20 de Noviembre de 2018

Opinión

La Realidad, el golpe que se acerca

Urgen las voces y las acciones que impidan el golpe que se viene preparando contra las y los zapatistas.

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La mañana del 3 de mayo pasado, los medios comerciales difundieron la noticia de que integrantes de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos-Histórica (CIOAC-H) y Bases de Apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (BAEZLN) se habían enfrentado en La Realidad, municipio de Las Margaritas, en Chiapas; en todas las notas la fuente fue la misma: un funcionario del gobierno estatal que pidió quedar en el anonimato.

Dos días después, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, A.C. (CDHFrayba) declaró en un boletín de prensa, al que esos mismos medios ya no dieron cobertura, que lo ocurrido la noche del 2 de mayo no fue un enfrentamiento sino una agresión contra las BAEZLN por parte de integrantes de la CIOAC-H, y que el supuesto secuestro de dos de sus compañeros, lo que, según el anónimo funcionario estatal, provocó el “enfrentamiento”, no fue tal: los cioaquistas Alfredo Cruz y Roberto Alfaro estaban en una mesa de diálogo con la Junta de Buen Gobierno (JBG) zapatista del Caracol I, con sede en La Realidad, donde el mismo CDHFrayba hacía la mediación.

La agresión, de la cual participaron también militantes del Partido Verde Ecologista de México y del Partido Acción Nacional, tuvo tres objetivos: reventar los acuerdos a los que estaba llegando la JBG con Cruz y Alfaro; asesinar a José Luis Solís López, autoridad de la JBG y votán de la Escuelita Zapatista, y medir la respuesta de la sociedad como con los atentados paramilitares contra Samuel Ruiz y Raúl Vera en noviembre de 1997: la indignación fue tan limitada que el 22 de diciembre ocurrió la masacre en Acteal.

Urgen, pues, las voces y las acciones que impidan el golpe que se viene preparando contra las y los zapatistas, uno de los “asuntos por resolver” que el poder de arriba necesita palomear para finiquitar la venta del país, ya que no faltará quien desde su racismo diga que “lo sucedido es un capítulo más en la larga historia de conflictos que viven los indios de la región” cuando estamos frente a una guerra de baja intensidad que no ceja en su intento de vulnerar la autonomía de unos pueblos que en su rebeldía y resistencia dejan al descubierto la podredumbre de un modelo de producción económica criminal y de la clase política sinvergüenza que le sirve la mesa.

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