

Cuando escuchamos la palabra intimidad es inevitable pensar en sexo...

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Cuando escuchamos la palabra intimidad es inevitable pensar en sexo, lo que no está nada mal. ¿Quién no disfruta de ese tipo de intimidad? Simplemente tocar el tema suele ser divertido, pícaro, emocionante, excitante y tantos calificativos que llevan cuatro simples letras. Pero hoy no quiero escribir de esa intimidad física, carnal, orgásmica, sino de la intimidad del alma, del ser, del más complicado compartir; es más complejo entregarla, es más difícil llegar a ella. Muchas veces, me atrevo a decir, que puede ser inalcanzable, incluso hasta podría lograr la característica de mito o leyenda urbana. Utopía.

Este tipo de intimidad se podría describir como una gran frontera recubierta por varios muros unidos en pesos y tamaños; imagínate el Muro de Berlin, el muro de Trump, la Muralla China, y súmale nuestro muro del aeropuerto. Aunque estos muros son de concreto o metales, para pasarlos tendrías que destruirlos o brincarlos, pero para compartir la intimidad de una persona con otra no se puede ni romper ni saltar, no suele forzarse, sino todo lo contrario: cuando dos personas se permiten compartir o llegar a la intimidad del ser son dos grandes puertas que se van abriendo poco a poco hasta llegar al final, a estar de par en par. Simplemente fluye: se abrazan, se conectan, no sé si puedan alcanzar a fundirse en una sola, aún no lo he descubierto.

Esta intimidad no tiene que ver con el género, estatus social, parentesco o tiempo de conocerse. Simplemente se da, simplemente se llega o se permite entrar; esa intimidad te permite recorrer los caminos más sinuosos, emocionantes, oscuros, divertidos y hasta vergonzosos de otra persona. Te permite recorrer sin intentar cambiar las cosas del lugar donde se encuentran, te permite recorrer sin intención de modificar el color del interior, sin querer tocar y mover de un lugar a otro la decoración. Simplemente poder ver, escuchar, sentir y disfrutar al otro ser; algunos podrían llamarlo empatía, pero yo digo que no es eso, la palabra se queda corta, es mucho más profundo, mucho más difícil de explicar, es complejo intentar describirlo, simplemente tienes que experimentarlo.

¿Cómo has vivido o compartido tu intimidad, con quiénes, bajo qué circunstancias, en qué tiempos, tendrá que ver con la edad, con la madurez?

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